Tres generaciones del fútbol del Tea en Alemania

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El ponteareano Delfín Fernández, emigrado a Karlsruhe en los 60, impulsó el FC Español que desde 2011 preside su hijo Abel y del que es futbolista su nieto Noel

Abel, actual presidente, compartió algún partido con su hijo Noel en el equipo que impulsó su padre Delfín.
Abel, actual presidente, compartió algún partido con su hijo Noel en el equipo que impulsó su padre Delfín.

Algo más de 100 kilómetros al norte de Friburgo, donde el Celta empezó a truncar su aventura europea hace unas semanas, se erige Karlsruhe. Como en toda Alemania, el fútbol ocupa allí un lugar troncal. No solo por el equipo principal, ahora en 2.Bundesliga, pero en su momento compitiendo en Europa -ganó 7-0 al Valencia en el 93-. También por los numerosos clubes modestos que completan el ecosistema en la zona. Uno de ellos es el FC Español. En su nombre están sus orígenes y en su historia, una tradición familiar que surge en la parroquia ponteareana de Xinzo. De allí salió Delfín Fernández hace más de medio siglo para buscarse el pan por Europa adelante. Un camino que lo llevó a esta ciudad y a un club recién fundado por varios compatriotas en 1962. Fue futbolista, directivo y, finalmente, el presidente impulsor que transformó un equipo de amigos en una entidad federada. Esa dedicación encontró relevo en Abel, también jugador en su juventud y máximo mandatario desde 2011 a la actualidad. Una saga que continúa con Noel, hoy lateral derecho del equipo.

“Mi padre amaba el fútbol y el club: formó parte del Español casi 40 años y todo esto lo hago por él” — Abel Fernández - Presidente del Español e hijo de Delfín

Delfín falleció en 2021. Es su hijo, de 55 años, el que mantiene vivo su legado en los despachos. Su nieto, de 25, lo hace sobre el césped. “Ser presidente es una responsabilidad”, reconoce Abel, que aunque vive a caballo entre Mallorca y Karlsruhe por su trabajo, no piensa dejar atrás esta importante herencia de su padre. “Amaba el fútbol y el club. Estuvo casi 40 años con él”, explica. Así, el actual presidente vuela entre recuerdos vinculados a una entidad que casi es su proyecto de vida. Sus comienzos fueron en otras estructuras de la zona por falta de categorías inferiores en el Español. Pero en cuanto pasó a sénior, fichó por el equipo de su vida. “Y me traje a mis amigos”, destaca.

En aquella época, la comunidad española era cuantiosa en Karlsruhe y el fútbol, un poderoso vehículo social para atar lazos entre los emigrantes y sus descendientes. También con la población local. “El campo tenía un restaurante y se juntaba mucha gente los fines de semana”, explica sobre una dinámica dilatada en el tiempo, con una fiesta anual muy concurrida. “Venían 6.000 personas cada uno de los tres días. Había paella, calamares… Todo Karlsruhe la conocía”, rememora Abel, que computa en 50.000 euros la recaudación, toda destinada al club.

Delfín fue futbolista, directivo, presidente e impulsor del FC Español.
Delfín fue futbolista, directivo, presidente e impulsor del FC Español.

Eran buenos tiempos. Tanto que, ya con él como presidente, el Español fue hacia arriba en la segunda mitad de la década pasada. Con una política de incorporar jóvenes talentos cedidos alcanzó el equivalente a la Tercera División. Incluso se quedó a una victoria de jugar contra el Leverkusen en la Copa alemana. “Son vivencias increíbles para nosotros, que somos un club de barrio con 50 socios”, subraya, mientras se acuerda de Sirus Motekallemi, el técnico de aquel equipo, que ahora es el segundo entrenador del Karlsruhe.

Pero todo pasa. Como a tantas otras entidades, el coronavirus dañó al Español. También la falta de apoyos económicos. Ahora compite en la penúltima categoría del fútbol alemán, con un filial en la última. “Pero estamos saneados”, proclama su presidente. Su hijo Noel, nieto de Delfín, da continuidad a la saga familiar sobre el césped. “Cuando lo veo, me siento reflejado en mi padre. Sé que él sentía mucho orgullo de que yo jugase en el Español. Y ahora es lo mismo”, destaca Abel. Ese sentido de pertenencia sigue muy vigente en el ponteareano de tercera generación. “He estado en el campo todos los domingos de mi vida por mi abuelo y por mi padre. El Español es más que un club para mí”, enfatiza el joven lateral diestro en un castellano perfecto. “El fútbol me conecta con mis orígenes, Pero aparte, siempre íbamos a Galicia de vacaciones”, desvela Noel, que se siente gallego: “Claro que sí. Y el idioma no lo hablo del todo bien, pero lo entiendo perfecto”.

Abel y Noel -segundo y tercero-, en un partido del Celta de Balaídos.
Abel y Noel -segundo y tercero-, en un partido del Celta de Balaídos.

En esa conexión subyace el color celeste. El nieto de Delfín también heredó de su abuelo la afición por el Celta y fue a Friburgo con amigos y familiares a ver a su equipo. “En su casa no había dibujos animados el día de partido. Solo Celta”, recuerda entre unas risas, que desaparecen al pensar en lo sucedido en el Europa Park. Cosas del fútbol.

Todos esos vínculos con la pelota cristalizaron cuando Abel y Noel compartieron camiseta, césped y vestuario. “Mi padre jugó un par de jornadas con mi abuelo y unos cuantos años más tarde yo pude hacerlo con él. Fue muy guay”, reflexiona el tercer eslabón de los Fernández. Su progenitor se siente orgulloso. Por esa experiencia en particular y por ver cómo su su hijo disfruta del club. “Me encanta verlo jugar con todos sus amigos”, enfatiza. “Aquí es muy normal que cada verano se vayan 7 o 10 jugadores y vengan otros tantos. Sin embargo, nosotros llevamos con la misma piña 8 años. Eso es lo mejor que tiene el fútbol: generar comunidad”, añade.

“He estado en el campo todos los domingos de mi vida; para mí, el Español es más que un club” — Noel Fernández - Futbolista del Español y nieto de Delfín

Y por eso lucha Abel. “Si yo no me hago cargo, el club se acaba”, señala con un punto de tristeza. “Hay que pagar campos, árbitros, Federación… El club vale 25.000 euros al año y alguien tiene que pagarlos. Te ayuda algún amigo con patrocinios y demás, pero hay que tirar hacia adelante porque si no se termina”, explica, mientras cita a su vicepresidente, Ralf Gerner, un alemán que habla castellano comprometido con la causa. Una causa que sigue adelante.

Por ahora, Noel es muy joven para pensar en coger el testigo. Ese tiempo llegará. Mientras tanto, el legado de Delfín está vigente. “Mi padre me decía que lo dejase, que no gastase dinero. Pero mi corazón no me deja hacerlo”, reconoce Abel, que resume su labor en una sola frase: “Lo hago todo por él”. Es ahí cuando brota la emoción del recuerdo. Cuando el orgullo toma forma. Cuando el esfuerzo merece la pena. Porque nada muere del todo mientras vive en los corazones. Por eso, el FC Español está muy vivo. En Karlsruhe y en Ponteareas. Gracias a tres generaciones del río Tea, que perpetúan su fútbol en Alemania.

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