Una vida en As Lagoas
RUGBY
Genma Laso entró en el Vigo Rugby al comenzar los estudios universitarios y continúa vinculada a la entidad treinta años después de la creación del conjunto de mujeres
Una vida adulta en As Lagoas. Genma Laso entró en el Vigo Rugby hace más de treinta años y por uno de esos impulsos de juventud. “Me presenté en el servicio de deportes, a ver lo que había al entrar en la universidad”, explica. Venía del baloncesto y se encontró con una casualidad que marcaría el resto de sus días. “Pregunté por el rugby y, precisamente, el encargado de deportes (Miguel Lago) era el entrenador del equipo. Con mi 1,52, me explicaron que podía ser para cualquiera, que en el rugby hay puestos para todos, para pequeños, para rápidos, para altos, para gordos... Todos pueden jugar y me decidí a probar", relata Laso.
Ese instante fue el principio de una realidad que continúa en la actualidad, ya que “probé y me enganché. Y aquí sigo, conocí en el club a mi pareja unos años después de empezar en el rugby ahora soy madre de tres hijos que juegan”, describe. De esta forma, una estudiante recién llegada a la universidad se convirtió en una de las pioneras del Vigo Rugby. “En aquel primer año, el 91, no jugamos porque todavía no éramos las suficientes. Después, en el 92, recuerdo que el primer partido fue en un torneo de Seven en Allariz, y unos meses después, ya no recuerdo bien, comenzamos con la Liga Gallega”, rememora la exjugadora.
Y así escribió su historia personal, que sigue ligada al deporte del oval. “Parece que llevo toda la vida en As Lagoas”, bromea. Con los días allí, terminó por conocer a su actual pareja que estudiaba la misma carrera: “Empezó a jugar unos años más tarde y lo conocí en el rugby”. Gemma Laso siguió sobre el césped hasta “el 2002, en el que tuve a mi primer hijo. Unos años después, tras el segundo, volví pero, ya no tenía el cuerpo”, recuerda. Eso sí, no se apartó mucho de los palos del recinto deportivo vigués porque “mis dos hijos mayores ya empezaron a jugar con cuatro años. Y empecé con los entrenamientos, los viajes con la escuela y, en la actualidad, los partidos del fin de semana".
De aquellos comienzos en el primer conjunto de mujeres del Vigo Rugby tiene buenos recuerdos y, por supuesto, amistades que perduran, como las de Helena Rodríguez y Mónica que “son las que entrenan en la escuela de rugby y las veo de forma continua. Con otras personas también mantengo contacto, pero menos frecuente”, relata.
Con ese 1.52 metros de altura se cumplió la lógica porque Genma Laso fue a parar al puesto de medio melé, el ‘bajito’ del rugby. “Jugué en otras posiciones como ala y así, pero en el que más jugué fue ahí”, indica. Esta demarcación es muy específica porque se encarga de sacar el balón tras cada acción de ataque y ser cazado es uno de los objetivos principales de la defensa rival. “Nunca tuve miedo. Al contrario, el rugby es un deporte de contacto y eso también es lo divertido. A mí me gusta”, reflexiona.
Como experta jugadora y, en la actualidad, en el papel de abnegada madre, tiene que sufrir los días de borrasca y viento huracanado en As Lagoas. “El pequeño de seis años no lo conoce todavía mucho, pero el mediano de 16 ya sabe lo que es y le gusta. También a mí me gustaban esos días. Igual estamos un poco locos, pero eran diferentes y nos podíamos meter ahí en medio del barro”, añade Laso. Probablemente, sufre más ahora las malas condiciones del tiempo que cuando se vestía de corto. Y, en el recuerdo, está aquel año en el que “comenzó a llover en noviembre y no paró en Vigo. Día tras día. Fuimos a un torneo con la escuela a Valladolid, cayeron cuatro gotas y ya suspendieron los partidos. Pensé: si estos están en Vigo, no juegan en todo el año”.
Genma Laso, a sus 49 años, se divide con su pareja Nicolás Troncoso, de 51, en los partidos y entrenamientos de sus hijos. Artai, de 18 años, ahora en Santander, Xoán, de 16, y el pequeño Tiago, que a los 6 años grita que le gusta el rugby porque “se puede patear” desde dentro del coche. “Llevo media vida y ahora nos tenemos que dividir porque entrenan en días distintos o en lugares diferentes. El padre y yo nos tenemos que turnar”, explica Genma Laso. Los hijos, con dos padres rugbiers, “tenían la genética y ya se metieron en esto. Son muy inquietos", admite una Genma Laso que pasó de guiar la melé en el campo a hacerlo ahora en la banda.
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