Marlon Mendoza: "Hay que sudar en el entreno para que el partido sea un descanso"
Marlon Mendoza. Jugador del Club Vigo Voleibol
Mientras la pelota siga en el aire, siempre habrá otra oportunidad. Esa es la esencia del voleibol. Y precisamente es en el espacio aéreo donde están los dominios de Marlon Mendoza (San Antonio, Colombia, 2000). El máximo anotador del Club Vigo visitó Atlántico para hablar del fantástico inicio del equipo de Coia, en el que cumple su segunda temporada junto a su entrenador y amigo Pablo Parga y en el que disfruta del juego, de sus compañeros y de la vida. Y así quiere seguir: paseando por las nubes.
¿Qué tal se vive en las alturas del pabellón de Coia?
Pues súper bien. Esta es mi segunda temporada aquí. La primera estuvo muy bien, me recibieron y me acogieron de excelente manera y me siento súper contento con todo.
Están teniendo un muy buen inicio de temporada. ¿Satisfecho con el rendimiento del equipo?
Sí, claro. La verdad es que me gusta mucho el equipo. Pienso que tenemos mejor plantilla que el año pasado y en la pista se está viendo reflejado el trabajo. Sin embargo, hay cositas que se tienen que mejorar. Llegará con el paso del tiempo porque estamos entrenando bien.
¿Se marcan algún objetivo concreto a final de temporada, o van partido a partido?
La idea es competir cada semana contra todos. Como deportista, uno siempre quiere lograr cosas y trata de ganar todo lo que pueda y meterse donde haga falta.
Además con muchos partidos en cinco sets. Otra cosa no, pero están dando espectáculo.
Están saliendo partidos bastante interesantes para el espectador. Nos ayuda mucho el apoyo de la afición aquí en casa, donde como decía, se ve reflejado el trabajo en la pista. Y estos son los frutos.
Usted llegó a España de la mano del San Sadurniño. ¿Cómo es para un chico de 19 años llegar desde Colombia a este pequeño pueblo de Ferrolterra?
Era la primera vez que venía a Europa, estaba solo y llegué súper nervioso. Sin embargo, la gente me acogió bien y me ayudó para poder mejorar cada día, como es lógico cuando eres tan joven. La experiencia fue excelente.
Allí conoció a Pablo Parga, entrenador del Club Vigo, que le propone venir. Tienen una relación muy cercana y, de hecho, viven juntos. Una persona muy importante en su vida.
Pues sí. Desde que llegué a San Sadurniño ha hablado mucho conmigo y me ha corregido bastantes cosas. Le tengo mucho cariño porque me ha ayudado con muchísimos aspectos desde que vine a Europa. Tenemos una relación muy estrecha. Aparte de mi entrenador, es un gran amigo. Estoy muy agradecido por todo lo que hace por mí.
El voleibol es un juego muy rápido y explosivo, pero también requiere estar pensando siempre. ¿Qué se le pasa por la cabeza cuando ve la pelota en el aire antes de rematar?
Pues fíjate que ya todo es como muy automático. Evidentemente que hay situaciones en las que tienes que pensar, pero el tiempo que tienes es súper corto. Casi en lo único que piensas es en que tienes que hacer el punto.
Porque rematar no solo es estamparla contra el suelo. Se pueden buscar bloqueos fuera, rebotes… Siempre hay opciones. ¿Cómo es el proceso de elección?
Pues mira que... (se ríe) Es muy complejo. Cada jugador tiene su fuerte. Hay algunos que, como no tienen tanta potencia, usan otros recursos como los 'block out' o las fintas y otros que le pegan siempre. Y ahí estamos, aprendiendo a hacer todas.
Según el momento, ¿no?
Exactamente (se ríe). Es que casi no tienes tiempo. Es lo que te salga.
En tertulias entre compañeros, me gusta decir que el voleibol es el más colectivo de los deportes colectivos. ¿Cómo lo ve usted?
¡Sí! Para poder hacer las cosas bien, dependes de otro. Es muy importante la unión que tenga el equipo dentro y fuera de la cancha. Si todos nos llevamos bien, uno va a intentar ayudar al otro en todo lo que pueda. Esa colectividad que tenemos es excelente. Somos una familia y ayuda muchísimo.
Sin embargo, la responsabilidad recae en el que remata. Y, en este caso, usted es el que más remata. ¿Cómo convive con esa presión de no fallarle a tus compañeros?
Sé que todos confían en mí. Yo trato de entrenarme todos los días para ser cada vez más fuerte y poder devolverles esa confianza en forma de rendimiento.
Entre esos compañeros, el colocador es el que conecta todo. ¿Cómo se coordina con él?
Hay que hablar mucho. Principalmente, en los entrenamientos, para que en el partido, con alguna seña o un gesto que tengas con el colocador, ya se entienda cómo quieres la bola. Para que eso pase, tiene que haber mucha comunicación. Es imprescindible en nuestro deporte.
Hablando de desgaste físico, ¿cómo le quedan las piernas después de tantos saltos?
Es verdad que hay puntos que son algo largos y yo me agito. Pero al acabar el partido no es que me sienta súper cansado. No sé si es porque mi estado físico es bueno, pero no termino muy agotado.
Imagino que hay mucho trabajo de levantar hierro detrás.
Exactamente. Hay que sudar en los entrenos para que el partido sea un descanso.
Aunque lo de las piernas, usted ya lo tenía desde niño porque jugaba al fútbol en Colombia.
Sí. Desde chiquitico siempre me gustó el fútbol. Mi hermano Brandon es muy bueno y siempre le veía. También hacía otros deportes como balonmano o atletismo. Afortunadamente, todos se me daban bien.
¿Por qué eligió el voleibol?
Empecé como hobby a los 14 años. Pero me fue envolviendo y cuando me quise dar cuenta, ya estaba aquí.
Y no le va nada mal. Sé que tuvo opciones para salir este verano a equipos más fuertes. ¿Por qué decidió quedarse en Vigo?
Antes de acabar la temporada estaba hablado con el presidente (Guillermo Touza) que iba a seguir. Además, se han portado muy bien conmigo y me han dado todo lo que yo he necesitado. Y este año se ha armado un proyecto muy interesante, el equipo ha subido con la incorporación de los dos argentinos y de Lucas. Todo esto le llama a uno a querer continuar porque es gente que quiere avanzar y yo estoy en lo mismo.
Con el futuro que tiene, es inevitable pensar en un salto de categoría o de país. ¿Cuál es el salto con el que sueña Marlon Mendoza en el voleibol?
A mí me gustaría jugar en muchos lugares. En Brasil, en Francia, en Italia. Tengo ese anhelo, ese sueño, donde el voleibol es una potencia a nivel mundial. Y, desde luego, seguir aprendiendo. Aprovechar que aún soy joven para aprender cada lugar al que vaya y de cada entrenador que tenga. Todo esto, junto al trabajo, es lo que me mueve a cumplir mis objetivos.
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