Toda una vida sobre ruedas para los Ureña

HÓCKEY PATINES

Los hermanos Marta y Pablo militan en los equipos sénior del Traviesas, que, de forma paralela, compiten en categoría estatal con una estructura de Vigo

Los hermanos Marta y Pablo Ureña, una vida sobre ruedas | J.V. Landín

Una pareja de hermanos que va sobre ruedas. Eso sí, circulan con un stick en la mano y detrás de las bolas de hóckey patines. Son los hermanos Ureña, que tienen a la portera Marta (28 años) y al jugador Pablo (24) en los equipos sénior del Traviesas, que disfruta, de forma paralela, de los dos conjuntos en categoría estatal. Además, lo hacen con buenos resultados porque la escuadra de hombres marcha sexta tras seis partidos y la femenina octava después de cinco. Buenos números para las formaciones en las que “el objetivo es la salvación”, coinciden ambos. Si bien, tienen ambición y no dudan en que “si podemos aspirar a más, lo buscaremos”.

Al dúo ahora en activo se une el joven de los hermanos, Javi (20), que entrena, pero no está en competición por motivos académicos. Se podría pensar que la pasión por esta disciplina minoritaria viene de familia, pero “nuestros padres no tenían ni idea del hóckey, fue todo a partir de unas escuelas que hacían en el Mercantil cuando tenía dos años”, explica Pablo.

Tenía unos seis años cuando empecé y mi hermano daba vueltas con patines de Mickey Mouse” — Marta Ureña - Portera del Traviesas femenino

Así sucedió. La familia era socia del Mercantil y por sus instalaciones cayó un jugador del Vigo Stick, que vivía sus momentos de gloria, para hacer unos entrenamientos. “Hice patinaje artístico, pero no me gustó mucho”, explica Marta. Entonces, “hicieron un grupo en el Mercantil en el que hacían clases de niños. Mis padres me dijeron para probar y me apunté junto a Martín García, que ahora es mi entrenador”. Desde aquel momento hasta hoy. La mayor de la saga entrenaba con el equipo y Pablo, a sus dos años, “daba vueltas alrededor de ellos al pabellón”, explica. Y su hermana ratifica que “llevaba unos patines de Micky Mouse”.

A partir de ahí comenzó una trayectoria que nunca abandonaron hasta el presente de éxito. Tardaron un par de años en empezar a competir hasta que “en Ureca hicieron un torneo y allí nos vio la presidenta del Traviesas, nos habló del club y si nos queríamos federar”, relata Marta Ureña. Aceptaron y ambos deportistas encontraron su casa deportiva. “Llevo 21 años seguidos jugando y todos en el Traviesas”, afirma Pablo, mientras que su hermana mayor tuvo alguna interrupción, aunque “siempre se acaba volviendo a casa porque somos de aquí. Este es nuestro hogar”.

Tras los comienzos, como todo deportista, se procedió a la evolución y los avatares del deporte llevaron a Marta a situarse delante de la portería de hóckey. “Tenía unos once años, estábamos empezando a hacer el equipo y preguntaron si alguien quería ser portera. Todo el mundo permaneció callado, me fui poniendo nerviosa y me ofrecí, por probar”, admite la cancerbera. Ya se quedó en el lugar diferente de su deporte, aunque “de adolescente tuve mis dudas, pero mi madre intervino para que me quedara. Además, creo que es el que se me da mejor y disfruto en él”, señala. Por su parte, Pablo también tuvo su prueba en la portería. “Jugué el torneo amistoso y terminé como menos goleado. No se me dio mal”, expresa, pero pronto se aleja de esa posición: “Siempre fue de patinar, de correr. En todos los deportes que hice, era el típico que le gustaba ser explosivo. Estar de portero no va conmigo y creo que la cabeza no me lo permitiría”.

Los tres hermanos Ureña llegaron a jugar un partido juntos en la categoría júnior.
Los tres hermanos Ureña llegaron a jugar un partido juntos en la categoría júnior.

Llegados a este punto, es preciso preguntar por si, en algún momento, pudieron compartir equipo pese a la diferencia de años y de sexo. Y sí que se dio la ocasión. “En un partido de juveniles. Al ser portera, la normativa permite bajar de categoría y fui con los júnior. Pablo estaba en el equipo, en el último año”, relata Marta Ureña. Y, además, se completó el trío porque al joven de la saga, Javi, “lo subieron desde las categorías inferiores", rememora Marta Ureña.

Aquello resultó emotivo, pero las bromas surgen hablando de otro partido. “Jugamos el uno contra el otro. Yo estaba en el Oroso en aquel momento y mi hermano me metió dos goles”, explica la mayor de la saga. Lo admite el joven, que también recuerda que casi torturó a remates a su hermana: “Le tiré bastante, sí. Mis padres celebran los goles y las paradas de ella. Espero que fueran un poco más conmigo porque era del equipo de Vigo”. Y, para terminar, Marta presume de que “hubo más paradas que goles”.

Es un momento bueno para el club; tras unos diez años de bajada, ahora estamos en crecimiento" — Pablo Ureña - Jugador del Traviesas masculino

Los años pasaron y también evolucionó el Traviesas, que ahora dispone de sus dos equipos en categoría estatal tras el ascenso del femenino el pasado verano. “No pudimos hacerlo de forma directa en la fase de ascenso, pero los equipos que quedaron por encima ya tenían plaza y estamos en Ok Plata”, explica la portera. Situada la formación en mitad de la tabla, admite que “el objetivo es quedarse en la categoría. A poder ser, con margen”, relata Marta y Pablo está en la misma línea: “El plan inicial es mantenernos, pero ojalá podamos aspirar a más e, incluso, a ascender”. La formación masculina marcha sexta con tres victorias y otras tantas derrotas en seis partidos.

Pablo Ureña saluda a su hermana Marta en el único encuentro en el que llegaron a enfrentarse.
Pablo Ureña saluda a su hermana Marta en el único encuentro en el que llegaron a enfrentarse.

Son los números, pero queda la parte social, esa que habla de afición, de diversión y de club. “Los hombres vienen a nuestros partidos a animar y nosotros vamos a los de ellos. Crea un gran ambiente, está muy guay”, explica Marta Ureña y Pablo argumenta que “se genera un buen ambiente en los partidos, con unas 200 personas cada semana, y nosotros llegamos a llenar el pabellón del Carmen hace unos años”. Eso sí, también matiza que “no como en los años pujantes del Vigo Stick, que había gente de Celtarras en la afición. Ahora es algo más familiar, más cercano, pero sentimos el apoyo”.

Para los Ureña, el hóckey es una experiencia familiar y vital. Casi una diversión con amigos, pero “es duro porque los dos trabajamos y hay que compaginarlo”, indica la portera y su hermano amplía que “hay fines de semana con partido en el País Vasco que sales el sábado, juegas y vuelves el domingo. Pierdes los dos días y sin cobrar, que esto es amateur", detalla. Lo compensa que “tenemos un grupo muy bueno” y, en su caso, está deseando que “mi hermano termine los estudios y se una a jugar con nosotros. Viene a entrenar de vez en cuando”. Por su parte, Marta matiza que “estoy en la recta final. Muchas veces pienso en dejarlo. Y lo hice algún año, pero siempre vuelvo. Es como algo adictivo".

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