El árbol Frankenstein, entre obra de arte y prodigio de agricultura

JUAN PEREIRA FERNÁNDEZ.
Publicado: 11 ene 2022 - 00:10 Actualizado: 11 ene 2022 - 00:11
El profesor de arte Sam Van Aken.
El profesor de arte Sam Van Aken.

El profesor de arte, Sam Van Aken, de la universidad de Siracusa, ha creado un árbol capaz de producir cuarenta especies diferentes de fruta mediante técnicas de injerto.

El profesor contó con la ayuda de un calificado equipo de biólogos y agricultores, quienes aportaron sus conocimientos sobre el injerto de brotes de distintas plantas. Uno de los aspectos más llamativos del árbol es que, dependiendo de la época de crecimiento de cada variedad, el árbol cambia de color y de aroma.

Para poder hacer dicho proyecto, debieron elegir cuidadosamente las variedades seleccionadas, ya que no cualquier variedad se puede injertar y producir fruto. En este caso, todas las especies elegidas fueron frutas de hueso.

Hasta ahora, veinte ejemplares de Frankenstein han sido plantados en museos de arte, campos universitarios y terrenos privados de Estados Unidos. La primera etapa de preparación combina unos veinte tipos de fruta, a la que sigue una poda y el agregado de otras tantas variedades.

En una charla, el profesor Van Aken, hablaba de la cantidad de especies de frutas que existían en Estados Unidos antiguamente. Una cantidad que se ha visto amenazada con el paso del tiempo debido a la industrialización de la agricultura.

LA FLORACIÓN DE PRIMAVERA

El árbol produce diferentes variedades de melocotones, ciruelas, albaricoques y cerezas. Durante todo el año parece un árbol común, pero con la llegada de la primavera, la floración delata lo que realmente ocurre. Una variedad de tonos blancos y rosas rebosan en el árbol.

Para crear cada uno de los árboles se requiere de mucha paciencia, ya que cada injerto tarda un año en mostrar si ha sido bien realizado y entre dos y tres años, comprobar si produce fruto. Cada árbol tarda aproximadamente ocho en años en crearse.

Los frutos aparecen desde junio hasta septiembre, apareciendo primero las cerezas, seguidas de los albaricoques, luego las ciruelas, las nectarinas y los melocotones.

A pesar de ser un trabajo artístico, el profesor Van Aken afirma que cuando le solicitan crear un nuevo árbol en alguna otra zona, busca las variedades que se cultivaban originalmente en dicha zona. Esto crea una historia agrícola de la zona en la que sea cultivado.

Una de las ventajas del proyecto de este profesor, reside en que, debido a la especialización de los cultivos, son muy sensibles. Si aparece una plaga que afecte a la variedad que se cultiva comúnmente, podría perderse toda la cosecha y no tener una variedad diferente para mantener la producción. La mayoría de los frutales de hueso en Estados Unidos se cultivan a partir de injertos, ya que las semillas se forman a partir de dos individuos, pudiendo formar árboles con unas características genéticas diferentes, lo cual puede llevar a un individuo con una producción menor.

“Lo veo como una obra de arte, un proyecto de investigación y una forma de conservación. Es escultura a través de injertos”, señaló Van Aken, cuyo principal objetivo es conseguir ahora “el árbol de las cien frutas”. A medida que su proyecto avanzó y fue consciente de la colección de variedades que tenía y de los pocos ejemplares que quedaban de estas, se centró en que su obra sirviese para preservar dichas variedades y contase su historia y la importancia que tuvieron en el pasado.

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