La sonrisa del picador

Fútbol | segunda federación

Guille Pinín dio la victoria al Coruxo ante la Sarriana con un gol en el 96 que premia su trabajo tras un inicio de curso marcado por una operación de menisco y 3 meses de baja

El centrocampista asturiano esboza su característica sonrisa tranquila en el campo de Fragoselo.
El centrocampista asturiano esboza su característica sonrisa tranquila en el campo de Fragoselo. | JV Landín

Sabe bien Guille Pinín lo que es trabajar duro en silencio y lejos de la luz. Lo mamó desde pequeño porque es natural de Moreda, en el concejo asturiano de Aller, enmarcado en el corazón de la cuenca del Caudal. Allí todo el mundo conoce a alguien relacionado con la mina. Con arrancar negro carbón. Con quemar la vida. Eso fragua el carácter, pero no anula las emociones. Por eso, cuando el pasado domingo metió el balón en la jaula en el minuto 96 para dar la victoria al Coruxo ante la Sarriana, la alegría se disparó. Era el premio a tres meses a un nivel muy alto en el terreno de juego y a otros tantos de sufrimiento fuera de él tras una operación de menisco antes de empezar la Liga. “Fueron semanas jodidas”, reconoce. Pero, como los picadores mineros de su tierrina, siguió adelante.

“Meter ese gol en el último minuto fue muy importante para mí por todo lo que pasé con la lesión”

Y eso que, en un primer momento, el susto parecía más gordo. Hace seis años, el centrocampista asturiano se rompió el cruzado de esa misma rodilla izquierda. Cuando la articulación le falló en un entrenamiento de pretemporada, recién llegado a Vigo, tuvo “clarísimo” que se repetía la historia. “Menos mal que me equivoqué”, apunta con sonrisa y un buen humor que son una constante en la conversación. “Soy muy tranquilo y eso tiene su parte buena”, reconoce con humildad, sin esquivar los momentos duros tras el quirófano. “A nivel mental fue lo peor”, recuerda, mientras agradece el apoyo de cuerpo técnico, compañeros, directivos y de su familia. “Me lo hicieron más ameno”, subraya.

Esos meses con Pinín fuera, el Coruxo lo pasó mal. Su regreso coincidió con el inicio de la espectacular racha que lo ha llevado a zona de play-off. “Prefiero pensar que fue casualidad”, responde entre risas. Ocho minutos en Salamanca y 33 en la victoria ante el Lealtad que supuso el punto de partida de la ascensión. “Hicimos click ese día”, apunta. A partir de ahí, siempre titular, con un rol clave en la organización del fútbol verde. “Cuando vuelves de una lesión así, tienes dudas de cómo vas a estar. Pero me encontré muy cómodo desde el primer momento”, recuerda, con agradecimiento especial para Javi Pereira. “Me dio mucha confianza y eso me ayudó mucho”, reconoce.

El centrocampista del Coruxo se estrenó como goleador con un tanto ganador en el minuto 96.
El centrocampista del Coruxo se estrenó como goleador con un tanto ganador en el minuto 96. | JV Landín

Quizá por eso, cuando anotó el gol ganador ante la Sarriana y corrió hacia el banquillo, encontró el abrazo de su entrenador. “Realmente, iba hacia quien pillase por delante”, apunta entre risas, que continúan al reconocer que los que no hacen muchos goles, no saben muy bien como celebrarlos. “Y más con la emoción de ese último minuto”, destaca sobre ese tiro seco desde la frontal. “Ellos estaban muy metidos en el área, así que cuando Naveira me la dio atrás, no me lo pensé”, describe. “Suerte que entró, que si no, me matan”, apunta con una carcajada antes de saborear su premio. “Fue un gol muy importante para mí por todo lo que pasé con la lesión”, confiesa para terminar. Con la satisfacción del minero que sale a la luz. Con la sonrisa del picador.

