Sarai Samartín: “Quiero vivir la experiencia de jugar fuera, con 30 años no podía alargarlo más”
Balonmano
La capitana del Porriño decide dejar el equipo de su vida tras dos décadas y tras la segunda posición en la European Cup
Sarai Samartín Lago (Mos, 23 de marzo de 1995) terminó su trayectoria en el Balonmano Porriño después de 20 años. Su último encuentro fue la final de la European Cup, en la que el conjunto de su vida se quedó a un gol de igualar la eliminatoria. “Es el mejor momento para salir, me dolería más si llego a marcharme porque hay problemas”, explica la histórica capitana del equipo louriñés.
¿Por qué decide cambiar?
Al final, llevo mucho tiempo aquí y quiero vivir la experiencia. Lo he vivido todo y entiendo que merecía conocer otro balonmano, otra forma de vida y salir de mi zona de confort. Hacía tiempo que tenía ganas de salir y ver otra cosa. Este año se dio la oportunidad porque tomé la decisión real de dar el paso definitivo. Creo que estoy contenta por la decisión y también por irme después de todo lo conseguido esta temporada. Acabo de cumplir treinta años, sé que la carrera deportiva no es mucho más larga y sabía que este era el momento o las oportunidades iban a ser más escasas o no las iba a tener. Si lo seguía alargando, no iba a llegar nunca.
¿Cómo es el momento de transmitírselo al club?
Con Abel Estévez, la confianza es máxima. Ya lo tengo explicado más veces: para mí pasó ya a ser parte de la familia. Fue a él a la primera persona que se lo quise decir y se lo comuniqué antes de tener destino.
Usted lleva toda la vida en el Porriño y, claro, no era una jugadora en la que se pensase en un mercado.
No, no es tan fácil porque, al no moverte, tampoco los clubs te siguen o te buscan. Nisiquiera tenía representante y comencé a moverme. Los equipos con los que hablaba, me preguntaban primero: ¿Es verdad que quieres salir del Porriño? No se creían mucho que fuera a cambiar de equipo.
Estoy contenta con mi decisión. Me dolería más irme por un descenso o porque el club se encuentre mal"
He ido mejorando en lo que hacía falta y en el sitio en el que podía jugar. Así fue mi trayectoria para hacerme sitio"
Con Abel Estévez (el presidente) la confianza es máxima. Para mí ya es familia"
En La Rioja juega Lorena Pérez, ¿cuánto peso tuvo en su decisión?
Bastante, tuvo bastante. Allí también estaba Carla Rivas (que cambia de equipo) y entre las dos te hablan del destino y confías en lo que te dicen. Es la forma de conocer un lugar en el que vas a vivir. Mi objetivo es experimentar esa experiencia de estar fuera de casa e intentar aportar en otro lugar lo que he aportado aquí. Ojalá me vaya bien deportivamente. El proyecto es con ambición, con ganas de crecer y ojalá mi experiencia sirva para aportar.
¿Cómo valora esa final de la European Cup que en la que se escapó el empate por un gol?
Ahora estoy intentando olvidarme del balonmano. Dejarle de dar vueltas y pensar en otra cosa. Pero fue duro porque, al final, nos vimos con opciones y se hace difícil cuando te ves en esa posición y se viene la de plata para casa. Estoy muy agradecida al club por todos estos años y ya fue histórico el poder competir en Europa. Aunque todas queríamos, ninguna se hubiese imaginado jugar la final al principio de la competición y pelearla de la forma en la que lo hicimos. Por eso estoy contenta, por todo lo conseguido. Son años de trabajo y creo que esa plata se valorará con el paso del tiempo.
Usted estuvo peleando por el descenso y sabe lo difícil que es llegar hasta ahí.
Sí, sí, estuve luchando por el descenso y por sacar al equipo de ahí abajo, que me parece más difícil. Una vez que estás arriba, es muy buena la dinámica y ganas partidos. Se disfruta mucho, pero cuando juegas por evitar el descenso, es otro tipo de nervios. Se juega diferente y es más complicado. Al final, cuando las cosas son buenas y positivas, incluso lo malo se puede tapar. Cuando las cosas no son positivas a nivel deportivo, se generan más problemas más allá de la pista y todo es más complicado. Todo es deporte y sí que me siento satisfecha por pasar por todas esas fases. Creo que el momento de irme es el acertado. Me daría más pena tener que irme porque se desciende o porque hay problemas en el club.
¿Cómo es ver el pabellón lleno?
Lo de la final es algo increíble y va a ser inolvidable. Ver tanta gente al salir a calentar ya es algo impensable. Cuando sales a calentar en un partido cualquiera, no hay casi nadie y encontrarlo así, casi lleno, al empezar a calentar, fue una pasada. No llegaba el momento de comenzar a jugar.
¿Por qué son distintos los equipos europeos a los de la liga española?
Son muy físicos y fuertes en defensa y tienen una retaguardia plana y dura. En ataque, disponen de mucho lanzamiento exterior y en España estamos más acostumbradas a rivales con muchas fintas y y que juegan buscando más los huecos. A estos equipos, con nuestra plantilla, les hicimos daño con las defensa abiertas. Fue la clave de nuestro pase por Europa. En la final, por ejemplo, cuando no podíamos parar los lanzamientos exteriores, pudimos subir la defensa y hacer que estuviesen incómodas. Esa forma de defender nos dio mucho.
Ahora, viendo las camisetas, se da cuenta los años que lleva en el club.
