piragüismo slalom
El reset de Ainhoa Lameiro
piragüismo slalom
Por norma general, cuando alguien te dice que necesita tomarse un tiempo, es que el asunto pinta feo. Esa pausa suele ser el precedente de la ruptura. Aunque, por otra parte, ya se sabe que cuanto más cerca estás de algo, más difícil es poder verlo. Por eso, hay ocasiones en las que alejarse de lo que más quieres sirve para amarlo con más fuerza. Eso hizo Ainhoa Lameiro con el piragüismo slalom el verano pasado. Una desconexión que a punto estuvo de ser definitiva, pero que se quedó en temporal y con una nueva realidad en su vida, en forma de incorporación al mundo laboral, que ahora compagina con el deporte. A la vista está la incidencia positiva para la salcedense, que fue segunda en la Copa Pirineos que se celebró el pasado fin de semana en la Seu D'Urgell.
“Después de las pruebas selectivas de 2025, ya no podía más; estuve muy a punto de retirarme”
“Es solo una bajada”, se apresura a acotar con humildad. “Tampoco quiere decir que ahora vaya a ser campeona del mundo”, añade mientras suelta una carcajada. “Es un resultado que me da confianza, pero tengo que ir poco a poco”, explica la palista salcedense al otro lado del auricular desde la propia Seu, su hogar de acogida desde hace unos años. Y sabe bien por qué lo dice. Este podio en la Copa Pirineos, esa buena actuación, este 2026 en competición son, de algún modo, un regalo que ella misma se ha brindado. Porque nada de esto aparecía en el horizonte el pasado verano. “Estuve muy a punto de retirarme. No me faltó nada”, reconoce tras tocar fondo después de las pruebas selectivas de 2025. “Le dije a mi entrenadora que no podía más. Que lo quería dejar”, recuerda Ainhoa.
Su cabeza dijo basta. De puertas para fuera, el deporte de élite es la adrenalina de la competición, la alegría de la victoria o la pena de la derrota. Pero de puertas para dentro hay más. Mucho más. “A nivel económico, mi vida dependía de mis resultados. Eso me cargaba de mucha presión”, confiesa. “Ir a una competición y no lograr una buena posición significa no tener becas. Y yo estoy pagándome un piso. No estoy en un CAR con todo cubierto. Mis padres me lo pagaban, pero ya tengo 25 años y no quiero meterles ese peso”, desvela Lameiro sobre la dura realidad del deportista, antes de una reflexión aún más cruda: “He dedicado toda mi vida al piragüismo y nunca me salió bien”.
“Me puse a trabajar en verano y en ningún momento eché de menos la piragua; estaba muy quemada”
Por todo ello, Ainhoa tomó la determinación de apartarse del deporte y empezar a trabajar ejerciendo de monitora en un colegio para niños con necesidades especiales en su localidad de adopción. Así, durante todo el verano de 2025. “Sinceramente, en ningún momento eché de menos la canoa. Estaba muy, muy quemada”, confiesa. No obstante, la de Salceda debía acudir a la Copa del Mundo de Augsburgo en septiembre. Por eso, de vez en cuando, iba al canal a entrenar. Como si fuera una aficionada. Así, casi sin querer y, desde luego, sin esperarlo, la llama volvió a prenderse. “Cuando fui a Alemania recordé lo guay que era la sensación de compartir tiempo con todos en la selección. Y también la de competir”, rememora mientras se intuye una sonrisa en su rostro por el tono de su voz. “Fue en Augsburgo donde me volvieron las ganas y donde me planteé que quizás no había que retirarse ya”, apostilla.
A la vuelta, Lameiro decidió darle una vuelta a su enfoque competitivo. “Había vuelto a sentir esa alegría. Por eso, antes de retirarme definitivamente, decidí darme otra oportunidad y compaginar ambas cosas”, resume la salcedense, que tenía claro que lo más importante era volver a disfrutar del piragüismo. Y aunque pueda parecer lo contrario, compatibilizarlo con un trabajo la ayudó. Le dio una certidumbre económica y, por tanto, le quitó presión. “Tengo una seguridad que me permite hacer piragüismo porque quiero, porque es mi hobby y porque de verdad lo disfruto. Ya no es una obligación”, explica con claridad, mientras reconoce cómo el proceso la ayudó a entender lo que antes la bloqueaba. “Entrenando estaba contenta. Lo que me agobiaba era competir. Pensé que si le sacaba la angustia a la competición, empezaría a disfrutar. Y así ha sido”, reflexiona.
“En Augsburgo recordé lo guay que era estar con todos en el equipo y competir; volví a sentir esa alegría”
Y aquí aparece la palabra más repetida en la conversación. Ainhoa conjuga tantas veces el verbo disfrutar que resulta complejo encontrar sinónimos para no caer en la reiteración. “Entendí que es la clave de todo”, resume. “Para hacer deporte de élite tienes que disfrutarlo. Si no, no tiene sentido porque no te va a merecer la pena todo lo que conlleva”, razona la salcedense, que ha cristalizado el proceso en un gran fin de semana en una cita internacional de buen nivel. Y eso que la bajada del clasificatorio no fue todo lo buena que habría querido. “Entré en la final de última y por los pelos”, incide Lameiro, que se concentró en -nuevamente- disfrutar de la final. “Total, más abajo no podía quedar”, bromea. La receta funcionó y solo se vio superada por Nuria Villarrubla.
En todo caso, unos días de competición con muy buen sabor de boca. Y no solo por el segundo puesto. “He vuelto a disfrutar en el canal. Y ya no solo la bajada de la final. Aunque no me saliera muy bien, la anterior también. Incluso el día previo, que siempre tenía nervios”, reconoce. “Estoy muy contenta porque por fin he encontrado de nuevo esa sensación”, concluye Ainhoa, lista para dar guerra en 2026 después de su bendito reset.
En el momento más bajo de su relación con el piragüismo, Ainhoa Lameiro empezó a trabajar el pasado verano como monitora en un colegio para niños con necesidades especiales de la Seu D'Urgell. Más allá de permitirle tener una solvencia económica al margen de la exigencia de los resultados y de ayudarle a revivir su pasión por la canoa, la actividad laboral ha resultado ser de lo más enriquecedora para la salcedense . “Me está gustando mucho”, confiesa la palista, que estudió Administración y Dirección de Empresas y ahora valora seriamente darle una vuelta a su capacitación. “Me planteo estudiar Educación Infantil”, reconoce, mientras añade: “Siempre me gustaron mucho los niños”.
Después de años absorbida por la exigencia de la élite, el trabajo ha ampliado la mirada de Ainhoa. “Mi vida ya no son solo las piraguas. Esto me sirve para ver que si el deporte va mal, valgo para más cosas aparte del piragüismo”, explica medio en broma, medio en serio.
Esta es su nueva realidad. Se levanta a las 6:00 para hacer natación antes del trabajo. Al acabar, al canal. Así hasta las 20:00 que llega a casa. “Es un día a día un poco loco. Pero estoy contenta”, confiesa con la naturalidad de quien es feliz con lo que hace.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
piragüismo slalom
El reset de Ainhoa Lameiro
Balonmano
El peor del mejor momento
Natación adaptado
Juan Ferron ratifica la categoría S12 y apunta a Los Ángeles