Entre la ilusión y pedir más de la cuenta
Caetano Horta y Manel Balastegui comenzaron la pasada madrugada sus primeros Juegos Olímpicos y, probablemente, los últimos. Todo ello, a pesar de que el noiés Horta dispone de 18 años y su compañero suma 21. Son jóvenes y cargados de ilusión y, probablemente, tendrían todo el futuro por delante. Su presencia en Tokio debería de ser el comienzo de un largo camino, pero la decisión de eliminar el peso ligero del programa de remo en París 2024 convierte la cita actual en un elemento extraordinario. Serán los últimos en esta categoría del doble scull para los remeros pequeños. Una división casi anacrónica, que aguantó hasta 2020. Se apuesta por su desaparición, cuando a lo mejor debería pensarse en una actualización de medidas.
En todo caso, Horta y Balastegui no dejan de ser dos jóvenes llegados casi de rebote a la cita. Tuvieron una primera serie no definitiva porque, aunque quedan de últimos, esta madrugada (3:00) disputan la repesca para entrar en las semifinales. En todo caso, existe la opción real que de Horta y su compañero no pasen. No sería de extrañar y tampoco un drama porque es una embarcación formada a última hora tras la renuncia del moañés Rodrigo Conde. En su caso, metió el barco en Tokio, pero acusó el paso de los años y la pandemia. Competir en peso ligero conlleva, en gran medida, ser joven y delgado. La fortaleza del morracense lo llevó a ganar una masa muscular que le impedía entrar en la división. Estar seis kilos por encima y con un porcentaje de grasa inferior al 10% fue el detonante. Entró Horta en el barco tras ganárselo en el mar y, probablemente, un par de años antes de los recomendable. El de Noia tiene una futuro espectacular, es un talento puro, pero estar en Tokio llega rápido y, quizás, sin esa base de trabajo necesaria para rendir al máximo.
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