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Cuando en 2016 se cumplieron tres lustros del último título nacional absoluto conquistado por el Club Deportivo Bosco (ahora Celta Zorka Recalvi, en 2001 Celta Banco Simeón), este diario titulaba en recuerdo de aquella gesta: "La última alegría del siglo". Ahora, con aquel trofeo aún en la memoria, el valor de aquel titular sigue siendo el mismo, si acaso se ha incrementado aún más, pues el primer equipo del club continúa en la segunda categoría del baloncesto nacional (así es desde 2012). Y todo, con la particularidad de que la entidad que preside Carlos Álvarez se maneja en un 2021 de sentimientos encontrados.
Porque es este año de Bodas de Plata de la refundación del Bosco (1996-2021), porque son veinte años de la Copa de la Reina ganada en Las Palmas al Halcón Viajes salmantino y porque, además, son otros cuatro lustros del fallecimiento del presidente Gómez Carballo y de su vicepresidente Camilo Pérez (2001) y uno de la muerte de Paco Araújo (2016). Poca felicidad para tanto dolor.
Desde aquel 2001 que un accidente de tráfico lo cambió todo (Araújo se quedó solo justo cuando el club se había reforzado con Camilo Pérez para buscar más recursos y fortalecer el presupuesto), Vigo no ha vuelto a vivir otra jornada de gloria, no ha engordado su palmarés con más trofeos sénior. Si en la ciudad la afición pensaba que había sido larga la época de sequía entre la última conquista de la sección de baloncesto del Real Club Celta (1984) y la primera del Bosco (1999), quince años, ahora el castigo es mayor: ha superado aquel aciago tiempo y, lo que es peor, no se ve el final del túnel.
El tercer presidente en la historia del refundado Bosco, Carlos Álvarez, debe conformarse con dos fases de ascenso disputadas, la final perdida ante Valencia Basket, emocionante, y la de Tenerife, decepcionante, donde el equipo fue de más a menos. ¿Poco? ¿Mucho? ¿Suficiente? Escaso en función del nivel de profesionalización que se ha establecido en el club bosquista y de unos presupuestos gigantescos que la junta directiva de Álvarez cubre cada año con enorme esfuerzo, imaginación y trabajo para que el equipo pueda optar a todo.
Veinte años atrás, el Celta Banco Simeón, contra pronóstico, se alzó con la Copa de la Reina. Era el noveno título nacional en la historia del baloncesto femenino local (cinco campeonatos de Liga y cuatro de Copa). Las célticas Ángela Coello, Celia García o Maja Stamenkovic tenían 3, 5 y 9 años; Ainhoa Lacorzana (2000), cinco meses. Y Lucía Fontela (2002) y Noa Comesaña (2003), por ejemplo, ni habían nacido. Tres partidos en tres días para tumbar a Navarra (75-85), Caja Rural –el anfitrión– (57-54) y Halcón Viajes (64-66). Y fueron campeonas.
Pilar Valero, Mar Xantal, Razija Brcaninovic, Ingrida Jonkute, Noemí Jordana, Iria Villar, Mireia Navarrete… Miguel Méndez tenía equipo. Le faltó Laura Grande, por grave lesión de rodilla, y no era el plantel del año anterior (se habían ido Paloma Sánchez, retirada, y Betty Cebrián, al UB
Barça), pero en la Copa dijo presente. 20 puntos de Xantal y
Brcaninovic (Mujanovic de soltera) en cuartos, 21 de Pilar Valero contra las de 'Mingo' Díaz el día de Reyes y 14 de Valero y de Jordana contra el Halcón.
UB Barça y Ros Casares Godella, luego finalistas de la Liga, eran los favoritos y se fueron a casa en cuartos, apeados por Halcón (72-68) y Caja Rural (93-74). El torneo del KO no fue un paseo para nadie, tampoco para las viguesas. Todos sus partidos se decidieron en el último cuarto: las célticas ganaban 57-59 al Navarra; perdían con las anfitrionas 39-46 y vencían 54-55 a las charras. De aquella foto de equipo campeón en el Centro Insular de Deportes solo permanece en el club bosquista Antonio Ramos, aunque ahora en tareas de despacho tras haber sido entrenador ayudante en cada una de las finales que el Celta Banco Simeón jugó.
El vigués reconoce que en estos aniversarios "lo primero que siempre se me pasa por la cabeza es nuestro Paco, lo que disfrutaba siempre. Y más en esa época de éxitos y, por supuesto, José Manuel Gómez Carballo".
Desde 1997 a 2001, tres títulos (dos de Liga y uno de Copa) en cuatro finales, con celebraciones en 1999 (Liga), 2000 (Liga) y 2001 (Copa). Pool Getafe, Halcón Viajes, Ensino Lugo, Caja Rural de Canarias fueron los principales rivales de lujo. El título de 2001 era el segundo mazazo consecutivo que las gallegas daban al Caja Rural –antes Sandra–, tras ganarle en 2000 la Liga allí.
El detalle final
¿Y lo segundo que rescata la memoria de Ramos? Al éxito o al fracaso se llega por detalles. "Una explosión de grandes recuerdos y cómo del éxito al fracaso es cuestión de detalles aun haciendo un buen trabajo". Razona como el técnico que siempre ha sido y es. Detalles. Porque aquel partido se reduce a los segundos finales, con una acción forzada de Jordana, el posterior ataque salmantino y la canasta fallada por Emma Bezos, la máxima anotadora y reboteadora del encuentro (21 puntos y 9 rebotes). Ramos lo recuerda: "Bezos falló la canasta que les podría haber dado el triunfo sola bajo el aro en los segundos finales". Sí, los detalles determinan. Con 64-65 la pívot de Benavente falló su tiro, que se paseó por el aro. Y Jordana anotó uno de los dos tiros libres en la siguiente acción, ya sin tiempo para más.
Luego, el mazazo de marzo (accidente de Gómez Caballo y Camilo camino de Madrid), tercer puesto en la Liga, 2-0 al Halcón en cuartos y eliminación 0-2 ante el UB Barça de Carme Lluveras en semifinales. Sin Laura Grande, poco que hacer. El Celta aún aguantó una temporada más con elevado presupuesto. Luego, el declive hasta la renuncia a la máxima categoría.
Desde el fallecimiento de Araújo, Álvarez ha tomado las riendas y ha captado un ramillete de empresas formidable para los tiempos que corren. Pero el dinero no garantiza ascensos. Para eso se necesitan fichajes acertados y equipo.n
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