Pauleta: “Con 9 años, es triste entender que te insulten por ser una niña"
ENTREVISTA
Llueve a mares en Santa Mariña. Solo unas horas antes, lucía un sol abrasador. Un cambio radical. Más o menos como el que ha llevado a Paula Domínguez 'Pauleta' (Redondela, 1997) desde el fútbol amateur a un gigante como el Benfica. En Lisboa ha conquistado un ronsel de títulos coronado con la Liga de esta temporada y con una carrera de Químicas a punto de completar. El tiempo pasa, pero Pauleta no olvida sus raíces. Le sonríe al campo del Choco, donde empezó todo. Y a la lluvia. Pone al mal tiempo buena cara. Cara de campeona.
¿Qué siente en este lugar?
Me gusta mucho. Siempre que paso por aquí, me acerco o lo veo desde la carretera. Llegué con 7 años. Solo quería jugar y el Choco me dio la oportunidad. Son muy buenos recuerdos del fútbol más puro: el de cuando eres niña.
¿Jugaban muchas niñas entonces?
La verdad es que no. Era la única de mi generación y en el Choco, una de las pocas. Había un equipo sénior, en el que se juntaban las chicas de Redondela. Era una buena motivación para mí porque me daba la esperanza de poder llegar a algo.
¿Identificaba el machismo cuando era pequeña?
Es triste, pero te dabas cuenta. De niña eres inocente y no te enteras de mucho, pero había cosas demasiado descaradas. Sobre todo desde los rivales. Y es muy triste que una niña de 9 años entienda que la están insultando por su género. Viví episodios desagradables.
¿Recuerda alguno?
En una disputa con un niño en el campo del Alondras, un señor de la grada le dijo: "Métele mano". Fue feo y muy desagradable. Aparte, los típicos comentarios de "qué hace esta jugando ahí" o "cómo nos van a ganar con una niña en el equipo".
Imagino que, aunque sea de otra forma, esto continúa hoy. Y no estoy hablando solo de fútbol.
Infelizmente, sí. Pero tengo esperanza porque hay mucha más gente que te valora y te trata bien que la que no. Pero sigue habiendo. Además de jugar, tenemos que luchar y abrir un camino para que el machismo desaparezca por completo.
¿Recuerda su primera vez en un vestuario solo con mujeres?
Uf. Creo que fue en El Olivo. Jugaba al fútbol sala allí a la vez que al fútbol en el Choco. Empezaba con las de mi edad y no teníamos derecho a vestuario. Íbamos cambiadas, jugábamos y listo. Recuerdo que el entrenador, Litos, me llamó para ir con el primer equipo. Debía tener 10 o 12 años. Esa fue la primera vez.
Lo digo porque es un sitio especial.
Se viven muchos momentos en el vestuario. De pequeña no lo sientes tan así, aunque yo tuve mucha suerte. Me cambiaba en la caseta de los árbitros y luego entraba para las charlas. Estaba muy integrada. Pero cuando lo conoces, te das cuenta de que ese ambiente es fútbol. Sí que es un lugar muy especial.
Alguna vez me dijo que las niñas no soñaban con nada. Simplemente jugaban sin ver más allá.
Empecé porque me encantaba. Siempre estaba con un balón. Pero claro, una vez en la competición, sentía que quería dedicar mi vida al fútbol. Pero tienes ese pensamiento sin saber que puedes llegar a algo. Cuando era pequeña, casi no había referentes en España que fuesen profesionales. Si no ves personas así, es imposible pensar que tú puedas serlo.
La importancia de las referencias.
La mía fue Vero Boquete, que nos venía a visitar a veces y era muy cercana. Fue la que me hizo soñar con llegar a ser profesional. Ahora que lo he conseguido y echo la vista atrás, pues mira...
Imagino que acabar en un grande supera cualquier expectativa.
Sin duda. A la clásica pregunta "¿qué quieres ser de mayor?", yo siempre respondía "futbolista". Pero es como si hubiera dicho astronauta. Una utopía. Por eso, conseguirlo supera mis expectativas y, además, en un país y en un club que nunca habría imaginado. Siempre imaginaba jugar en un equipo de España y ahora estoy en un grande de Europa.
