El círculo perfecto: un bautizo para una nueva estrella
LAMINE YAMAL VS LEO MESSI
Lo que comenzó en 2007 con aquella fotografía icónica entre ambos encontró, casi dos décadas después, el desenlace perfecto entre Leo Messi y Lamine Yamal
En diecinueve años pueden pasar muchas cosas. Hay trilogías cinematográficas o sagas multimillonarias que se cierran en menos tiempo. Pero pocas historias ofrecen un círculo tan perfecto como el que dibuja el fútbol. Lo que comenzó en 2007 con aquella fotografía encontró, casi dos décadas después, el desenlace perfecto. El niño de entonces y la estrella de aquel momento se encontraron frente a frente en una final del Mundial, con el protagonismo en juego. El prólogo fue una fotografía. El desenlace, una final de la Copa del Mundo.
Todos los focos apuntaban hacia ellos antes del pitido inicial y, una vez comenzó el partido, no iba a ser diferente. Cada ataque de verdadero peligro pasó por sus botas, aunque ambos estuvieron sometidos a una férrea vigilancia. Messi apenas encontró espacios en la primera mitad. Muy aislado, actuó en ocasiones como referencia más adelantada y pasó demasiados minutos persiguiendo sombras. Lamine, por su parte, tuvo en sus pies el 0-1 nada más empezar, pero la zaga albiceleste reaccionó a tiempo. La estrella española participó más que la argentina, aunque tampoco logró desequilibrar con la frecuencia habitual. Eso sí, ambos compartieron una misma realidad: cada vez que conseguían girarse recibían una falta o se veían obligados a jugar hacia atrás. Y cuando lograban liberarse, sembraban el pánico en la defensa rival.
No obstante, en el segundo acto de este capítulo final, el duelo entre ambos reflejó a la perfección el devenir del partido y de sus respectivas selecciones. Messi pasó prácticamente desapercibido durante toda la segunda mitad. Apenas entró en contacto con el balón, condicionado por una Argentina sin posesión y sometida al dominio de España. Lamine, pese a estar lejos de su mejor versión, intervino en la mayoría de las acciones españolas de peligro. Sin embargo, su habitual regate en la frontal nunca terminó de encontrar el premio.
Con la prórroga cada vez más cerca y Argentina con un jugador menos, ni Messi ni Lamine lograron imponer su talento en un partido que había derivado en una auténtica batalla. Pero el gol de Ferran Torres no solo hizo volar el partido por los aires, sino que obligó a Messi a echarse a su selección a la espalda. Con Lamine ocupado en tareas defensivas para proteger el bordado de la nueva estrella, el argentino cerró su legado siendo, una vez más, el único argumento racional para todo un país.
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