El cierre de la campaña del calamar en Malvinas hipoteca a la flota de Vigo

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El caladero no muestra signos de recuperación y condiciona al sector tras inversiones millonarias los últimos años

Barcos de la fota viguesa que faena en las Islas Malvinas.
Barcos de la fota viguesa que faena en las Islas Malvinas. | Atlántico

El Gobierno de las islas Malvinas (Falklands, según la denominación británica) ordenó este jueves el cierre definitivo y adelantado de la temporada de calamar para la flota de las sociedades mixtas con capital vigués. Se confirman así los peores presagios para los 16 arrastreros congeladores que faenan en estas aguas en busca del codiciado loligo, el calamar patagónico, después de que los niveles de biomasa no hayan respondido a las expectativas.

La preocupación trasciende al resultado de esta campaña y alcanza al futuro de la propia flota. En los últimos años, las compañías realizaron un importante esfuerzo para renovar buena parte de los arrastreros congeladores destinados a este caladero, con inversiones que rondaron los 100 millones de euros. La inversión se apoyaba en el acuerdo de licencias de 2022, que fijó 25 años de explotación, hasta 2047, condicionado al recurso. La escasez pone ahora en cuestión las expectativas de aquellas inversiones y la viabilidad de unos buques concebidos para trabajar décadas en este caladero.

La flota llevaba ya dos semanas parada como medida de precaución. El escaso volumen de biomasa hacía temer que mantener la actividad pudiera comprometer la reproducción de la especie. Durante ese periodo, el Departamento de Pesca de las islas realizó lances científicos para comprobar si el recurso podía recuperarse. El lunes de esta semana se autorizó la vuelta paulatina a la pesca, pero la evolución volvió a ser negativa y las capturas no permitieron sostener la campaña.

“Se confirma que el nivel de biomasa no acaba de recuperarse adecuadamente para los científicos”, explican fuentes del sector. La parada pretendía dar una segunda oportunidad al recurso y comprobar si el descanso y un cambio de las condiciones climatológicas favorecían su recuperación. “Parece que no ha surtido efecto”, resumen.

El cierre supone un nuevo jarro de agua fría para una flota que había afrontado esta campaña con mejores expectativas después de que la primera del año dejase unas 42.000 toneladas capturadas. La segunda campaña es especialmente relevante porque concentra ejemplares de mayor tamaño, pero finalmente quedó zanjada sin apenas capturas.

El Gobierno de las islas avanza que estudia medidas para 2027

A partir de ahora continuarán los trabajos científicos y, previsiblemente, los arrastres experimentales, aún por concretar en zonas y calendario.

Desde el Gobierno de Malvinas señalaron que la decisión se adoptó “con el objetivo de garantizar la sostenibilidad de la pesquería a largo plazo”. Además, añadieron que el Departamento de Pesca “ya está estudiando qué medidas podrían probarse o implementarse de cara a las temporadas de 2027 para mitigar los problemas que se han registrado en los últimos años durante la segunda temporada”.

Ahora cada empresa deberá decidir cómo afrontar la situación según sus posibilidades comerciales, el acceso a otros caladeros y los derechos de pesca. Algunas podrán buscar otras especies como es el caso de la merluza; otras no tendrán alternativas rentables. En cualquier caso, la consigna desde el sector es clara: “Tenemos que hacer caso a la ciencia, porque no hay un plan B”.

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