Sara Vidal: “Empecé a llorar sin parar, ni avisé a mis padres; no era capaz”

Entrevista

No porta el ‘21’ celeste desde hace más de diez meses, pero nadie la olvida en Navia. Sara Vidal Acuña (Nigrán, 2002) sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior el pasado 13 de diciembre

Sara Vidal: “Empecé a llorar sin parar, ni avisé a mis padres; no era capaz”

Detrás de una sonrisa inagotable se esconde una jugadora que ama el baloncesto. No porta el ‘21’ celeste desde hace más de diez meses, pero nadie la olvida en Navia. Sara Vidal Acuña (Nigrán, 2002) sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior el pasado 13 de diciembre. El dolor durante estos meses no ha sido solo físico, también y, sobre todo, mental. Ajeno al sufrimiento que recaía sobre su rodilla derecha y su cabeza, la capitana nunca quiso que su vulnerabilidad afectase a su Celta Femxa Zorka.

¿Qué ambiente se respira en el vestuario para esta noche?

Ganas siempre hay de jugar y también un poco de nervios. Al final, llevamos una dinámica de seis derrotas sin ninguna victoria. Este partido es en casa, con los nuestros, justo antes del parón y, además, es contra un rival directo que tampoco ha ganado esta temporada. Estamos todos con muchísimas ganas de conseguir la primera victoria.

Es la capitana y de las pocas con experiencia en Liga Femenina. ¿Cómo se consigue aportar esa experiencia cuando no se puede sumar activamente en el juego?

Es muy complicado. Tenemos un bloque muy consolidado del año pasado; me conocen tanto fuera como dentro de la pista. Querer transmitir esa experiencia a las nuevas es muy difícil porque, por mucho que hables, si no lo demuestras en la pista, cómo voy a hacer que me crean. Al final, aportar no tiene por qué significar hacer grandes cosas. Puedes aportar muy poquito, pero siempre intentando sumar. Ayudar por un lado, decirle a una compañera que puede mejorar en algún aspecto y, sobre todo, dar ánimos. Ellas también te lo agradecen y yo durante todos estos meses me he sentido muy arropada por ellas. Es algo mutuo, de doble sentido.

¿Cómo evoluciona su rodilla?

Estoy en el punto de pasar de entrenar yo sola a empezar a incorporarme poco a poco a la dinámica del equipo. Estos meses han sido muy duros. Yo divido la recuperación en dos fases. Durante los primeros meses, cuando estás con una rodillera y muletas y no puedes hacer nada por ti misma, llegaba aquí a los entrenamientos, las veía entrenar y no me apetecía estar dentro de la pista. No podía andar, no podía hacer nada por mí misma, no podía coger el coche ni siquiera ducharme. Además, estaba muy enfadada porque me preguntaba que por qué me tuvo que volver a tocar a mí. Ahora, en esta segunda parte, la cabeza va más rápido que el cuerpo. Te notas bien, eres capaz de caminar y correr y te cuestionas el porqué no estás para entrenar. Los entrenadores nos están pautando mucho el proceso y nos hacen ser conscientes de que no hay prisa y de que a la mínima que hagas un movimiento que no toca, todo el trabajo que he hecho puede no servir para nada. Tengo muchísimas ganas de incorporarme al equipo, pero no tengo ninguna prisa. En cuanto los entrenadores me vean preparada y yo tenga buenas sensaciones, adelante. Espero que sea dentro de poquito.

El 13 de diciembre se cumple un año de su rotura. ¿Cómo ha sido este 2026, deportiva y personalmente?

Soy una persona que, si está mal, no lo demuestra. Siempre voy a estar con una sonrisa, intentando hacer lo mejor por los demás. No me gusta que me vean mal. Sin embargo, había días que llegabas aquí, veías a tus compañeras y, con la que tienes más afinidad, siempre sacabas tu lado más emocional y te echabas a llorar derrumbada. No solo con las de aquí, también con mis amigos de siempre, que han sido un gran refuerzo para mí. Y lo más importante es mi familia, que ha estado conmigo de principio a fin, llevándome a todos lados y dándome su apoyo. En la vida hay momentos mejores y peores. Me ha tocado vivir uno de estos últimos, pero soy fiel a que cuando tocas fondo, solo puedes ir hacia arriba. Poco a poco estoy volviendo a coger confianza. Ahora mismo estoy en un momento muy feliz porque la rodilla me va respondiendo bien y todo va bien.