“Vine al Coruxo porque quería probar suerte fuera de Asturias”

Aunque tan solo tiene 27 años, Guille Pinín es todo un clásico del fútbol asturiano en la categoría. El fino centrocampista de Moreda se formó en la cantera del Real Oviedo -llegó hasta el filial- y compitió en clubes como el Mosconia o el Caudal de Mieres antes de llegar al Marino de Luanco, en el que sumaba cinco temporadas como uno de sus imprescindibles. Una trayectoria completa en la tierrina y en su pueblo. “Siempre viví en casa. Para ir a Luanco me metía 50 minutos de coche de ida y otros tantos de vuelta”, recuerda.

“En el norte todo es muy parecido: tenemos formas de ser similares y nuestro mal tiempo”

Hasta que, el pasado verano, el Coruxo se cruzó en su vida. “Me escribió Jacobo Trigo, el director deportivo, que fue el que me dio la oportunidad de venir”, recuerda sobre el primer contacto. No hizo falta mucho más. “Ya llevaba tiempo con la idea de salir de mi zona de confort. Quería probar suerte fuera de Asturias”, explica Pinín, que se sintió atraído inmediatamente por la idea de ponerse la camiseta verde. “El Coruxo es un club histórico, con muchísimos años entre Segunda B y Segunda RFEF. Las instalaciones están muy bien y el campo es increíble”, enumera el allerano. “Vigo me gusta mucho como ciudad”, agrega. “Fue un compendio de varias cosas que me tiraron, así que no me lo pensé mucha. No tuve demasiadas dudas”, recuerda sobre su fichaje.

A sus 27 años, Guille está viviendo su primera experiencia fuera de Asturias.
A sus 27 años, Guille está viviendo su primera experiencia fuera de Asturias. | JV Landín

Una vez aquí y pese al mal trago de la rotura de menisco, confirmó su idea inicial. “Estoy muy a gusto”, sostiene con firmeza. También es cierto que el cambio no ha sido demasiado brusco, porque ya se sabe aquello de los gallegos, los asturianos y los primos hermanos. “En el norte es todo muy parecido. Tenemos formas de ser similares y nuestro mal tiempo”, bromea Pinín, “muy acostumbrado” a los inviernos lluviosos.

Menos acostumbrado está a ver al Real Oviedo en la élite. “Es la primera vez desde que tengo uso de razón”, reconoce el jugador del Coruxo, aficionado de un equipo al que vio en Tercera División en sus momentos más bajos. “Soy muy del Oviedo”, confirma con orgullo, a pesar de este “año durillo, que pinta bastante mal”. Pero nunca se sabe. Hasta el rabo todo es toro.

Sobre la carrera de Magisterio: “Desde pequeño, siempre tuve claro que me tenía que formar”

Paralelamente a su vida como futbolista, Guille Pinín ha estudiado Magisterio con la especialidad en Educación Física. “Todavía no la tengo terminada”, se apresura a acotar. “Tengo pendientes unas prácticas porque, al entrenar por las mañanas, tengo ciertos problemas para compatibilizar. Pero, en cuanto pueda hacerlas, la acabaré”, explica el centrocampista del Coruxo.

Al contrario de lo que ocurría hace unos cuantos años, casos como el suyo son cada vez más comunes entre los futbolistas. “Desde pequeño, siempre tuve claro que me tenía que formar. Esto también va en la educación y los valores que te den en casa”, desvela. “La vida del futbolista no dura demasiado. Y a estos niveles, tampoco es del todo profesional. Por eso es importante tener algo para cuando termines. Yo tiré por la rama que me gusta y espero ejercer cuando me retire”, reflexiona.

Como es normal en alguien con esta vocación, a Pinín le gustan los niños. Sin embargo, al menos por ahora, no se ve como entrenador. Ni de cantera, ni de séniors. “De momento, no me llama mucho”, confiesa, sin descartarlo en el futuro. “Espero que me queden bastantes añitos de fútbol”, bromea para rematar.

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