Quique Domínguez: “Entrenar al Cangas me parece un reto bonito, me apetece mucho”
Balonmano
El entrenador pontevedrés regresa a Galicia para dirigir al conjunto cangués y disfrutar de una afición que sufrió durante décadas
Vigo/ Quique Domínguez (Pontevedra, 56 años) regresa este verano al balonmano gallego para hacerse cargo del banquillo del Cangas. Disfrutará del ambiente favorable de O Gatañal tras décadas sufriéndolo, primero como jugador y, después, como entrenador. Pasó por Octavio, Teucro y Anaitasuna.
¿Cómo es su llegada al Cangas?
Fue por medio de una llamada por parte de Óscar Fernández (director deportivo) y un café que tomé con él y también con el presidente, Alberto. Ellos mostraron su interés y yo también lo tenía porque quería volver a casa. Me gustó mucho la idea, me pareció un reto bonito y estuvimos con más encuentros hasta llegar al acuerdo.
Después de muchos años sufriendo el ambiente de O Gatañal, lo va a tener a favor.
Claro, claro. He jugado muchos años en Cangas, como jugador y en todas las categorías. Pero siempre con el ambiente en contra. Ahora, va a estar a favor y me apetece mucho vivirlo. Quiero tener a esa gran marea de parte del equipo. Es una de las cosas que me motivan y que me apetecen vivir.
Y también es uno de los pocos retos que le quedaban por afrontar en Galicia.
Sí, después de estar en el Octavio y el Teucro, como entrenador y como jugador. También estuve en el Novás… No me quedaban muchos. Este es uno de ellos y en la máxima categoría es el único que hay. Llego después de un palo gordo, con un descenso duro aquí en el Anaitasuna. Seguir en Asobal es una gran motivación y me apetece poner mi granito de arena para que el club siga creciendo y se pueda consolidar en la Liga Asobal. La intención por parte de todos es hacer un Cangas cada vez más fuerte y mejor.
Trabajamos para hacer un equipo competitivo dentro de las limitaciones de la entidad"
¿Cómo vivió el descenso con el Anaitasuna en la última jornada?
Es duro y llegó en un partido extraño. También para el Cangas, que asistió a nuestro descenso. Nosotros nos presentamos en ese encuentro final dependiendo de otros. No nos servía solo con ganar y no se dieron los resultados que nos beneficiaban. Nos quedamos con la idea de que lo dimos todo, que nos vaciamos, pero que no ha sido suficiente. Hemos estado en una liga muy igualada en la que seis equipos terminamos en el margen de un punto y a nosotros nos desciende la diferencia de goles.
En su caso, llevaba un lustro en el Anaitasuna y se le estropeó al final.
He disfrutado mucho en el Anaitasuna. He estado muy identificado con la entidad y con la ciudad. Me he sentido muy bien y quería terminar de la mejor manera. Me voy con la tranquilidad de haber dado lo mejor de mí, de haberme vaciado, pero con esa pena de no haber podido dejar al equipo en la máxima categoría.
Seis equipos en un punto por la parte baja de Asobal, ¿cada vez se hacen mejor las cosas?
No sé si se hacen mejor las cosas, pero sí que hay una igualdad terrible. Son varios años los que se llevan resolviendo por detalles muy pequeños. Nosotros nos podíamos acordar de muchos partidos, de momentos con acciones injustas… Muchas cosas que valdrían para salvar la categoría, pero son cuestiones que no suman. La realidad es que no hemos podido y te quedas muy vacío, con una sensación muy extraña.
¿Es la realidad que espera para el Balonmán Cangas?
Las temporadas nunca sabes cómo salen. Ahora, tenemos que armar un equipo porque se van muchos jugadores y llegan otros. Algunos ya se conocen y otros están sin anunciar, pero seguimos trabajando para hacer un equipo lo más competitivo posible dentro de las limitaciones y la realidad del Cangas. Peró sí que tiene pinta que la Asobal seguirá siendo una liga muy competitiva y que se decidirá en pocos puntos. Habrá muchos enfrentamientos directos en los que se determinan muchas cosas, como el ‘golaverage’, que a nosotros no nos sirvió para salvarnos en un triple empate. Con lo cual tiene pinta que irá por ahí.
Tengo 56 años y debo hacer un gran esfuerzo para llegar a los jugadores de 18 o 20"
Usted que lleva años en la liga, ¿notó una mejoría?
