“Un jardín orgánico invita a recorrerlo”
Empresa viguesa especializada en paisajismo y mantenimiento de jardines
Los espacios exteriores cobran cada vez más importancia en el diseño de una casa. Manteido es una empresa viguesa especializada en paisajismo y mantenimiento de jardines. Su director, Alberto Freaza, explica aquí las claves del diseño y los cuidados para disfrutar de estos rincones en cualquier época del año.
En Galicia solemos pensar que el jardín es solo para el verano. ¿Cómo se diseña un espacio exterior para poder disfrutarlo también en pleno invierno o bajo la lluvia?
El secreto está en dejar de ver la lluvia como un enemigo e integrarla en la arquitectura del jardín. En un clima atlántico, el exterior debe contar con estructuras que nos protejan sin encerrarnos: pérgolas bioclimáticas, porches bien orientados que corten el viento dominante del sur o pabellones acristalados que funcionen como refugios cálidos. Además, es fundamental trabajar el suelo con pavimentos drenantes —como gravas estabilizadas o losas de granito gallego con juntas abiertas— que eviten el barro y permitan caminar por el jardín minutos después de un chaparrón. Si a esto le sumamos una iluminación cálida y el sonido del agua canalizada de forma estética, un día de lluvia en enero se convierte en un espectáculo para disfrutar desde el propio jardín.
Huyendo de las líneas rectas y los cierres rígidos, vuestra firma apuesta por el diseño orgánico. ¿Qué aporta esta filosofía a la vivienda y al paisaje gallego?
El paisaje gallego es sinuoso por naturaleza: está hecho de colinas suaves, meandros de ríos y rías. Cuando trazamos un jardín con líneas rectas y muros duros, estamos luchando contra el entorno. El diseño orgánico, en cambio, dialoga con esa topografía y hace que la arquitectura de la vivienda se funda con el terreno. Al utilizar senderos curvos y macizos vegetales con formas fluidas, conseguimos dos cosas: primero, facilitar una circulación mucho más natural y amable; y segundo, ampliar visualmente el espacio. Un jardín orgánico no se entrega de un solo vistazo, sino que invita a recorrerlo y a descubrir pequeños rincones ocultos tras cada curva, como si siempre hubiera estado ahí.
¿Cuál es el secreto para mantener un jardín con flores los 365 días del año sin que exija un mantenimiento esclavo?
La clave es la selección botánica inteligente y trabajar a favor de nuestra climatología y nuestro suelo ácido, nunca en contra. En Galicia tenemos el privilegio de contar con una humedad y unas temperaturas que nos permiten tener vida todo el año si escalonamos bien las especies. En invierno, cuando todo parece dormido, nuestras reinas son las camelias, los brezos (Erica), los acebos y las mimosas. En primavera estallan las azaleas, rododendros y magnolios; en verano toman el relevo las hortensias, agapantos y gramíneas combinadas con verbenas; y en otoño buscamos el espectáculo de las anémonas japonesas junto al cambio de hoja de los liquidámbares o arces. Al usar especies autóctonas y bien adaptadas a cada microclima —ya sea la brisa salina de la costa o las heladas del interior—, las plantas prosperan casi solas con el agua de lluvia, reduciendo drásticamente el mantenimiento.
Muchas veces planificamos al detalle la vivienda y dejamos el jardín para el final. ¿Cuáles son las claves para organizar y estructurar bien nuestro espacio exterior desde el principio?
En Galicia la tierra es tan fértil que, si no tienes un plan, la naturaleza toma el mando en cuestión de meses. El error es pensar que hacer un jardín consiste en comprar plantas; en realidad, empieza por ordenar el espacio al mismo tiempo que se diseña la casa. La primera clave es crear un “esqueleto” sólido: definir dónde vamos a estar, por dónde vamos a caminar y qué vistas queremos enmarcar o tapar. La segunda es estudiar las pendientes y el drenaje antes de mover una sola piedra. Y la tercera es plantar por estratos —árboles que den escala, arbustos que den volumen y tapizantes que cubran el suelo para evitar que salgan malas hierbas—. Cuando tienes una estructura orgánica bien trazada desde el minuto uno, el crecimiento de las plantas acompaña al diseño en lugar de desbordarlo.
¿Cuál es el error más común que comete la gente al intentar hacer su propio jardín?
El fallo más habitual es la improvisación: ir al vivero en primavera, enamorarse de plantas por su flor en ese momento y colocarlas por el terreno como si fueran muebles, sin pensar en cuánto medirán dentro de cinco años, qué orientación necesitan o cómo se verá ese rincón en noviembre. Eso suele terminar en árboles pegados a las fachadas, céspedes encharcados que dan muchísimo trabajo y una sensación de caos visual. Cuando interviene nuestro estudio, transformamos ese proceso en una inversión segura. Nos encargamos de leer el terreno, domar los desniveles, elegir los materiales que mejor envejecen con la humedad gallega y crear un ecosistema equilibrado que funciona casi por sí solo.
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