Balonmano | Copa Europea
Once años y 27 eliminatorias después, llegó el ansiado título
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El título de la Copa Europea que ayer se quedó en A Guarda ha sido perseguido a conciencia por el Guardés en estos tres lustros en la élite que, hasta ayer, tuvo su momento álgido en la Liga ganada en 2017. Antes, en 2013, el conjunto miñoto vivió su primera participación en una competición continental después de finalizar en quinta posición el año anterior, en el que debutaba en División de Honor. Desde entonces, acumula once apariciones en trece años, en los que ha disputado 27 eliminatorias y dos finales hasta levantar el anhelado trofeo.
Desde aquel debut contra el Zvezda ruso hace trece años, el conjunto miñoto encadenó presencias en Europa todas las temporadas con un paréntesis de dos cursos -2023/24 y 2024/25- después de perder la final de infausto recuerdo ante el Konyaalti turco hace tres años.
Aquel caldo de cultivo ayudó, en parte, al éxito de ayer. Pero antes hubo muchos más granitos de arena en esta duna continental del club de A Guarda. No fue fácil. De hecho, el equipo de la desembocadura del Miño no ganó una eliminatoria continental hasta 2016. El Dnepryanka ucraniano fue el rival en aquella efeméride en la antigua Challenge Cup. Luego eliminó también al Colegio de Gaia luso para perder en cuartos de final con el Hoors sueco. Hasta entonces había encadenado tres participaciones con eliminación a las primeras de cambio. Cuestión de aprendizaje.
Al año siguiente, el Guardés disputó el torneo de clasificación para la Liga de Campeones tras ganar la División de Honor. Una experiencia en Alemania canjeada con dos derrotas ante el Thüringer germano y el Hypo austriaco. Su caída a la Copa Europea también se tradujo en eliminación tempranera a manos del Astrakhanockha ruso. Mismo destino que en la temporada siguiente con otro equipo del gigante del este, el Kuban.
Pero una y otra vez, este proyecto se mantenía en la brecha. Entre los mejores de la División de Honor para ganar plaza en competiciones continentales. De este modo, en el curso 2019/20 superó dos eliminatorias para acabar perdiendo en cuartos contra el Aula Valladolid. Un compañero de Liga eliminó nuevamente al Guardés al año siguiente. Esta vez fue el Málaga y en semifinales.
En el curso 2021/22, el último de José Ignacio Prades, que iniciará su segunda etapa la próxima campaña, el cuadro miñoto disputó la Liga Europea, segunda competición en importancia. Superó al Hypo austriaco pero quedó eliminado a las puertas de la fase de grupos por el Besançon francés. La temporada siguiente fue la final perdida en Turquía, que desde ayer ya no duele.
En total, 17 rondas superadas y 12 perdidas en once participaciones a lo largo de trece años. Un camino largo y no siempre sencillo, que ayer encontró por fin el premio deseado.
El Guardés hizo historia ayer. Pero hoy volvió a salir el sol. Y mañana lo hará nuevamente. La vida sigue y pese a la extraordinaria gesta lograda por estas mujeres para todo el balonmano gallego, la continuidad del proyecto se encuentra amenazada. El aumento paulatino de la exigencia económica en la División de Honor no ha tenido contrapartida en los patrocinios privados y en las ayudas públicas. De confirmarse la salida de Mecalia de la entidad, la dificultad para mantener el equipo en la élite será hercúlea, rozando lo imposible. Por eso, desde el club se espera que la visibilidad que da un título europeo, con el extraordinario ambiente vivido ayer en A Sangriña, motive a las empresas privadas a apoyar al campeón de la Copa Europea y a los estamentos públicos a aumentar las subvenciones, para que este título no sea flor de un día ni una foto en un museo en unos años.
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