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Ya hace dos años y medio que Sara Viéitez dejó Vigo para mudarse a Sevilla. Quería cumplir su sueño. Y lo logró. La viguesa se convirtió en profesional de las artes marciales combinadas en la ciudad hispalense como parte activa del gimnasio Sutemi, en el que da clases para completar su actividad deportiva. La capital andaluza la adoptó a ella y ella adoptó su acento para adaptar su norte innato al sur que le ha dado la oportunidad. “Me rodeo de sevillanos y claro, al final se me pega un montón”, reconoce.
Allí, en su nuevo hogar vivió el pasado sábado su cuarto combate dentro de la velada de la firma WOW, la más importante a nivel estatal. El evento se retransmitió por Movistar y por la plataforma de la UFC a nivel mundial. Una cosa seria. Y Sara respondió de manera espectacular. En menos de un minuto sometió a su rival, Judith Cantero. Como la más peligrosa de las serpientes, solo necesitó un segundo para dar un abrazo letal. Rodeó con todo su cuerpo el brazo izquierdo de su adversaria, que solo pudo rendirse entre gestos de dolor extremo. Un arm lock de manual. “Sé que ella tenía menos nivel de lucha, pero la estrategia era tantear un poco arriba con el striking (golpes de pie)”, explica. “Pero el suelo se dio antes de lo que teníamos pensado y, una vez ahí, fuimos a por todas”, confiesa.
“El suelo se dio antes de lo que teníamos pensado pero, una vez ahí, fuimos a por todas; fue una felicidad absoluta”
Todo sucedió en un instante, pero después de que el árbitro las separase, los sentimientos brotaron de Sara. “Fue una felicidad absoluta”, reconoce. “No me podía permitir perder en casa. Encima, había venido mi familia desde Vigo”, apunta Viéitez, que en el momento del sintió pensó el “ya está” del alivio. “Ya solo quedaba disfrutar con mi gente”, recuerda que pensó, aunque ellos quisieran más espectáculo. “Venimos desde Galicia y poco más y no te vemos pelear”, le dijeron sobre su KO fulgurante.
“Es el combate que más disfruté. Sin duda. Me sentí muy arropada por la gente de Sevilla”, reconoce. “Pero, como importante, está a la par con el de Francia. Aunque perdiera, fue de muy alto nivel y saqué un gran aprendizaje. Me ayudó a crecer como deportista”, explica sobre la derrota ante Morgane Dehaye.
Tras este último triunfo, Sara tiene un 2-2 en su casillero. “Ya estoy esperando por el siguiente para poder hacer un récord positivo”, subraya, sin fecha definida para el próximo envite. “Ahora es como si empezase otra vez con 0-0, pero con experiencia”, bromea Viéitez con la sorna gallega intacta pese al acento sevillano. “Fíjate que el lunes ya estaba entrenando para seguir mejorando”, apostilla la viguesa, que salió de la jaula como si no hubiera entrado. “La verdad es que tengo la cara intacta sin rasguños, ni moratones ni nada”, concluye. Como una reina. En este caso, la del norte, haciendo vida en el sur.
Sara Viéitez se ha adaptado a la perfección a su vida en Sevilla sorteando algunos cambios de realidad bastante radicales. “En verano, a casi 50 grados… Imagínate entrenar así”, reconoce. Pero más allá de detalles como ese, la viguesa está encantada junto al Guadalquivir y con su día a día en Sutemi, el gimnasio que se ha convertido en el epicentro de su vida. “Me paso el día allí”, explica con un agradecimiento sincero. “Estoy cumpliendo un sueño. Puedo vivir de esto”, reconoce Sara. “He hecho grandes amistades, que se han convertido en familia”, confiesa Viéitez. “Soy muy feliz con mi vida. No necesito nada más que poder seguir peleando”, resume.
Pero, aunque su realidad “ha cambiado totalmente” con respecto a cuando estaba en Vigo, la luchadora no olvida sus raíces. “Claro que echo de menos. A terriña é a terriña”, apunta Viéitez, con una morriña especial por la playa. En el futuro, espera volver a combatir en la zona, como hizo el año pasado en una velada de boxeo en Porriño. “Me encantaría hacer un combate en casa”, subraya para acabar.
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