¿Cómo ha sido su convivencia entre el dolor físico y mental?

Mucho peor el dolor mental. Esta lesión la había vivido y sabía que iba a ser un proceso, pero la viví hace muchos años, cuando tenía quince. Ahora tengo veinticuatro y no recordaba verdaderamente lo que era esto. Estar aquí, estar en los partidos y que te pregunten las niñas pequeñas o los padres por cuánto te queda o que te quieren ver de vuelta, son mensajes que pueden parecer una tontería, pero reconfortan un montón. Te dan muchísimas ganas y fuerza para seguir trabajando día a día. Para mí era como un empujón extra pensar que también les podía enseñar a las niñas que, aunque con esfuerzo se consiguen muchas cosas, a veces también te pueden venir cosas malas. Ha sido muy duro, pero lo he enfocado en demostrarle a la gente que, por muy mal que estés y por muchas cosas que te pasen, puedes volver.

¿Cómo fue afrontar la misma lesión con más madurez, pero siendo más consciente del camino le esperaba?

Me acuerdo perfectamente del día de la noticia. Fue justo antes de las vacaciones de Navidad. El equipo se iba a jugar a Barcelona y yo me quedaba aquí, esperando la llamada de los médicos. Durante la mañana del viernes no me habían llamado y todos me decían que me llamarían el lunes, que desconectase el fin de semana. Estaba en mi casa y de repente empezó a vibrar el móvil. En cuanto cogí la llamada, me dijeron que me había roto el ligamento cruzado anterior y empecé a llorar sin parar. Escribí a Carlos Colinas y a Cristina Cantero y después apagué el móvil. Ni siquiera avisé a mis padres. No era capaz. Empecé a llorar porque ya había vivido esta lesión y sabía lo que conllevaba. Volver a pensar en todos los meses que suponía, no solo en el tiempo de recuperación, sino también en el tiempo de volver a coger ritmo de juego. Fue muy duro. Se me pone la piel de gallina al recordarlo.

¿Le surgieron nuevos miedos a raíz de la lesión?

Realmente, ninguno. Desde la primera vez soy fiel creyente de que, si estás entrenando y jugando con miedo a volver a lesionarte, te vas a volver a lesionar. Jugar con miedo no te va a llevar a nada. Cuando empiezas a hacer las cosas de nuevo, tienes que hacerlo con cabeza y poco a poco. Siempre se te pasa por la mente el pensamiento de que, si apoyas un poquito mal, igual se te vuelve a ir la rodilla. Pero intento quitármelo de la mente, centrarme realmente en lo que estoy haciendo y no pensar en eso. Al final, si vas a estar jugando y entrenando pensando en que te vas a romper, no eres feliz jugando ni estás disfrutando de lo que realmente haces.

No entiende su vida sin el baloncesto. ¿Ve de forma diferente el deporte que ama desde la lesión?

Sí, sobre todo me ha hecho darme cuenta de lo mucho que lo amo y lo mucho que lo quiero. Muchas veces llegas aquí y tienes un mal día y no te apetece entrenar. Ahora que realmente no puedes hacerlo, me he dado cuenta de lo mucho que quiero este deporte y de las ganas que tengo de volver a jugar.

¿Qué le diría hoy a aquella Sara que apagaba desconsolada el móvil cuando supo que se había roto?

Que estuviese tranquila. Me considero muy trabajadora y cabezota con lo que quiero. Si quiero algo, voy a trabajar para conseguirlo. Que lo consiga o no ya es otra cosa, pero voy a trabajar e intentar conseguirlo por lo civil o por lo criminal. Le diría que estuviese tranquila porque tiene todo lo que necesita: a su familia, a sus amigos y a la gente del club, que la conoce desde es una niña. También que todo iba a salir bien, que es un proceso largo, pero que iba a salir de esta, seguramente, más fuerte, madura y con más ganas que nunca.

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