Toni Dovale: "Irme a jugar al extranjero es la mejor decisión que tomé en mi vida"
Toni Dovale. Exfutbolista de Celta y Coruxo, que se acaba de retirar
Hay veces que los futbolistas deciden cuándo se retiran. Otras veces es la vida la que elige. En el caso de Toni Rodríguez Dovale (A Coruña, 1990) hay un poco de las dos. Una lesión de rodilla mal recuperada y las ganas de no volver al extranjero. Un cóctel que le llevó a colgar las botas en enero tras una carrera con principio y fin en Vigo. El Celta le vio arrancar y el Coruxo parar. Por el medio, experiencias en Estados Unidos y Asia.
¿Ya se ve como exfutbolista?
El que es futbolista, lo es toda la vida. El fútbol siempre ha estado presente, lo sigue estando ahora y lo estará siempre.
¿Le dio tiempo a echarlo de menos?
Competir sí. El fútbol te permite vivir sensaciones que en tu vida cotidiana es muy complicado sentir. Esa adrenalina, esa tensión. Pero como he estado bastante ocupado, no me ha dado tiempo.
¿Por qué decide retirarse?
Ya lo venía valorando con mi familia. Cuando me lesioné, la idea era recuperarme para regresar a Asia. Pero luego uno llega aquí, se siente cómodo, con una niña pequeña… Y la rodilla me molestaba. Una vez que no queremos dar el paso de marchar, entendí que era el momento y fui honesto con el Coruxo y con el presidente. Fue una decisión muy difícil, pero que no tomé de la noche a la mañana.
Ese debut con el Coruxo y el penalti en la prórroga de Copa debió ser especial. Un último gran día.
Sí que lo fue. Me operó en marzo el Doctor Cota. El Celta me abrió las puertas de su casa y estoy más que agradecido. Hice la recuperación con Sergio, que es uno de mis mejores amigos. Todo eso ya fue especial. Pero el día que vuelves a un campo, tener la oportunidad de tirar un penalti en el último minuto de la prórroga a vida o muerte, fue muy bonito.
Hubo tumulto, pero se apartó de todo con la pelota bajo el brazo.
Traté de hacer lo que siempre hice. Asumir la responsabilidad y tranquilizarme. Lo mejor que puedes hacer es cogerte tu rato para respirar, pensar y decidir. Recuerdo decirle a Andriu que me quitase la gente de allí y él se peleó con todos.
¿Y ahora qué viene?
Muchas cosas. Quería empezar el curso de entrenador, pero por falta de tiempo no voy a poder. También soy licenciado en Farmacia. Además, comencé con un tema de representación de futbolistas.
Cuénteme más.
Principalmente, lo enfoco hacia el extranjero. Cuando estás fuera, no hay mucha gente que te acompañe. Lo eché de menos en mi carrera. Y en España hay muy poca gente que pueda ofrecer ayuda de calidad y acorde a las necesidades que tenemos los futbolistas -¡ves como aún me considero! (ríe)-. Creo que puedo aportar mucho ahí.
De dónde va a de dónde viene. En su caso, aquel Celta de Segunda.
Fue una época maravillosa en todos los aspectos, en la que estaba con toda la ilusión de un chico joven que subía al primer equipo. Tuve una cesión muy productiva en Huesca. Y al volver, encontré un club que necesitaba desesperadamente subir para arreglar la situación económica y un vestuario muy joven, con muchos canteranos. A Paco Herrera le guardo mucho cariño por todo lo que hizo por nosotros. Muchos de los recuerdos más bonitos de mi carrera son de esa época, de ese año y, especialmente, del ascenso.
Pocas cosas habrá más felices que un ascenso.
Tuve la suerte de ganar títulos en India y un ascenso es lo más parecido que hay a eso. O incluso más, porque fue en Vigo. El sentimiento de pertenencia le da más peso a todo. Lo bueno y lo malo. La exigencia crece.
Y la temporada siguiente, el 4%. Uno de los mayores milagros que recuerdo.
