España es campeona del mundo porque es la mejor

fútbol | Mundial 2026

Sólo la espera por el gol, que llegó en la prórroga por medio de Ferran, puso en cuestión un triunfo en todos los aspectos del juego ante una Argentina muy superada

Publicado: 20 jul 2026 - 00:30 Actualizado: 20 jul 2026 - 09:34
Los jugadores de la selección festejan en Nueva York el título mundial con el capitán y MVP de la cita, Rodri Hernández, portando el trofeo.
Los jugadores de la selección festejan en Nueva York el título mundial con el capitán y MVP de la cita, Rodri Hernández, portando el trofeo. | EP

España es la mejor selección del mundo. Por su fútbol. Y también porque ganó el Mundial. Siendo enormemente superior a Argentina en la final en todo menos en el gol. Que tardó en llegar hasta la prórroga. Fue el último de una infinita lista de razones, que se resumen en el único tiro a puerta de la albiceleste.

El pitido del árbitro asusta al juego. Lo comprime en episodios más o menos largos, en un fútbol por fascículos que convierte la competitividad en ese arte de saber cuándo más que cómo. De pretender que nada pase con continuidad. En ese reino de la corriente alterna vive la Argentina de un Leo Messi especialista en elegir momentos. De la continua disfruta la España de Rodrigo Hernández. Cada uno, su razón.

Porque cuento el balón rueda, la selección española no tiene rival. Sus movimientos tácticos, tras mes y medio de entrenamientos y una cuantas convocatorias previas, se ejecutan con esa naturalidad que convierte en innato lo que es fruto del trabajo. Pero que sólo alcanzan todo su sentido cuando las jugadas acaban amenazando la portería rival, porque de esto va el juego. No sorprendió que España marcase el ritmo de la final. Con todo, le costó generar peligro. O, mejor dicho, le sorprendió conseguirlo demasiado pronto, cuando Lamine no supo aprovechar una buena pared con Dani Olmo. Lástima de golpeo mordido, porque las oportunidades no iban a proliferar.

Entre otras causas, el gusto de Argentina por el sonido del silbato. Ese reseteo del juego que se hizo oír. Sin excesiva dureza, con excesivo tacticismo. Esas pausas llevaron a igualar la contienda medidada la primera parte, aunque la albiceleste inquietó más en la presión que en el ataque real. El toque español tenía que adaptarse a la rugosidad del césped, lo que conllevó un par de casi sustos. El otro arma de los de Messi eran los balones largos a la espalda de la adelantada defensa de los de Rodri y Unai Simón repitió su aplaudida labor de libre, adelantando metros.

Ninguno de los dos equipos estaba incómodo. La comodidad en una final es una quimera. El marcador era un espectador nada intrusivo. Porque no ir perdiendo se antoja lo fundamental cuando tanto está en juego. Y los clímax, como todos los clímax, hay que esperarlos. Aunque de por medio la ley del espectáculo ponga paréntesis musicales de casi media hora. En cuanto al fútbol, todo estaba igual que cuando el partido empezó. Salvo por la lesión del central argentino Lisandro Martínez, precisamente el único que había logrado que el árbitro, Slavko Vincic, tirase de las cartulinas amarillas. La segunda parte determinaría si el fútbol a pedazos suma tanto, menos o más que el fútbol completo.

De inicio, el juego psicológico. Aparentar toda la tranquilidad posible y retardar la salida al campo, si es preciso. Dar la oportunidad a los malos pensamientos de entrar en las cabezas del rival.

Mientras España seguía en sus trece, añadiendo un punto más en la presión alta y la opción de los disparos desde el borde del área, los entrenadores mascullaban sus cambios. Especialmente un Lionel Scaloni que veía que el control amagado por la selección de su profesor De la Fuente aumentaba enteros. Porque el balón se la hacía extraño a una albiceleste que, como en la mayoría de los encuentros previos de este Mundial, empezó a acumular sensaciones negativas, esas que transforma en peligrosa rabia. Porque Paredes, nada más entrar en el campo, vio una amarilla. Y Cuti Romero se convirtió en el segundo central rival lesionado. Eran minutos de ocasiones españolas, pero Baena, Olmo y Ferran, que salió junto a Pedri en el primer reemplazo, no acertaron. El partido transcurría sin que las grandes estrellas, Messi y Lamine, tuviesen incidencia. El primero, sin entrar en juego -lo que no significa casi nada-; el segundo, insistente pero desacertado.

Agotó los cambios enseguida Scaloni. Porque todo pintaba bien para España y mal para Argentina. La victoria española se llenaba de argumentos a favor salvo el principal, el gol. La prórroga o el milagro parecía el plan argentino. La insistencia, el de una selección española netamente superior. Incluso, en lo físico. Más cuando Enzo Fernández se fue expulsado justo antes de la prórroga.

El discurso no varió nada en el tiempo añadido. Se exacerbó, si cabe: España queriendo tener continuidad -y fallando ocasiones- y Argentina queriendo cortar el juego. Y apostando todo a la épica, que tanto le ha dado. Hasta ayer. Hasta que un centro más sobre el área lo prolongó Nico atrás de cabeza y Ferran remachó en el 105. Otro gol para la historia.

España-Argentina (1-0)

España:

Unai Simón; Pedro Porro, Cubarsí, Laporte (Eric Garcia, m.99), Cucurella; Rodri (Zubimendi, min.99), Fabián (Pedri, min.62), Dani Olmo (Mikel Merino, min.75); Álex Baena (Nico Williams, min.75), Lamine Yamal y Oyarzabal (Ferran Torres, min.62).

Argentina:

‘Dibu’ Martínez; Montiel (Molina, min.58), Cristian Romero (Facundo Medina, min.70), Lisandro Martínez (Otamendi, min.44), Tagliafico; De Paul (Simeone, min.70), Enzo Fernández, Nico González (Leandro Paredes, min.46); Mac Allister; Messi y Julián Alvarez (Senesi, min.102).

Gol:

1-0, min.106: Ferran Torres.

Árbitro:

Slavko Vinčić (Eslovenia). Expulsó al argentino Enzo Fernández por doble amarilla. Amonestó a los albicelestes Lisandro Martínez, Leandro Paredes, Cristian Romero, Mac Allister y Scaloni.

Incidencias:

Final del Mundial 2026. Estadio de Nueva York/Nueva Jersey. 80.663 espectadores.

Contenido patrocinado

stats