Muere Severino Escurís Batalla, referente histórico de la industria conservera gallega

Obituario

El empresario, que cumplió 100 años el pasado verano, deja un legado clave en el desarrollo económico del Barbanza y en la internacionalización del sector del mar

El empresario Severino Escurís Batalla, en una imagen de archivo.
El empresario Severino Escurís Batalla, en una imagen de archivo. | Manuel Garcia

Galicia despide a Severino Escurís Batalla, uno de los grandes nombres del empresariado gallego del último siglo y figura esencial en el impulso de la industria conservera. El empresario, que el pasado verano celebró sus 100 años en su querida A Pobra do Caramiñal, recibió entonces el homenaje de sus vecinos con la emoción y la humildad que siempre le caracterizaron. Al día siguiente, como era habitual, acudía puntual a su despacho en Actemsa, fiel a una trayectoria marcada por el trabajo constante.

Hoy, ese despacho queda vacío, pero su legado permanece como uno de los más sólidos del tejido industrial gallego.

Un siglo ligado al mar y al progreso de Galicia

Nacido en Rianxo el 18 de julio de 1925, heredó el carácter emprendedor de su padre, Manuel Escurís, fundador de la industria maderera que más tarde daría paso a la conservera Escurís en A Pobra. Con solo 17 años, en 1942, se incorporó a la empresa familiar y pasó a formar parte de la generación de empresarios que impulsaron el desarrollo económico en la dura posguerra.

Participó en la creación de Conresa (1959), en la expansión de Escurís con nuevas fábricas en Escarabote y A Pobra, y en la fundación de Albacora, la primera gran flota atunera del mundo. A finales de los años 70 impulsó la internacionalización con proyectos en Holanda y la construcción de la planta de Baiuca.

Tras el fallecimiento de su padre en 1979, asumió la presidencia del Consejo de Administración y consolidó la expansión del grupo, situando a la familia Escurís entre los grandes nombres del sector conservero internacional. Posteriormente impulsó nuevas iniciativas como Cartogal (1986), la adquisición de Rianxeira de Mariscos (1991) y la creación de Tunaliment.

Lejos de retirarse, a los 69 años fundó Actemsa (1994) junto a su esposa María Villa y sus hijos, convirtiéndola en una operadora global de túnidos y pescado congelado, pionera en el polígono de A Tomada y hoy referente internacional. En 2006 amplió su presencia con la adquisición de la brasileña Leal Santos.

Reconocimientos y legado humano

A lo largo de su trayectoria recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (1994), la Medalla de Galicia (1991) concedida a la conservera Escurís, la Medalla de Anfaco a la trayectoria empresarial (2025) y el reciente homenaje del Concello da Pobra do Caramiñal.

Más allá de los premios, deja un legado vinculado a la creación de empleo y al compromiso social. Impulsó iniciativas filantrópicas, como su papel como fundador y vicepresidente de Euroespes, centrada en la investigación y tratamiento del Alzheimer.

Quienes lo conocieron destacan su cercanía, su carácter retranqueiro y su convicción de que su mayor éxito fue la familia formada junto a María Villa, a la que definía como “su empresa más difícil”.

Severino Escurís Batalla dedicó un siglo a Galicia, al mar de Arousa y al progreso de su tierra. Su nombre queda ya inscrito en la historia económica del país. Descanse en paz.

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