Todas son como hermanas

baloncesto

Paula y Elena Barriga son parte del Seis do Nadal campeón gallego júnior, su otra familia

Las hermanas Barriga Vázquez  ejemplifican el trabajo de cantera del Seis do Nadal.
Las hermanas Barriga Vázquez ejemplifican el trabajo de cantera del Seis do Nadal. | J.V. Landín

Crecer es avanzar pero no tiene por qué ser dejar atrás. Porque si la patria de uno es su niñez, el deporte base ayuda a fijar y romper las fronteras. Paula y Elena Barriga Vázquez son dos de las felices caras que estos días viven la ilusión de saberse campeonas de Galicia júnior, pero con un orgullo que sólo tiene sentido para ellas si es colectivo. Porque quien gana, y quien pierde cuando toca, es el Seis do Nadal. Un segundo hogar para un grupo de jóvenes que se adentran en una época de cambios celebrando un final de fiesta más que feliz. El mejor final para preceder a un principio de tantas cosas.

Fue el baloncesto porque sí. Porque a Paula le gustó cuando con apenas 7 años entró desde su centro escolar, el Fleming, en las escuelas deportivas. Sin tener demasiada conciencia de que detrás estaba el Seis do Nadal. Pero el club, forjado de personas a través del deporte, sí tiene conciencia de cada una de sus pupilas. Un par de cursos después le propuso a la mayor de las Barriga Vázquez empezar a entrenar y a competir con un equipo federado. Fue un paso natural, nada forzado, y un escalón más a nivel de aprendizaje: compromiso, responsabilidad, compañerismo… Y, claro está, disfrute.

Para Elena, dos años menor, el camino ya estaba marcado. No por obligación, sino por devoción fraternal. De las escuelas al Seis para dar los mismos pasos, aunque más veloces. Porque mientras la generación de 2008, la de la primogénita y la que ahora vive ese fin de fiesta con más sentimiento, avanzaba a su ritmo, la pequeña de los Barriga Vázquez, nacida en 2010, comenzó a asomar la cabeza entre las mayores. Conformando un grupo de baloncestistas, de amigas y de jóvenes que encuentran el significado pleno a la palabra equipo y una gran vía de escape.

Este presente festivo tiene especial sabor para Paula, Noa, Sandra, Martina, Carla y Eva. Las seis empezaron juntas la aventura y la terminan juntas, habiendo sabido acoger además a su coetánea Martina, así como a Sofía, Martina y otra Martina de la generación de 2009 y, a última hora, a Alicia y Elena, de 2010. Un compendio de virtudes baloncestísticas y humanas que ejemplifican el buen hacer diario del Seis do Nadal en sus bases. Que, en el fondo, es crear pequeñas familias dentro de una gran familia global que no sólo implica a las jugadoras, sino también a los diferentes técnicos y a los padres. Con la comunicación fluida entre las tres patas de un mismo taburete que debe elevar la formación de las jóvenes en valores y, de paso, en baloncesto. Un perfecto laboratorio de la vida en el que experimentar sensaciones positivas de forma colectiva y sabiendo compartir las negativas, aprendiendo de la mano la humildad de saber ganar y la frustración de aceptar la derrota.

La historia de Paula y Elena es tan única para ellas y para quienes las quieren como común y ejemplo de lo que sucede en tantos clubes de formación en todo el área. La escuela fuera de la escuela que, en este caso, tiene el matiz de la condición de hermanas de dos de las protagonistas, lo que eleva la experiencia al cuadrado.

Ayer, el grupo se pasó por la sede de la Deputación de Pontevedra en Vigo para ser homenajeado. Allí estuvieron jugadoras, representantes del club y del ente provincial. Y, cómo no, padres. Ese club de fans incondicional que vive ese fin de fiesta de sus hijas como algo propio. Y con la conciencia tranquila de haber acertado hace casi una década, cuando decidieron que el Seis do Nadal fuese parte de la educación de sus niñas. En casa de las Barriga Vázquez lo tienen claro: la mejor decisión posible. Y sin hablar de puntos, rebotes o asistencias. Hablando de crecimiento. Y de familia.

Las campeonas de Galicia júnior y sus responsables visitaron ayer la sede de la Deputación.
Las campeonas de Galicia júnior y sus responsables visitaron ayer la sede de la Deputación. | J.V. Landín

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