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Paulo Pereira (Amarante, 1965) cumple diez años como seleccionador portugués de balonmano y este domingo estará en Vigo, una ciudad que conoce perfectamente y en la que residió, para medirse a España en el Ifevi. A sus 61 años, vive su mejor momento profesional, al frente de una Portugal cuarta del mundo y quinta del último Europeo y de un Dinamo de Bucarest metido en la élite continental.
¿Es especial para usted jugar este partido contra España precisamente en Vigo?
Sí, bastante especial, porque Vigo es uno de mis lugares del mundo favoritos. Mi hijo mayor nació en Vigo, mi mujer es de Vigo. Viví unos años ahí y, aunque ahora estoy menos, siempre voy. Es un paraíso en la tierra y la gente no lo sabe. Tengo muchos amigos ahí, porque fueron muchos años. Es un sitio para mí muy especial, sobre todo jugar contra España. Me acuerdo que la última vez que jugamos así un doble amistoso, primero en Portugal y, pasado unos días, otro en Vigo, ganamos en Portugal y perdimos en Vigo. En aquel momento había mucha diferencia entre España y Portugal, ellos eran bastante mejores. Ahora, nosotros ya nos acercamos un poco, somos más competitivos. Va a ser un partido bonito de ver.
Supongo que más especial volver ahora teniendo la capacidad ya no sólo de competir, sino perfectamente de ganar a España, como en el último Europeo.
En este momento, es bueno para España y Portugal jugar estos partidos, porque hay que continuar creciendo juntos. España siempre será para mí una referencia en todo. Aprendí mucho con los entrenadores españoles. Ahora, es seguir creciendo, ir compitiendo y, cada uno por su lado, haciendo su labor. Y por qué no también de forma conjunta alguna vez como ésta. Al final, ésta es una competición -la Euro Cup, con los cuatro equipos ya clasificados para el próximo Europeo- que vale lo que vale y servirá para volver a reunir las tropas y apuntar para el Mundial. Aprovechamos estos momentos para cambiar el chip de los jugadores, para llamar a alguno más joven o que no haya venido nunca, que es el caso. Viendo cosas que nos pueden servir en el futuro próximo.
Esa circunstancia de ser una competición menor, ¿favorecerá o dificultará el espectáculo?
Siempre hay aquella rivalidad, pero confío en que sea siempre una constructiva y seguro que lo va a ser. Lo que espero es que sea un partido bonito y serio a la vez, pero que sirva para que las dos selecciones prepararemos ese Mundial, que está muy cerca. España, en los últimos años, está cambiando un poco el formato del equipo, poco a poco, y a veces cuesta volver a los años bonitos, que tampoco están muy lejanos. Sé que va a volver dentro de poco tiempo a ser aún más competitivo otra vez. Y nosotros haremos también nuestro recorrido, intentando mantenernos competitivos como estamos en los últimos años.
Usted cogió la selección portuguesa hace una década. Entonces, ¿espera llegar a dónde está ahora, cuarta en el último Mundial y quinta en el Europeo?
Me acostumbré a vivir un poco el presente, sin pensar mucho lo que va a pasar en el futuro, pero creyendo siempre que haciendo nuestro trabajo y motivando a la gente para llegar a otros niveles, siempre se puede lograr. En aquel momento, cuando entré, lo que sentía es que la gente venía a la selección portuguesa para perder. Aquel sentimiento de estar muchos años sin participar en Europeos (14 años) o Mundiales (17). Es mucho tiempo y la gente se acostumbra a perder. Mi labor en los dos o tres primeros años fue cambiar un poco ese sentimiento y cambiar la forma de vernos a nosotros mismos. Lo fui consiguiendo poco a poco; no sólo yo, entre todos. Al final son 10 años, varias generaciones.
Eso es lo fundamental, que no es una generación buena, sino un trabajo de base.
En 2019 fue cuando sentimos que podíamos hacer algo más. La gente venía ya con voluntad de venir; hoy, entre comillas, se pelean un poco por estar. Y antes eso no ocurría. Casi había algún jugador al que le tenía que decir: mira, ven por favor porque vamos a hacer las cosas bien. Y hoy eso no pasa, ya no tengo que hacerlo. La gente quiere venir porque se identifica con un grupo ganador y quién no quiere estar en un grupo que puede ganar. Todos. Pero fue una labor de años. Y ahora, lo difícil es mantener el nivel, seguir competitivos y, digamos, entre los grandes. Estamos tratando de hacerlo cada día.
Cuando cogió la selección, no tenía tanto nombre a nivel de la élite de clubes, como en los últimos años con Celje y Dinamo de Bucaresti. ¿Cree que esa labor con Portugal lo ha relanzado?
Uff, me siento un poco mayor. Ya son muchos años. Empecé a entrenar con 18 ó 19. Hice todos los cursos y formación universitaria en el deporte. Fui campeón en Portugal con el Oporto antes de todo. Después salí para España, para Cangas. Fue una experiencia muy corta pero muy bonita, fantástica, y aún sigo teniendo muchos amigos allí. Y después por África, también con chicas. Mucho trabajo antes de la selección portuguesa pero sí que creo que, a nivel personal, me dio aún más visibilidad. Cuando consigues tenerla de la buena, surgen cosas. Esta semana, por ejemplo, con el Dinamo de Bucarest nos clasificamos para la Main Round de la Champions. Entonces, seguimos ahí trabajando para estar en la élite. Y a ver hasta cuándo, porque esto ya está quedando un poco mayor. Sigo peleando como Manuel Cadenas, que también sigue adorando siempre lo que hace, entrenando con los niños… Es una fuerza de la naturaleza. A ver si consigo imitarlo un poco.
Paulo Pereira está al frente del Dinamo de Bucarest, uno de los equipos de referencia en Europa que la pasada semana logró el pase directo a la Ronda Principal de la Liga de Campeones al quedar segundo de su grupo, que lideró el Barcelona con holgura. El conjunto rumano tiene un cierto deje vigués y no sólo porque su primer entrenador haya vivido en Vigo y tenga familia viguesa. Sino porque hay dos personas más nacidas en Vigo dentro del proyecto.
Por un lado, el extremo Álex Pascual, hijo del técnico y exportero de Chapela y Octavio Xavier Pascual ‘Pasqui’. “Celtista hasta la muerte”, dice de él Pereira. El segunda línea se formó básicamente en Barcelona pero sus primeros pinitos con el balón los hizo por estos lares. Y en el cuerpo técnico está como segundo Luis Santos, vigués que creció como entrenador en el Octavio antes de un largo periplo también en el Barcelona. “Es una parte muy importante de nuestro staff. Tiene una forma de estar en la competición y mucha experiencia. Los años que pasó en Barcelona se la dieron. Y para mí es muy importante que esté ahí. Aun por encima, siendo de Vigo, pues somos hermanos. Ahí peleando, trabajando, sufriendo, llorando, riendo… todo”, apostilla sobre el vigués el seleccionador luso.
Pereira tiene claro que en el Dinamo “nuestra prioridad es ganar la liga, que es siempre difícil. Además, los viajes por Europa te matan y es complicado mantener el nivel en casa. Pero tendremos nuestras opciones de llegar a cuartos en ‘Champions’. ¿Por qué no? Vamos a pelearlo”.
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