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Un Mundial mueve deportistas y aficionados. Y, a su alrededor, todo un universo de trabajadores de diferentes ramos. Entre ellos, los periodistas. Una de ellas, viguesa. María Rodríguez Abalde lleva años trabajando fuera de España y la actual es la segunda fase final de una Copa del Mundo que cubre para diversos medios. Desde esa experiencia, valora positivamente las comodidades que ofrece un torneo concentrado geográficamente y con más normalidad de la que se estima en una Europa lejana y no viajada.
“Mi experiencia está siendo buena. Me han abierto muchas puertas que, a priori, estaban cerradas", relata María. Sin dramatismos, señala que el gobierno de Qatar puso “un código de vestimenta”, una circunstancia que la periodista no ve con malos ojos: “Me parece bien. Es su país y tiene sus normas. Si no te gusta, no vengas pero no intentes imponer lo tuyo en casa ajena”. Además, comprueba que dichas normas no son en absoluto férreas ni existe una vigilancia excesiva. “Es un filtro que luego se va abriendo. He visto mujeres en shorts y tops. Nadie te dirá nada. Simplemente, intenta no llamar la atención en demasía”, describe.
Salvados en el día a día los posibles prejuicios, la periodista viguesa describe el ambiente que rodea al torneo. Por lo de pronto, comparando con el anterior Mundial, el movimiento de los aficionados se concentra. “En Doha tienes todas las aficiones todo el tiempo. Es un panorama colorido y variopinto de fiesta constante”, señala María. Quien también descubre una máxima que se repite respecto a Rusia 2018: “La gente latinoamericana es la que pone el buen rollo y la que hace mucho por unir culturas”. Y remarca un aspecto linguístico clave para que el “buen rollismo” cale entre todos los actores de un evento de esta magnitud: “Todo el mundo en el país habla inglés y en Rusia no es así".
Una semana después del arranque mundialista, María nota cómo el seguimiento ‘in situ’ de los aficionados va en aumento cada día que pasa. “Después de los dos primeros partidos de las selecciones favoritas se nota que aumenta el interés”, desvela. A este respecto, apunta a un dato más que descriptivo: “En el media ticket center, los primeros días podías conseguir entradas desde 10 euros. A día de hoy, están volando”.
Se ha hablado también mucho por estos lares del tipo de aficionado en este Mundial, con algunas chocantes imágenes de seguidores de origen asiático defendiendo los colores de selecciones de otros continentes. Desde Qatar, María vuelve a darle normalidad. “Es cierto que hay muchísimos aficionados que son emigrantes residentes. Desconozco si están pagados pero quién no tiene una equipación de un equipo en la mayoría de los países del mundo. No veo nada anormal en eso", señala.
En este sentido tiene claro que, por el momento, hay menos afición de otros países porque “un Mundial en invierno no es tan fácil. Ni algunos precios”. Y aclara que “aquí hay mucha afición al fútbol. Si pueden, van”. En esta primera fase, apunta que las aficiones foráneas mayoritarias son la mexicana, la argentina, la brasileña y los saudís. “Las europeas son anecdóticas. De España han venido muy pocos y el resto son españoles que viven aquí”.
María Rodríguez Abalde seguirá en Qatar hasta el final del Mundial. Periodista que tanto ha tratado temas políticos como económicos o deportivos, apunta la utilidad de acoger grandes eventos como el presente para los países: “Por un lado, para mejorar su infraestructura. Por otro, para unir culturas, sobre todo en los países que han estado más cerrados. En Rusia, donde viví 13 años, hubo un antes y un después del Mundial. El local ya no ve al foráneo como un extraterrestre”.
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