Papa Noel veranea en Baiona

Vuelta a España

Wout Van Aert regaló una monstruosa exhibición para alzarse con la victoria en la llegada a Galicia de la Vuelta

Publicado: 28 ago 2024 - 09:04 Actualizado: 08 feb 2026 - 17:57
El gran ciclista Van Aert, ayer, cruzando la meta en Baiona en una etapa con miles de espectadores.
El gran ciclista Van Aert, ayer, cruzando la meta en Baiona en una etapa con miles de espectadores.

Hay quien piensa que el curro de Papá Noel mola. Una noche de atracón, 364 días de vacaciones. Bueno, quítenle un puñado de la preparación previa y de alguna hora extra eventual que tenga que hacer si a los reyes magos no les alcanza. Puede ser. Lo que no mucha gente sabe es que el hacedor de ilusiones es belga y no finlandés y que el resto del año está finísimo, afeitado y va en bicicleta en lugar de en carro con renos. Se llama Wout Van Aert y lleva por dentro la procesión. Deformación profesional. Por eso reparte regalos. Ayer brindó uno espectacular a todos los amantes del ciclismo. Una epopeya para cualquiera. Para el monstruo del Visma, un día de veraneo en Baiona.

Y en Ponteareas. Y en Mondariz. Y en Fontefría. Y en A Cañiza, As Neves, Salvaterra y Tui. Y en Vilachán, Mavía y Mougás. Cayeron regalos por todas las chimeneas. Porque Van Aert gobernó la primera etapa gallega de la Vuelta a España de principio a fin. Seleccionó la carrera en la primera cota y formó la fuga del día con Marc Soler y William Lecerf. El trío se transformó en quinteto en A Paradanta con Quentin Pacher y Juri Hollmann. Las rentas eran mínimas, en torno a los quince segundos. Por eso, al contrario que hace el 24 de diciembre, fue Santa Claus el que tiró de los renos y no al revés. El fenómeno belga entró al relevo el doble de veces y el doble de tiempo para solidificar la aventura. Sin miedo a que el esfuerzo le pasase factura porque quien nada debe, nada teme y porque semejante superclase tiene fuerzas para dar y regalar.

Así, la renta se fue hasta los seis minutos. Una vez garantizó que la victoria estaba en la fuga, Van Aert atacó y solo Pacher pudo aguantar su rueda. Juntos se fueron Mougás arriba y abajo. Hubo entendimiento entre ambos y las distancias se fueron al minuto y medio con Soler y Lecerf, que peleaban sin éxito por detrás. Menos exitosos y más atrás aún llegaban los corredores de la general, que, al contrario que el Papá Noel belga, regalaron carbón. Roglic puso a trabajar a su equipo y amagó con moverse. Nada más. Y Enric tampoco. Ben O'Connor pasó un apacible día de turismo por el sur de Pontevedra y mantiene el rojo.

Solo quedaba la confirmación de lo inevitable. Tras dejar atrás Cabo Silleiro, Van Aert convirtió la entrada a Baiona en una cabalgata con un único rey mago, acompañado de un paje. En recta de meta, Pacher amagó con arrancar. Pero cuando el belga desató la tempestad de sus piernas, solo le quedó sentarse, bajar la cabeza y ver la espalda de Papá Noel, disfrutando del verano en Baiona.

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