Vigo suma el doble de afiliados mayores de 55 que menores de 25 en dos años
El profesor Alberto Vaquero señala que “salen más que entran y esto implicará pagar más para captar trabajadores jóvenes"
La economía puede estar creando empleo y, al mismo tiempo, quedándose sin relevo. La pregunta del mercado laboral en este momento no es si crea empleo, que sí lo hace, sino ¿quién va a ocupar los puestos que deja la generación del baby boom?
Vigo gana empleo, pero el crecimiento de la afiliación se apoya en los trabajadores de mayor edad. La ciudad cerró julio de 2026 con una media de 117.178 personas afiliadas a la Seguridad Social, 4.630 más que dos años antes y un incremento del 4%, en una estructura donde los trabajadores de 55 años o más crecen con mucha más fuerza que los menores de 25.
Así, según los datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), en los dos últimos años, entre julio de 2024 y julio de 2026, Vigo pasó de tener 25.867 afiliados de 55 años o más a 28.646. Son 2.779 personas más, un 10,7%. Esta franja de edad explica aproximadamente seis de cada diez afiliados adicionales registrados en la ciudad en dos años.
Mientras, los menores de 25 años pasaron de 5.700 afiliados a 6.789, con un aumento de 1.089 personas, un 19,1%.
El porcentaje de crecimiento de los jóvenes es superior, pero la diferencia de partida es enorme. Por cada afiliado menor de 25 años hay más de cuatro afiliados de más de 55 años. En julio de 2026, los jóvenes representan alrededor del 5,8% de la afiliación viguesa, frente al 24,5% de los mayores de 55.
Además, el crecimiento de los mayores de 55 años durante el periodo analizado ha sido 2,5 veces superior en términos absolutos al de los menores de 25: 2.779 afiliados más de los mayores frente a 1.089 de los jóvenes.
Hay dos motivos: “Nuestro proceso continuado de envejecimiento demográfico y en segundo lugar, por nuestra baja tasa de natalidad”, aclara Alberto Vaquero, profesor e investigador en el Departamento de Economía Aplicada de UVigo.
Señala que “los que salen son muchos más que los que entran. Y esto va a implicar pagar más para captar a los trabajadores más jóvenes (al ser menos, estarán más demandados) y, como sabemos, los salarios en Galicia no son precisamente de los más elevados, por lo que habrá mucha más competencia para captar a quienes nos reemplacen en los próximos años”. A su juicio "la tormenta perfecta” en Galicia.
El IGE analiza también la tasa de sustitución de la población afiliada por provinciada, indicador para comparar la población que acaba de ingresar como cotizantes al sistema de la Seguridade Social con la que está próxima a abandonarlo y pasar a situación de pensionista. En Galicia, por cada 100 personas que están próximas a abandonar el mercado laboral hay 19 persoas que ingresan, en la provincia de Pontevedra son 20 y en la media de España son 33.
La conclusión es que el mercado laboral no se enfrenta únicamente a una cuestión de creación de empleo, sino también a la necesidad de sustituir a una generación numerosa que se aproxima a la jubilación. A lo que se añade que la oferta y la demanda no encajan, porque hay parados, pero también un catálogo de ocupaciones de difícil cobertura. En la provincia de Pontevedra son 27 ocupaciones, muchas de ellas del sector pesquero, pero también carpinteros de aluminio o electricistas.
El informe del SEPE “El ajuste de la oferta y la demanda de empleo” añade que en la provincia hay escasez de técnicos en metalurgia, conductores de camiones y especialistas de la administración pública.
Los convenios suben un 17% en cinco años, la vivienda un 30%
Fabián Valero, CEO de la firma de laboralistas de Vigo Zeres Abogados, pone el foco en otro asunto capital del mercado laboral y señala que “el retorno económico y vital del trabajador se ha desplomado” y ese fenómeno, “especialmente vinculado al sector industrial y al ascenso en los precios de la vivienda, ambos muy presentes en Vigo, no puede aislarse del absentismo laboral”.
“El absentismo por problemas de salud mental es especialmente intenso en el sector industrial o el pesquero y no puede separarse de la progresiva pérdida de retorno de los salarios”, explica, apuntando a Vigo. La ciudad se encuentra en una de las zonas de España con mayor absentismo laboral, según un reciente estudio del IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas).
A ello suma Valero que Vigo figura entre las ciudades en las que más se ha desacoplado la evolución salarial con el IPC y, muy en concreto, con los precios de la vivienda. Las cifras recogidas por el último Observatorio Zeres lo apuntan de manera diáfana: el precio medio de la vivienda ha crecido en la ciudad por encima del 30% en el último lustro, mientras que las nóminas de sus principales convenios solo han crecido levemente por encima del 17%, según cálculos propios.
Según el Instituto Galego de Estadística, la renta bruta disponible por habitante en Vigo está por encima de la media gallega, pero por debajo de Coruña, Santiago, Orurense o Pontevedra (los datos son de 2023, publicados en 2026).
En toda Galicia el encarecimiento inmobiliario avanza mucho más rápido que el salarial, en realidad es un fenómeno común en España, pero en la provincia de Pontevedra esa pérdida de poder adquisitivo es especialmente grave, y allí el esfuerzo para comprar una vivienda media exige hasta 8,5 años de sueldo bruto.
La provincia de Pontevedra sufre salarios declarados notablemente inferiores a la media española pero precios de vivienda al nivel de las grandes urbes. El peso de sectores con convenios más rígidos o precarizados (hostelería, servicios básicos, pequeña industria pesquera), unida a la presión del auge del turismo masivo afecta al poder adquisitivo.
En el absentismo laboral, Galicia está desde hace años entre las comunidades con peores datos y en concreto Pontevedra. “La elevada edad en la población o las listas de espera para intervenciones sanitarias, por ejemplo, pueden ser factores que incrementen el número de bajas o su duración pero, sobre todo si conjugamos el factor de la salud mental con el del retorno salarial, el hecho de que los salarios no garanticen una expectativa razonable de mejora sociolaboral es inseparable del síndrome del trabajador quemado. Y este último está detrás del absentismo laboral”, señala Valero.
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