Fútbol Internacional
El vigués detrás de la formación de talentos del fútbol rumano
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Eduardo Covelo Mateo (Vigo, 1977) es un hombre de fútbol. Pocas dudas hay de ello. Solo alguien de su vena futbolera podría hacerse las maletas y poner rumbo a la localidad rumana de Craiova para dedicarse a investigar sobre su especialidad fuera del césped, el fútbol formativo.
Hasta llegar al Universitatea Craiova en agosto de 2025, el camino de Covelo pasó por otras ramas del fútbol y un sinfín de destinos. Previo a su formación en el desarrollo de talentos, el vigués fue preparador físico por España y el extranjero; Cacereño, Palencia, Linares, Granada, Aris de Salónica, Pontevedra y Celta fueron los escudos para los que trabajó en esa parcela. Es en A Madroa, tierra de apostar por el producto local, donde el ascenso del filial a Segunda B en 2013 le abre las puertas al trabajo y análisis de la cantera celeste. Sin pensarlo mucho, accedió a cambiar los conos y los petos por el despacho y la explotación de diamantes en bruto.
Bajo la niebla de A Madroa y entre miles de niños que correteaban por un sueño, fue director de metodología de la cantera del Celta durante más de doce años, de los que su mejor recuerdo es poder ver, hoy en día, en el fútbol profesional a muchos de esos pequeños. “Me quedaría con la satisfacción de haber contribuido, junto a muchas otras personas, a que esos niños que tenían el sueño y la ilusión de llegar al fútbol profesional hayan podido conseguirlo. Sabemos que es muy difícil alcanzar ese nivel y que los porcentajes son muy bajos. Cuando ves a esos futbolistas competir y rendir, sientes orgullo. Un ejemplo es Javi Rodríguez, que buena parte de su trayectoria en la cantera no había sido un jugador importante ni había contado demasiado. Ver cómo jugadores como él llegan a rendir a ese nivel es una gran satisfacción”, relata de su paso por la estructura céltica.
En octubre de 2024, Eduardo Covelo y el Celta separan sus caminos y el vigués se ve en la encrucijada de buscar trabajo al borde de los cincuenta años. La situación, como la de cualquier persona en su lugar, fue muy complicada. La buena estima de A Madroa en el exterior y los contactos del mundo del fútbol que hizo como celeste le hicieron sonar el móvil en más de una ocasión. Una de esas llamadas llegaba desde Rumanía, aunque él mismo reconoce que “inicialmente no era la más atractiva”.
El motivo de cruzar Europa hasta Craiova, a 2600 kilómetros de Vigo, fue por un flechazo profesional. “Me pidieron que viajase tres o cuatro días para conocer el proyecto de primera mano, sin ningún compromiso, y acabaron enamorándome. Me convencieron por su seriedad, por la claridad de sus ideas y por la importancia que daban a los procesos. También hicieron un esfuerzo para ofrecerme buenas condiciones en todos los sentidos, para que estuviese a gusto, no tuviese sensación de estar lejos de casa y pudiera regresar periódicamente”, narra el protagonista.
Covelo, que en las categorías inferiores celestes ejerció como responsable de metodología, llegaba a la Baza Sportiva Universitatea Craiova, ciudad deportiva del club rumano, para asumir las funciones de director técnico. Aunque ambos cargos están relacionados con el desarrollo de la cantera, el primero se centra en el trabajo de campo, la formación de los entrenadores y la evaluación de los procesos, mientras que el segundo abarca una visión global de la academia, desde su estructura y la captación de talento hasta la coordinación con el fútbol profesional y la definición de estrategias deportivas a medio y largo plazo.
Pasar de España a Rumanía es un cambio sociocultural muy grande y el fútbol no se escapa de ello. Dentro de las diferencias entre la práctica futbolística española y rumana, Eduardo Covelo considera que están en la técnica y en el conocimiento del deporte. “La diferencia se aprecia especialmente en la calidad técnica y en la comprensión del juego. Los futbolistas rumanos tienen buenas condiciones y son disciplinados, pero quizá sus entrenadores no tienen tanta formación para desarrollar el talento que poseen. En España y Portugal tenemos un nivel extraordinario y la formación de los entrenadores es brutal, de los mejores del mundo. Esto permite alcanzar un nivel muy alto allí, tanto en las categorías inferiores como en las selecciones absolutas, mientras que en Rumanía cuesta más”, confiesa.
Si el fútbol es tan diferente entre Vigo y Craiova, la formación de talento no se queda atrás. “En Rumanía es habitual un liderazgo más autocrático, de mando directo; herencia del comunismo. Los jugadores son como soldados y, a veces, no se les da la posibilidad de pensar. Nosotros estamos intentando cambiar muchas cosas y, en ocasiones, eso supone ir contra la propia cultura. Por eso existe cierta resistencia entre entrenadores y jugadores. El error, por ejemplo, no estaba tan permitido. Que ahora se entienda como parte del proceso de enseñanza supone un choque”, relata Covelo.
El director técnico es muy consciente del peso que tienen el trabajo con las categorías inferiores por parte de los distintos clubes del planeta. “Creo que tienen muchísima importancia. Económicamente es muy difícil mantener grandes presupuestos y competir con los equipos extranjeros. Una de las pocas maneras de intentar estar a esa altura es apostar por la cantera, tanto por los ingresos que pueden generar las ventas como por el dinero que ahorras al no tener que pagar traspasos. La academia ha pasado de ser algo que los clubes tenían porque debían tenerlo, esperando que de vez en cuando saliese un jugador, a convertirse en una parte importante de su proyecto”, considera. Las penurias económicas de los clubes, como pudo ser con la generación de Aspas, Túñez, Jonathan Vila y compañía con el Celta, desde su punto de vista, ya no son el motor de la promoción de canteranos. "La evolución ha sido pasar de tener cantera casi por obligación y tirar de ella cuando no quedaba más remedio a darse cuenta de que ahí puedes encontrar jugadores para varios años, además del ahorro que suponen. Creo que ahora ya no se utiliza única y exclusivamente en momentos de necesidad económica. Hoy existe una mayor sensibilidad en prácticamente todas las academias españolas hacia los jugadores de la casa y hacia la posibilidad de darles paso al fútbol profesional cuando están preparados", reconoce.
Como se afirma al comienzo de esta pieza, Eduardo Covelo es un hombre de fútbol y con su historia vital, la forma de entender el deporte y su implicación total con la redonda cobra mayor fuerza esa verdad.
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