El peaje de los compasivos

Fútbol | Segunda Federación

El Coruxo empata en casa ante el Rayo Cantabria tras haberse adelantado en el marcador

El coruxista Iván Breñe se lamenta durante el partido de ayer en O Vao.
El coruxista Iván Breñe se lamenta durante el partido de ayer en O Vao. | Vicente Alonso

Perdonar en un terreno de juego suele acarrear un castigo cuando uno menos se lo espera. El Coruxo se puso por delante con un gol de Iván Breñe en la segunda, aunque el catalán no estuvo acertado para firmar el doblete desde los once metros. Rodrigo Ramos, en pleno control visitante, marcó el gol del empate con el que se firmaron las tablas en O Vao.

Sorprendió el cambio en el dibujo de los locales. Pereira suele partir con un doble pivote y un enganche, un dibujo de 4-2-3-1. Sin embargo, apostó por jugar con David Rodríguez como pivote defensivo y Álex Barba y Guille Pinín como interiores, para componer un 4-3-3. Además, apostó por que Dani Rosas cayese a la banda para favorecer la profundidad por la derecha y dejó a David Añón como referencia en ataque.

Ese planteamiento vertical le hizo tener el control de gran parte del primer tiempo. Haber cargado los costados con Juan Breñe y Rosas, a los que se les sumaban en ataque Álvaro Naveira y Nacho Fariña, favoreció que pudieran someter a los santanderinos. Dentro de ese control coruxista faltaron las ocasiones de verdadero peligro. No obstante, con el paso de los minutos, llegaron los avisos vigueses.

Álex Barba sirvió un córner al área pequeña, donde Luismi Morales despejó de puños al balcón del área. Allí, de primeras, pegó David Fernández al palo derecho. Su potente golpeo, para rabia de los gallegos y alivio de los cántabros, se estrelló en el poste.

Conocidas las virtudes del Coruxo, Ezequiel Loza, entrenador visitante, fue capaz de indagar en las debilidades de ese doble pivote. En defensa, Javi Pereira apostó por el 4-4-2 con Barba y Fernández en la medular y con Añón y Pinín en la doble punta. Esa pérdida de un jugador en repliegue hacía que las conducciones por el carril central fuesen mucho más sencillas que con los tres centrocampistas.

Las cabalgadas de Hugo Martín desde campo propio, los desmarques profundos de Jore Castellanos y la fragilidad de Juan Rodríguez en el uno para uno pusieron todo de cara para que la escuadra racinguista abriera el marcador. De la mala suerte local en el tramo inicial, a la poca fortuna visitante en los compases finales. Castellanos tuvo dos oportunidades claras de abrir la lata en el área de Pablo Cacharrón, pero sus disparos se fueron por línea de fondo pegados al palo. Con más minutos y de mayor calidad del Coruxo se marcharon los veintidós protagonistas al túnel de vestuarios.

El cuadro blanquiverde volvió mucho mejor del tiempo de descanso, con las ideas de hacer peligro más claras y con un par de ocasiones que hicieron que Cacharrón tuviera que intervenir. El arquero lucense, en dos ocasiones, evitó con grandes acciones al segundo palo que los racinguistas se adelantaran en el marcador. En el instante que mejor estaban los visitantes y el Coruxo parecía no haber regresado del vestuario, se adelantaron en una acción caótica.

Nacho Fariña sirvió un saque de esquina desde la banda derecha al área pequeña, allí, la defensa cantábrica despejó al balcón del área, lugar en que estaba perfectamente colocado Iván Breñé para hundir el balón en la portería del Rayo Cantabria. Se contentaba la parroquia local con el gol del marcador, una sensación que también se trasladó a los jugadores de Javi Pereira.

La escuadra montañesa siguió a su juego dominante de conducir y correr desde el carril central, aprovechando que esa falta de consistencia de Juan Rodríguez se extendió a su compañero en el centro de la defensa, Guido Fernández. Cuando el Coruxo había perdido el control del medio campo, una acción muy extraña les puso el 2-0 en bandeja. Un saque de esquina de Fariña fue rechazado por los santanderinos y el colegiado señaló el punto de penalti. Locales y visitantes se miraban incrédulos en una acción que ninguno llegó a entender. Iván Breñé, desde los once pasos, mandó el balón muy por encima del larguero con un golpeo fortísimo y centrado.

Ese penalti errado marcó un antes y un después en el encuentro. El Coruxo se dejó ir completamente ante la confianza del Rayo Cantabria. Eran conscientes de que para mantener el buen resultado, era necesario tener el balón y dormirlo con posesiones largas, sin embargo, les fue imposible mantener el balón y, por tanto, contragolpear o aguantar. Ezequiel Loza puso toda la carne en el asador y con una acción idéntica a las buscadas entre los defensas desde el primer tiempo, un balón al espacio entre centrales coruxistas, Solórzano puso el centro desde la izquierda y Rodrigo Ramos cabeceó el esférico sin que Cacharrón pudiera hacer nada.

El filial del Racing de Santander, a falta de diez minutos, estaba pletórico y acababa de igualar el partido. El Coruxo, en un segundo tiempo muy plano, debía reaccionar para evitar esa remontada. A mayores de un tanto anulado para el combinado cántabro, por una mano manifiesta en el control de Álvaro Fernández, no hubo más acciones de peligro que pudieran alterar el resultado. Reparto de puntos en una tarde en que los vigueses completaron una primera parte razonable y una floja segunda mitad ante un club santanderino débil en el primer acto y dominante en el segundo.

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