Un sueño olímpico 'amateur'
Gonzalo Aguiar acudió a Seúl en los últimos Juegos en que el ciclismo vetó a los profesionales
Cuando el Barón Pierre de Coubertin creó el movimiento olímpico, lo hizo desde la perspectiva del deporte aficionado. Hoy en día, todo lo que rodea a los Juegos es más que profesional. Pero esa transición, en algunos de los deportes, es reciente. Es el caso del ciclismo en ruta, que no admitió a los profesionales hasta Barcelona 92. Y fue cuatro año antes cuando el vigués Gonzalo Aguiar tuvo su experiencia olímpica en Seúl, junto antes de convertirse en profesional en las filas del Clas y merced al título de campeón de España sub-23 que había conseguido ese mismo año.
El hasta hace nada mecánico del extinto Xacobeo Galicia reconoce que su obsesión no era ir a unos Juegos 'sino ser profesional'. Pero aquel año 1988 que empezó torcido, con un aparatoso accidente con un camión de por medio, acabó enderezándose de forma magnífica: 'Ya había estado en la selección, pero la opción de ir a Seúl sólo se concretó en el Campeonato de España, que por cierto tuvo que ser retrasado, lo que me favoreció al llevar la preparación más justa'.
Con la visita a Corea ya en mente, reconoce que 'te hace ilusión y te entrenas mucho mejor'. Pero partiendo de la base de que, a esa escala amateur, 'el nivel de España era tercermundista'. Los corredores sub-23 no competían por Europa y 'ni siquiera conocíamos a los rivales. Nos faltaba mucha experiencia. Yo tenía 22 años y competía con rivales de 28'. Aun con ese hándicap, Gonzalo Aguiar quiso explotar al máximo sus opciones: 'Me escapé en la última vuelta y tal vez podría haber cogido al grupeto de cabeza de 10 ó 12 corredores, pero mis compañeros de fuga tenían gente de sus selecciones delante y no encontré colaboración'. Al final, se integró en el pelotón principal y acabó en el redondo puesto 80. Los favoritos eran los alemanes. Y cumplieron: Olaf Ludwig, del este, fue oro; Groene y Henn, del oeste, plata y bronce.
Ese 27 de septiembre fue la jornada central de una estancia 'inolvidable' de casi un mes en Corea, ya que el ciclismo en pista comenzaba nada más arrancar los Juegos. Eso sí, la esclavitud a la que condena este deporte no permitió a Aguiar demasiadas alegrías: 'A la inauguración no podía ir porque tendría que estar cinco horas de pie y eso te revienta las piernas. Aunque hubo quien me dijo: te vi en el desfile. Y después, todo era entrenar y descansar'. El resultado es que, fuera del ciclismo, sólo pudo ver algo de atletismo.
De la estancia en Seúl también recuerda lo estricto de las medidas de seguridad. 'Había mucha tensión entre las dos Coreas y la villa era casi una ciudad fortificada. Para ir a entrenar, nos venía a buscar la policía e íbamos a un sector de autopista de 8 kilómetros cortado para nosotros, con cuatro carriles'.
Tras esta experiencia, Aguilar afrontó los dos años que ya tenía firmados con el Clas. 'Me dormí un poco en los laureles', reconoce. Quizás, estirando el sueño olímpico.n
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