El relevo de la historia
Tenis
Carlos Alcaraz ganó el Open de Australia para convertirse en el hombre más joven en completar el Grand Slam de carrera ante un Novak Djokovic inasequible al paso del tiempo
Un mensaje en cada golpe. Una declaración de intenciones en cada respuesta. Un intercambio silencioso en cada peloteo. Una batalla entre el que escribió la historia más irrepetible de la historia del tenis y aquel que aspira a que no se repita porque pretende superarla. Una lucha biológica con 16 años de diferencia en la que el padre Cronos, esta vez sí, dio la razón a la lógica. Carlos Alcaraz derrotó este domingo a Novak Djokovic en la final del Open de Australia para recoger el testigo de gloriosa grandeza que el serbio se resiste a entregar. Y si el murciano lo logró es porque es un fuera de serie y porque logró mantenerse centrado después de un primer set perfecto del balcánico. Luego, sus 22 años prevalecieron sobre los 38 de su rival (2-6, 6-2, 6-3 y 7-5) para convertirse en el hombre más joven en completar el Grand Slam de carrera con su primer título en Melbourne, el séptimo major de su todavía incipiente trayectoria, y en el primer jugador que derrota al rey de Australia en una final en su pista fetiche.
Así de inexorable es el correr de los años. Pero así de gigantescos son, también, el inaudito talento de Alcaraz para jugar al tenis y la voluntad inquebrantable de Djokovic de seguir luchando contra las dos fuerzas dominantes de la actualidad. Solo así se explica la emotiva victoria ante Sinner en semifinales y el prodigioso primer set de la final de este domingo. El diez veces campeón en Melbourne sabía que sus opciones pasaban por apabullar desde el principio, mientras tenía gasolina en el tanque. Así lo hizo. Rompió el saque del murciano a las primeras de cambio y voló sobre la pista. Como si fuera 2011, 2015, 2021 o incluso 2023, año en el que se empezó a fraguar este baile continuo entre los dos por no entregar y sí querer recoger el testigo de la historia. El de este domingo fue el décimo, con un explicativo 5-5.
A partir de ahí, el lobo se lanzó sobre su presa. Mordió y no soltó. Así durante todo el set. El murciano estaba zarandeado, sin respuestas ante la exhibición de ese señor al otro lado de la red, que a cuatro meses de cumplir 39 años y con todos los récords importantes de la historia de este deporte en el bolsillo, seguía luchando como un juvenil. Pero hasta para un tipo capaz de desafiar al tiempo -y a veces ganarle-, hay límites. Sobre todo, si se enfrenta a un fenómeno generacional que, además, ha conseguido reducir al mínimo la inestabilidad que marcó sus inicios. Alcaraz aceptó con naturalidad la derrota en el primer set y se recompuso en el segundo. Desde su box se lo decían y él ya lo sabía. Solo necesitaba jugar a su nivel, meter bolas y desgastar a su veterano adversario.
Fue entonces cuando apareció el inevitable problema de Djokovic contra los dos mejores de la actualidad en los Grand Slams. El año pasado llegó a todas las semifinales bajo mínimos y lo pagó. Esta vez, los retiros de Jakub Mensik y Lorenzo Musetti le beneficiaron para llegar con energía a la penúltima instancia, donde dejó esa actuación memorable contra Jannik Sinner. Pero eso tuvo un precio y él lo pagó en el segundo y el tercer set. El murciano siguió presionando, llegando a todas las bolas, desesperando al de Belgrado, como él tantas veces hizo durante 15 años. La pelota siempre volvía y las piernas respondían menos cada vez.
De esta forma, la final alcanzó su momento cumbre en el cuarto parcial. Djokovic salvó hasta seis bolas de break en el segundo juego. Su nivel había vuelto a subir y, ya en una situación límite, se lo dejó todo sobre la pista que lo encumbró diez veces. Alcaraz, pletórico, mantenía la calma al tiempo que brindaba una exhibición defensiva espectacular. Con 5-5, Novak tuvo su anhelada bola de break. Pero en su intento por presionar, la derecha se fue larga. La alternativa cambió de bando con 6-5 y la biología impuso su ley. Mal apoyo, bola larga y la máxima felicidad para el jugador murciano, que si se retirase mañana ya estaría entre los mejores de todos los tiempos. No es suficiente para él. Su meta es superarlos a todos. Y en ello está. En el abrazo y las bonitas palabras entre ambos está una gran admiración mutua. En la mente de Carlos, tirar un poco más para quedarse ese testigo. En la de Novak, seguir llevándole la contraria al padre Cronos. Seguir negándose a entregar el relevo de la historia.
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