Todavía quedan muchos aspectos a mejorar. Es cierto que esa igualdad y, en muchas ocasiones, esa falta de presupuestos hacen que haya muchos jugadores jóvenes y que muchos equipos apuesten por la cantera. Entre ellos están el Anaitasuna y el Cangas, pero hacen falta otras cosas que le puedan dar empaque a la liga y que sí las hay en el balonmano europeo. Estamos muy lejos de otras ligas, es algo evidente. No puede considerarse a un jugador como profesional y, después, que su sueldo tenga poco que ver con un profesional dedicado a ello. Hay que avanzar para que se consigan estas situaciones que, por ahora, no se dan. Es cierto que hay un gran trabajo por parte de los directivos, pero falta la estructura que tiene que tener una liga fuerte o, al menos, que pueda dar los pasos para ir mejorando.
¿Es una liga demasiado exportadora de talento?
Es la realidad. No somos capaces de retener a jugadores. Cada vez se van más y más jóvenes y así el nivel baja. Es verdad que, al marchar, se le da paso a los que todavía son más jóvenes, pero es cierto que no retenemos a los jóvenes de talento que van creciendo. Esto habla de una liga débil y de otras que cada día son más fuertes, tanto en mercadotecnia como en la parcela deportiva.
¿El dominio de Barça perjudica a la liga?
Es un club de fútbol, pero creo que para la Liga Asobal no es bueno que se sepa el ganador antes de comenzar. Quita un aliciente claro a la fase regular porque, antes de jugar, ya se sabe el campeón. Resta mucho interés porque es una entidad que tiene a un club de fútbol por detrás y se sabe que va a ganar. Los demás competimos por lo otro y es cierto que todo lo demás tiene interés, porque hay mucha competencia por las plazas europeas y por eludir el descenso. Pero no existe ese aliciente de pelear por el campeonato y no es bueno para la liga.
Creo que soy ahora un mejor entrenador que el que llegó al Anaitasuna hace cinco años"
¿Qué queda del Quique Domínguez que comenzó a entrenar?
La ilusión la mantiene y la pasión creo que la tiene todavía más. Pero creo que ha habido una evolución muy grande en mí como persona y también como entrenador. Lo contrario diría muy poco de mí. Sería muy torpe si no hubiera sido así. También aprendí mucho en estos años en Pamplona. Siempre digo lo mismo: no sé si soy un buen entrenador, lo que sí sé es que soy mucho mejor que cuando empecé porque me he empeñado mucho en ello. Lo bueno o malo que soy lo tienen que decir otros. Para unos seré mejor y para otros, menos bueno. No puedes contentar a todo el mundo, pero yo estoy contento por la evolución que he llevado y de cuánto he ido aprendiendo porque me he empeñado mucho en eso y lo sigo haciendo. Estoy seguro que el Quique Domínguez que llega ahora a Cangas es mejor entrenador que el que llegó al proyecto anterior.
¿Se aprende a tener paciencia en al banquillo?
Es una de las cosas, vas relativizando todo un poco más. Y vas teniendo más herramientas en la gestión del grupo, en el manejo de las emociones y en dar a tus jugadores instrumentos para manejar eso tan recurrente, como es gestionar la presión. Sí que la paciencia es una de las herramientas. Y, después, todo ese bagaje del manejo de las emociones, de mejorar la comunicación y de ser cada día un poco mejor director de grupos y de equipos. Y que los deportistas sean cada vez mejores jugadores y personas. Sí que incido mucho ahí. Algunos jugadores son más receptivos que otros, pero yo lo trabajo mucho, porque en la parte de la competición hay una parcela mental que hay que entrenarla y le dedico tiempo a ello.
Usted comenzó con otra generación de jugadores, que tenía otros gustos y otras costumbres.
Si, sí, es diferente y es algo lógico. Yo voy cumpliendo años, como todos. A veces, esa brecha de edad hace que cueste entender esos gustos, actitudes y comportamientos. Y en ese aspecto tengo que preocuparme mucho para que mi mensaje les llegue. Una de las claves de todo entrenador es que te puedan entender y seguir. Tengo ya 56 años y esta temporada entrené a jugadores de 18 y de 19. Ellos tienen que hacer un esfuerzo, pero yo también tengo que hacerlo si quiero que me entiendan, que me sigan y que el mensaje que les transmito les llegue e influya. Es una de las claves.
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