Debió ser chocante pasar de una estructura amateur como la de El Olivo a una profesional como la del Benfica, con ese paso previo en Braga.
Las condiciones en Vigo no es que fueran malas. El Olivo nos daba todo lo que tenía. Pero su 'todo' era muy poco para lo que una futbolista necesita. Ya solo el paso a Braga fue una diferencia enorme. Y al Benfica, abismal. El primer día allí ya entendí que es un club gigante. Todo lo que necesitas, lo tienes al momento.
El sentimiento es mutuo porque le han firmado tres años.
Siento que me voy a hacer vieja en Lisboa (se ríe). Voy a cumplir 24 años, me veo allí con 27. El proyecto es ambicioso y eso pesó en mi decisión. Quiero estar en un equipo que no luche solo a nivel nacional, sino que también busque un buen camino en Europa. Con las jugadoras que tenemos, podemos hacer algo bonito.
¿A qué sabe un título de Liga?
¡Buf! (se ríe a carcajadas). Ya sabe muy bien de por sí, pero después de cinco años tras él, muchísimo mejor. Desde que llegué a Braga, era lo que yo quería. Y también para el club, que en los tres años que llevo solo hemos hecho crecer y crecer. Llegar a ganar el campeonato es increíble.
Ganar Copas es bonito, pero una liga es el premio a todo el año.
La Copa, en el estadio Nacional, es muy emotiva. Pero la Liga es el premio a la constancia. Ha sido un año difícil para toda la sociedad, incluidas nosotras. Así que ganarla es un premio para el equipo, el club y los aficionados.
Todo con un modelo muy ofensivo en el que usted hace de ancla en el mediocentro. ¿En qué piensa cuando sus compañeras atacan?
Mi función es superar líneas y dejar a las de arriba en fase de aceleración. Yo me me muevo para ofrecer líneas de pase hacia atrás y posicionarme para cuando perdamos el balón. Me fijo dónde puede estar el equipo desequilibrado para anticiparme y ayudar ahí.
El desgaste físico se nota. ¿Y el mental?
Todo me sale por inercia. A medida que fui creciendo, encajé en esa posición y me sale todo automático. Si estamos apretando y veo un mal control, soy la que dice de salir o directamente salgo yo y el equipo se reajusta. Es importante pensar, pero yo reacciono más por el sentimiento del momento.
Hablando de desgaste mental, ¿le queda poco de Químicas?
Ya va siendo hora de acabarla. Me falta un examen y el TFG. Así que a ver si me la quito de delante y en el futuro ya veré qué hago.
¿Ese futuro podría pasar por jugar en el Celta antes de retirarse?
Yo espero que sí (se ríe). Siendo sincera, yo soy celtista y me encantaría. Espero que el presidente apueste bien porque una jugadora como yo no vendría al Celta para jugar en Reto (Segunda) o Nacional (Tercera). Hay que hacer el equipo femenino ya y apostar por un proyecto ambicioso para la Primera División y también con cantera para que haya continuidad.
¿Se divierte tanto como cuando era pequeña en este campo?
Con más exigencia, pero sí. Estar en el Benfica y tener esa obligación de ganar te pone encima un poco de presión. Pero si sigues disfrutando del juego, se lleva mejor. A mí me encanta el fútbol y competir, así que es una presión más descafeinada.
Entonces soñaba poco. ¿Se permite hacerlo ahora de mayor?
Sí, claro que tengo sueños y ambiciones. Son un motor para seguir adelante.
¿Una sociedad y un fútbol sin machismo es un sueño demasiado grande?
Es triste decirlo, pero nos queda mucho. Las desigualdades van a permanecer mucho tiempo. Nuestro trabajo también es andar ese camino y poner nuestro granito de arena para que la brecha sea un poco más pequeña. Pero hace falta cambiar muchas mentalidades.
Ese trabajo puede ayudar a que las niñas que están en el Choco hoy sí puedan soñar con el mañana.
Por suerte, ellas ya pueden ver a equipos grandes haciendo un buen trabajo. Es la manera de que las niñas sientan que trabajando pueden llegar. Que tengan sueños que se conviertan en realidad.
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