Castrelos vivió otro gran conciertazo
El auditorio ya censa al casi vigués Merino en la ciudad en otra noche de pantallas con eco
Aunque el pulso de las pantallas gigantes no se llegó a celebrar por decisiones en los despachos, todo el área de Vigo se pobló ayer de multitud de pantallas más pequeñas, más humildes pero igual de sufrientes, primero, y de celebrantes, después. Aunque las distintas velocidades de la imagen impidieron berridos unánimes de gozo, al menos los prolongaron como un eco festivo, que en la ciudad tuvo como punto central de emisión un parque de Castrelos que este verano ve aumentar su programación. Y, tras la victoria de anoche, ya se sabe que habrá dos conciertos más de la selección.
La segunda noche mundialista del pulmón verde vigués aprendió de la primera. Con más asientos en la zona central y la pantalla más grande y más cerca. Y parecía que iba a ser una plácida noche de verano cuando Fabián Ruiz marcó el primer gol pero la niebla que refrescaba la noche caló en los huesos en el momento del empate belga, que además apagó el fulgor de la selección. No tanto el de la afición, que creía incluso cuando sufría.
Más de uno, de dos, de tres y de varios millones pensaron en otro gol salvador cuando Mikel Merino salió al campo. Castrelos lo quiso predecir. Y lo predijo. Otro conciertazo de quien fue vigués apenas nació. Un pecado original del convencido pamplonés al que la afición censa en Vigo.
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