La verdad es que abrir la caja y encontrame con tantas… Y alguna más que me quedó por ahí. Y sí, el 21 me cayó en las manos. Creo que era alevín y tuve que ayudar a un equipo de infantiles. Me dieron un chándal muy usado, el que había, con el 21 y fue el que me quedé para siempre. Después, en todas las categorías lo pude ir cogiendo porque es un dorsal que apenas se pedía. Si doblaba con algún equipo, sí que igual me tocaba otro número, pero siempre que pude pedirlo, lo tuve. Es un número al que le cogí cariño y sin gustarme en un principio. Yo venía del fútbol y me gustaban el siete y el nueve, que eran los que te daban cuando jugabas en la zona de ataque. Eran mis números, pero en balonmano me cayó el 21 y ya no lo solté.
¿Siguió jugando a fútbol?
Hasta cadetes. A esa edad todavía estaba compaginando y, al llegar a esa edad, tenía que jugar con chicos ya. No fue sencillo decidirlo y creo que la culpa fue, en gran parte, por Abel Estévez. Que ya iba tirando de mí. Con el tiempo se lo agradezco. Siempre se lo digo cuando pudo. Si no fuese por él, no estaría aquí.
Llegó a División de Honor joven y con muchos minutos de banquillo.
Sí, en el primer año de juvenil ya estaba y, sin duda, pasé mucho tiempo en el banquillo. Es duro porque viajas mucho y no juegas. Pero creo que es la forma de aprender. Tuve que trabajar mucho para ganarme el puesto.
Empezó como lateral ofensiva, después pasó a defender mucho y acabó como extremo.
En División de Honor, incluso comencé en el otro lado del campo, de extremo derecho y rectificando los lanzamientos. Extremo derecho, lateral derecho, lateral izquierdo… Y extremo izquierdo. Creo que trabajé para buscarme el hueco en el que hacía falta alguien y creo que es lo que me ha llevado hasta aquí. Nunca me importó cambiar el modo de jugar o el trabajar para mejorar en lo que no soy buena. Esa a sido mi trayectoria. He ido mejorando en lo que hacía falta y en el sitio en el que podía jugar.
¿Cómo trabajó esa faceta de extremo?
Fue difícil. Las porteras lo dirán porque, normalmente, cuando una lateral se ponen en el extremo, tienen algo de miedo. Trabajé mucho y estoy satisfecha con lo que hice hasta terminar por estar cómoda.
Y disfrutando en defensa.
Era algo que, en los primeros años, tenía como déficit. En ese tiempo, no defendía o lo hacía muy poco. Me lo marqué como objetivo porque, además, sabía que para ganarme un puesto en el equipo tenía que defender. Así lo hice, mejoré y cada año le cogí más el gusto. Para rendir ahí es clave trabajar duro y fijarse mucho en los movimientos y en las instrucciones de cada entrenador. Hay que ponerle ganas porque, en muchas ocasiones, es lo que menos gusta y la jugadora lo hace porque toca y no es la forma. Sí que se pueden hacer muchas cosas porque, en ocasiones, las jugadoras más valiosas son las que están en defensa y no las que meten más goles.
Siempre nos fijamos en quien hace los goles, pero normalmente ganan los equipos que mejor defienden.
Los que mejor defienden. Es algo clave y muy importante, que fui aprendiendo con los años. Es verdad que en las categorías base destaca la que mete goles. Te centras en atacar y en esos goles, pero al subir categorías, te das cuenta de que la clave está más en defensa o, incluso, que para poder atacar y meter goles tienes que defender. Si no lo haces, no te van a sacar del banquillo.
¿Cómo era aquel Porriño en el que comenzó?
El crecimiento del club, desde hace años, es notable. Espero que siga así y que siga creciendo. Lo están haciendo muy bien desde la directiva y ver que todo mejora es una alegría. Especialmente para la base. Es algo clave y se está haciendo muy bien. Además, ahora también vienen muchos a los partidos. Llevamos un par de años buenos en División de Honor y somos un poco espejo que engancha. En un primer momento, para los padres, que se animan más a venir y a traer a los niños, que también lo cogen con muchas ganas. Vienen a los partidos y, después, bajan a la pista con nosotras.
Por suerte, ahora disfruta de un balonmano profesional.
Sí, lo que creció el club y la liga también se nota en ese sentido. Todo mejoró y espero que todo siga creciendo. Ojalá volvamos a ver al Porriño en Europa y con una de oro. Aunque no pueda estar yo, si repiten, que sea como campeonas. Para mí, sería muy complicado poder seguir el ritmo que exige el balonmano si las condiciones llegan a ser las que había al principio. Por mucho que estudies o trabajes, se haría muy cuesta arriba. Y más este año jugando en Europa, que sería casi imposible compatibilizarlo con un trabajo. Jugando miércoles, que viajas el día anterior… Sería imposible. En estos años, aproveché para estudiar. Tengo una carrera y ahora estoy con un ciclo. Pero lo llevo con calma porque tengo que disfrutar del balonmano que dura poco y son los años de los que dispongo. Lo que no me veo es como entrenadora, nunca ho hice y yo disfruto de mi deporte jugando.
Y sabía que había equipo sénior porque había alguna jugadora adulta por allí.
Tuve la gran suerte de formar parte de este club porque creo que mira más por el grupo femenino que por el masculino y hay pocos que lo hagan. Siempre fue prioridad el de mujeres y es una suerte que me haya tocado poder disfrutarlo. Por eso, desde que entré, miré con admiración a las mayores. Por ello, sé lo que se siente cuando un niño está en la grada y esto te hace ser más empática cuando se acercan a pedir algo. Yo estuve ahí, en la grada.
Y ya le toca jugar con alguna hija de las compañeras que estaban cuando llegó .
Sí, sí. Y antes ya me tocó entrenar escuelas y compartir vestuario con alguna compañera de ahora. Es un ciclo. En su día, a mí me tocó que me entrenaran jugadoras con las que estuve en el equipo y ahora es al revés. Es una alegría ver cómo las pequeñas consiguen llegar.
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