Hay cosas que no tienen explicación. No sé qué pasó. Nosotros mismos decimos un poco en broma que nos vino dios a ver. Fue una temporada muy complicada. Muy a su pesar, el presidente cesó a Paco, las lesiones… Pero el fútbol siempre te da una oportunidad y lo que no hicimos en todo el año, salió en las dos últimas jornadas. Fue un gran alivio.
Luego viene Luis Enrique y le dice que va a ser lateral izquierdo.
Cuando estás en Primera, siempre quieres más. Nunca acabas de disfrutar de lo que estás viviendo. Y Luis Enrique es una persona con mucha fuerza, que ve el fútbol de una determinada manera. Recuerdo que empezamos con cinco atrás al meterse Borja Oubiña entre centrales. Utilizábamos carriles muy largos y él entendía que podía ayudar al equipo. Yo sabía que no era la posición en la que más a gusto estaba ni en la que podía sacar todo mi nivel, pero el grupo lo necesitaba. Así que para delante.
¿Lo volvería a hacer?
Pues no lo sé… No lo sé. Aquel verano iba a salir, pero todo cambió con aquella decisión. No me arrepiento porque hice lo que había que hacer en ese momento. En Estados Unidos regresé a mi posición natural, disfruté mucho más y me sentí más a gusto y más realizado.
Tras la primera vuelta, pasa de jugarlo todo a la grada. ¿Tuvo aquello relación con su salida?
Kansas llevaba años intentando ficharme, pero no acababa de ver el momento. En aquella temporada, jugué casi todos los partidos de la primera vuelta. Después de Navidades, el Míster cambió y empezó a jugar Jonny. Llegó febrero, seguía sin jugar y en Kansas insisten. Lo valoré, se lo planteé al club y para delante. No fue un paso fácil de dar, pero estoy orgulloso de haberlo dado. No me arrepiento de casi ninguna decisión que tomé en mi carrera, pero las de salir a jugar en Estados Unidos y Asia son las mejores que he tomado.
¿Cómo es jugar allí?
En cuanto a instalaciones y organización, Estados Unidos e India están, probablemente, por delante de España. Me sorprendió por el seguimiento masivo a nivel de afición y de medios. Sales de la ducha y te meten una entrevista con la toalla. En India jugué en clubes muy grandes, con una exigencia enorme. Los ojos siempre están puestos en el jugador extranjero porque esperan que marques la diferencia. Y no todo el mundo está preparado para asumir eso.
Y a nivel personal, ¿cómo le marca vivir en estos lugares?
Mucho. Tienes que adaptarte a viajes distintos, mentalidades diferentes, convivir en un vestuario con todas las religiones. Eso marca mucho las relaciones. Te vuelve más tolerante y te enseña que no puedes llegar de la misma manera a un musulmán, que a un budista o que a un ortodoxo. Sus educaciones marcan sus comportamientos. Y aunque en un principio te puede chocar, tienes que entender el por qué. Eso nos abrió los ojos a mí y a mi familia.
¿Siente que el fútbol te deja algo a deber?
No, para nada. Creo que los momentos que más he disfrutado han sido en el extranjero. Hay momentos duros, en los que te sientes solo. Pero aprendí mucho. Echo la vista atrás y todo son recuerdos bonitos.
Y al revés: ¿le deja algo a deber usted al fútbol?
No. Tampoco. Si de algo me siento orgulloso es de que, allá donde he ido, siempre me han quedado las puertas abiertas. He tratado con el máximo respeto a compañeros, cuerpo técnico y trabajadores. No puedo reprocharme nada y, honestamente, creo que nadie puede reprocharme nada. Ahora pienso en el pasado, en que jugué con este o con aquel. Y no diría que el fútbol es lo de menos, porque no lo es, pero sí diría que lo de más son las personas. Lo que más recuerdo son los amigos que he hecho, las experiencias que vivimos juntos y saber que dejo recuerdo en prácticamente todo el mundo con el que he trabajado. Eso es lo que más me llena de orgullo.
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