El progreso es la mejor arma ante la precariedad

Balonmano

El Porriño sentenció la eliminatoria ante el Atzgersdorf con un balonmano dinámico y proactivo a años luz del juego lento y rudimentario del equipo austriaco

Maddi Bengoetxea localiza en lanzamiento ante la guardameta Ikvic en una tarde perfecta para la escuadra louriñesa, que hoy cumplirá con el trámite del segundo partido frente al WAT.
Maddi Bengoetxea localiza en lanzamiento ante la guardameta Ikvic en una tarde perfecta para la escuadra louriñesa, que hoy cumplirá con el trámite del segundo partido frente al WAT. | Vicente Alonso

Puede que a veces no funcione. O que tarde en llegar. O que se encuentre palos en las ruedas. Pero, por norma general, la apuesta por el progreso suele ser la mejor solución contra la precariedad. También en el balonmano. Y el Orbe Zendal Porriño lo demostró ayer de forma incontestable. El equipo rojo zanjó ayer la eliminatoria de octavos de final contra el WAT Atzgersdorf austriaco, que hoy (19:30, TVG2) resolverá en el segundo de los dos encuentros que acoge el Municipal este fin de semana. Lo hizo con un balonmano moderno, veloz y proactivo que tumbó de manera escandalosa a un equipo centroeuropeo anclado en el pasado, muy robusto, sí, pero lento, tosco y sin soluciones tácticas. 

Poco importó que Isma Martínez no pudiese contar con Maider Barros ni con la juvenil Isis Moreno por normativa. Tampoco que Daniela Moreno forzase para jugar -la madrileña se fue a los 4 goles- o el potencial goleador de la croata Laura Brezenci -hizo 3, 2 de penalti-. La superioridad era tan inmensa que bastó el acto inicial para resolver el asunto.

De hecho, solo hubo algo parecido a un partido de balonmano en los primeros cinco minutos. El Porriño avisó de lo que iba a suceder metiendo 6 goles en lanzamientos cómodos. Las austriacas aguantaron el tipo con Brezenci anotando sus tres tantos. Hasta que el equipo local -que ayer ejerció de visitante- se ajustó del todo en defensa. La buena argumentación de la profundidad y la activación de piernas aumentó y las jugadoras centroeuropeas se quedaron sin respuesta. Solo lanzamientos lejanísimos y a la desesperada. La nada. De esta forma, acumularon hasta 12 pérdidas en la primera parte. 

En ataque, la punta de lanza del progresismo -también del balonmanístico- fue Paulina Buforn. Da gloria ver jugar a la ibicenca en cualquier situación. Pero contra una defensa rígida como una barra de futbolín, sin movilidad y sin entendimiento táctico, el asunto se convirtió en una exhibición. La balear hizo de todo y todo bien. Desde el extremo, desde la primera línea, penetrando, asistiendo, dirigiendo. Un espectáculo.

Al descanso, la historia estaba resuelta. Un 9-20 clarificador. Por el camino, Isma había rotado cuidadosamente a sus jugadoras para evitar percances. Todas participaron de la goleada en mayor o en menor medida. También Palomino desde la portería. En la grada, la gente se divertía. Era como una revolución de las sonrisas, pero en este caso con un gran resultado.

La segunda parte siguió poniendo de manifiesto el nivel de progreso de cada balonmano. Un detalle que lo ejemplificaba, por ejemplo, es que el Atzgersdorf no vaciaba portería cuando recibía una exclusión. Como en los viejos tiempos. Isma pedía intensidad pero, aunque fuera insconscientemente, la relajación tenía que aparecer. ¿Y qué? La diferencia, que es como la que hay entre el cielo y la tierra, era insalvable. El cuadro louriñés se fue a una anotación más parecida a la del baloncesto que a la del balonmano y hoy podrá permitirse medir muy mucho los esfuerzos en su cuarto partido en ocho días. Eso sí, podrán jugar las juveniles que Isma considere. Porque el progreso siempre mira al futuro.

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