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Cada ciclo olímpico multiplica el tiempo de supervivencia de la canguesa Teresa Portela en la élite del piragüismo. En Tokio contará seis Juegos ininterrumpidos desde Sídney 2000, más que ninguna otra deportista española, ya que la atleta María Vasco, la tenista Arantxa Sánchez Vicario, la nadadora María Peláez y la tiradora María Pilar Fernández se quedaron en cinco.
Teri buscará su primera medalla olímpica en la prueba de K1 200 en la capital japonesa. "Yo entreno para estar entre las mejores, para dar lo mejor de mí e intentar, si puede ser, conseguir la medalla; yo entreno conmigo misma para ver hasta dónde puedo llegar", explica en una entrevista concedida a Efe durante la navidad santiaguesa, a punto de reunirse con los niños y las niñas inscritos en el campus de la futbolista Vero Boquete.
Anteponiendo el esfuerzo a los éxitos, Teresa Portela considera que su palmarés refleja, sobre todo, su capacidad para "estar año a año luchando por estar entre las mejores". "La constancia no es una medalla, pero la valoro más si cabe", subraya.
Su poderoso tronco superior, esculpido al milímetro, deja entrever las horas de entrenamiento y de fatigas. "La recompensa final vale la pena", cierra enseguida, dispuesta a dar continuidad en 2021 a un 2019 pre-pandemia que fue "increíble", dada la consecución de una plata en la Copa del Mundo y de un bronce en el Mundial.
"Una medalla en un campeonato del mundo es algo increíble; y que me diera el pase a mis sextos Juegos hace esa medalla especial, por darle de alguna manera continuidad a mi carrera deportiva", afirma.
Daniel Brage es quien supervisa y pauta su entrenamiento, que normalmente reparte entre Pontevedra y O Grove. Ahí vive junto a su marido, el también olímpico David Mascato, ya retirado.
"Es evidente que me gusta entrenar y estar durante tanto tiempo sometida a sacrificios, sabiendo que muchas veces hay trabajo y después no llega la recompensa o el resultado que esperaba. He tenido momentos muy buenos y otros que no han salido como esperaba. ¡Me tiene que gustar mucho el piragüismo para hacer borrón y cuenta nueva y luchar otra vez por otro objetivo! Pienso que en un trabajo es necesario que hagas lo que te gusta para poder rendir, dar lo mejor y mantenerte en el tiempo", reflexiona Portela.
Con 39 años y sin fecha para la retirada -"es algo que me asustó más de lo que me asusta", asegura-, la canguesa piensa exclusivamente en Tokio.
Perenne en la élite durante 20 años, Teri despuntaba en las regatas antes del nacimiento en marzo de 2014 de su única hija, Naira. Reapareció victoriosa después de dar a luz, si bien reconoce que el proceso entrañó cierta complejidad. Regresó a la competición con cierto reparo, si bien las dudas se diluyeron de un plumazo al verse de nuevo en el podio de un Mundial. No en vano, guarda el bronce conseguido en 2015, en Milán, como uno de los momentos más especiales de su carrera. Igualmente celebra haber renovado esa presea en el verano de 2019, en Szeged (Hungría), golpeando de paso por sexta vez la puerta de los Juegos Olímpicos. "Es muy difícil estar en el podio de un Mundial, hay muchísimas chicas que son muy buenas. Conseguir la clasificación olímpica para España era también difícil. Significaba estar entre las cinco primeras y en una distancia como la mía, 200 metros, sabía que no había margen de error. No podía haber ningún tipo de problema ni de percance. Con la plaza para los Juegos no pensaba que podía hacer historia. Solo pensaba estar entre las cinco primeras", cuenta sobre su gesta.
Teresa Portela debió cumplir, como añadido, en el primer cuatrimestre de 2021 con el trámite del selectivo. Le obligó a buscar un primer pico de forma en abril, por lo que debió volver a construirlo para los días decisivos de este verano en Tokio. "Poder estar en los sextos Juegos es mi sueño. Quiero dar lo mejor de mí y luchar por ver hasta dónde puedo llegar. Quiero tener la satisfacción personal, sea el puesto que sea, de saber que me he vaciado hasta el final y que ese puesto sea el que yo valga", dice.
Por su puesto, le llenaría ganar la medalla que le falta para redondear un palmarés excelso. "Pero no me obsesiona", puntualiza.
Sí mantiene "la ilusión de luchar" por ese sueño, que pasa por su esfuerzo día a día. Es el peaje del éxito. "Hay otros momentos en los que trabajas lo mismo, igual o más, y no salen los resultados. Es la vida así", agrega. "Yo entiendo que el piragüismo no es un deporte de lo más mediático y tampoco espero un reconocimiento; simplemente, espero la satisfacción personal de marcarme un objetivo, perseguirlo y, si lo consigo, tener el bienestar mío personal". Es su deseo para estos Juegos y de su actuación estará pendiente el piragüismo español.
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