Salir del pozo en bicicleta
ciclismo
El moañés Cristóbal Budiño padece párkinson y completó su reto de 500 kilómetros
A Cristóbal Budiño (Moaña, 1980) le diagnosticaron párkinson a los 43 años. Doce meses después, tocó fondo. Sin embargo, un documental le cambió la vida.
Una vez le dieron el diagnóstico, como es evidente, no lo consiguió asimilar y entró en bucle. Pasó un 2024 muy malo anímicamente, sin ganas de nada. Es en abril del año 2025 cuando su cabeza hizo ‘clic’. Entró en contacto, de casualidad, con un documental de Alberto Estrada, un deportista gaditano al que también le detectaron párkinson en estado temprano, cuando tenía 40 años. Lo interesante de su historia es que no plantea el deporte como una competición contra la enfermedad. Tras el diagnóstico, se hizo una pregunta existencial: ¿qué cosas quiero hacer mientras todavía puedo hacerlas? La obra audiovisual titulada “Vivir es la Meta” relata desde dentro una de las mayores hazañas que Estrada logró. Quería correr las 100 Millas Sierras del Bandolero, una prueba de unos 160 kilómetros. Y lo hizo. Completó el desafío en 27 horas, con más de 6.000 metros de desnivel positivo.
Al verlo, el moañés Cristóbal Budiño pensó: “Si él pudo, yo también. Tengo que hacer algo parecido”. En ese proceso de búsqueda, se dio cuenta de que la bicicleta era el medio ideal, ya que en ella, no sufre nada. “En la bicicleta, no tengo apenas síntomas y tampoco dolor”, explica. El deporte es su mejor medicina.
Después de darle muchas vueltas a la cabeza, decidió crear el reto ‘Pedaladas de Coraje’. Una motivación personal pero con el objetivo de dar a la conocer su enfermedad. “Lo primero que quería era demostrarme a mí mismo que sí puedo. Luego, quería darle visibilidad al párkinson que, aunque parezca que no, no se conoce tanto como se debería”. Menciona el insomnio o el estreñimiento como síntomas desconocidos, por poner dos ejemplos.
“Quería demostrarme que puedo y dar visibilidad a mi enfermedad; ahora ya no puedo parar”
El objetivo era hacer 500 kilómetros en bicicleta y atravesar las cuatro provincias gallegas. Desde Ribeira hasta Santiago de Compostela en varias etapas. Y lo logró. Por si fuera poco, la meteorología no lo acompañó demasiado. Numerosas jornadas estuvieron marcadas por la lluvia, el viento y el frío. Para los que se pregunten por qué una persona de Moaña iba a querer empezar en Ribeira, tiene una explicación muy sencilla. “Allí nacieron mi mujer y mis dos hijas. Era el sitio perfecto para empezar”, explica.
El pasado sábado llegó a la catedral de Santiago, donde fue recibido entre felices vítores por su familia y amigos. Por una parte, fue el final de una hazaña histórica y, por otra, el inicio de una lista de retos que tiene por delante: “Ahora que empecé ya no puedo parar. Ya tengo en mente varias cosas".
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