El nido del ave fénix

triatlón

Antonio Serrat quiere renacer en 2026 tras un mal 2025 y volver a competir en las Series Mundiales con la mirada puesta en la clasificación olímpica, que empieza en el mes de mayo

El triatleta vigués camina hacia 2026 con optimismo y con ganas de aplicar lo aprendido tras 2025.
El triatleta vigués camina hacia 2026 con optimismo y con ganas de aplicar lo aprendido tras 2025. | Atlántico

No lo esconde Antonio Serrat. “No fue mi mejor año”, resume el triatleta vigués sobre un 2025 aciago en lo deportivo -"en lo personal, muy bien", acota-. Ya se sabe que lo que mal empieza, mal acaba. Y, en su caso, así fue. Arrancó con una rotura en el isquio antes de la cita inaugural de Abu Dhabi y terminó con otra en el gemelo en Chile y Brasil. Por el medio, competir con malas sensaciones, a remolque, alguna que otra enfermedad y, de regalo, varias averías en la bici. Un conglomerado negativo con consecuencias pasadas y futuras, ya que se ha caído de los cinco primeros puestos del ránking español, que son los que tienen derecho a competir en las Series Mundiales. “La idea es intentar volver desde las Copas del Mundo. Es un objetivo bonito y tengo muchas ganas”, advierte.

Y ahí está el propósito. Utilizar las cenizas de 2025 para que el fuego renazca en 2026. El vuelo del fénix. Para eso se está preparando en Lugo, a donde se mudó en marzo para trabajar con un nuevo técnico y compañeros de entrenamiento. Su nido. Desde allí quiere hacer bueno aquello de que unas veces se gana y otras se aprende. “Ya tengo 30 años, pero siempre se sacan cosas”, apunta, sin esquivar lo sucedido. “El deporte de élite son resultados”, resume con crudeza Serrat, ya recuperado de su lesión tras empezar a poner en práctica las lecciones extraídas. “Esta vez estuve tres semanas de reposo total y he empezado muy poquito a poco”, desvela Antonio, que recuerda “la mala pasada” que le jugó “el encontrarse bien y el ansia de querer demostrar” sin terminar de sanar sus dolencias. “No quería bajarme del barco de la competrición, pero forcé de más”, confiesa.

“Pasé por momentos difíciles al ver que no me salían las cosas; fue una lucha más a nivel mental”

“Es difícil ver cosas positivas en todo esto, pero he tenido tiempo para recuperar bien y no pecar de lo mismo que el año pasado”, analiza el triatleta vigués, que ha vivido en sus propias carnes algo tantas veces mencionado por los deportistas: la dificultad de un año post-olímpico. “Tuve momentos difíciles al ver que no me salían las cosas”, reconoce, al tiempo que explica que siempre mantuvo un punto de calma gracias a los buenos números que hacía en los entrenamientos. “Tenía la tranquilidad de que no se me había olvidado nadar, pedalear ni correr. Solo que competir me estaba costando”, explica. “Fue una lucha más a nivel mental”, confiesa sin tapujos. Pero esa dificultad también la ha superado el olímpico olívico. “Trabajándolo con psicólogos, con compañeros, con familia, tengo la motivación intacta”, advierte.

Con ese optimismo afronta el año entrante. Y con un propósito claro: “Quiero que se me mida por mi rendimiento y no por lesiones, averías mecánicas o circunstancias de carrera”. Para conseguirlo, trabaja con margen y con un plan progresivo. La temporada empieza en marzo y, aunque no tiene un calendario concreto, sabe que tendrá que picar piedra en las Copas del Mundo y en otras pruebas para sumar puntos que le permitan escalar puestos en el ránking estatal desde el sexto que ahora mismo ocupa hasta el top-5. Lo ideal sería conseguirlo en mayo. Es el mes marcado en rojo por Antonio Serrat y por el resto de triatletas porque ahí da comienzo la clasificación olímpica para Los Ángeles 2028. Por delante, dos años para sumar puntos y meterse en los que serían sus segundos Juegos. “Es un objetivo ambicioso”, reconoce. “Pero tengo todas las ganas del mundo y hay que intentarlo”, añade con una sonrisa.

Con su aprendizaje de lo vivido en 2025 y una experiencia ya notable en el triatlón, el vigués sabe que debe ir con calma. “Por suerte, he podido vivir otras clasificaciones y sé muy bien que el periodo es largo. Son dos años. Ni arrancar muy bien o muy mal asegura nada. Así que hay que ir poco a poco”, concluye Serrat, dispuesto a renacer de sus cenizas en 2026. Dispuesto a volar como el ave fénix.

“Me motiva poder motivar a otra gente más joven”

La vida son ciclos. Uno se da cuenta cuando va cumpliendo años y Antonio Serrat ya tiene 30. Atrás quedaron los tiempos de joven promesa que irrumpía al abrigo de Javier Gómez Noya, Mario Mola o Fernando Alarza. Ahora es el vigués el que ve llegar a una nueva generación pujante. “Es algo que no esperas. No estás preparado para eso”, confiesa con sinceridad brutal, mientras piensa cómo en un parpadeo dejó de estar detrás de los nombres anteriormente mentados, para ocupar su lugar en ese escalafón de la veteranía. “Cuando yo era joven, ellos marcaban el camino”, recuerda.

“Siempre admiré cuando alguien mayor te da consejos; ahora soy yo quien los da y me gusta”

Las cosas cambian. Y el vigués lo nota a diario. Entrena con el prometedor Jarno Pousada en Lugo y, casi sin querer, nota su nuevo rol. “Muchas veces te ves en esa situación de aconsejarlo”, explica Serrat. “Siempre he admirado cuando alguien mayor que tú te da consejos. Ahora me doy cuenta de que soy yo el que los da. Eso es algo que me gusta”, confiesa. “Me motiva poder motivar a otra gente más joven. Estoy muy contento con eso”, reconoce con sinceridad, al tiempo que espera poder aprovechar “la experiencia” porque “el nivel no para de subir” en el triatlón español. “Eso es bueno para todos”, concluye.

“Me encanta Lugo, es muy tranquilo para entrenar”

Antonio Serrat comenzó una nueva etapa deportiva hace ahora un año. Nuevo entrenador y nuevos compañeros de entrenamiento en Lugo, sede de su club, el Fluvial. Sin embargo, la mudanza a la ciudad de la muralla se retrasó hasta marzo entre concentraciones y competiciones. Un nuevo hogar en el que el vigués se siente cómodo y en el que va a continuar. “Aquí tengo la base”, resume.

“¡Me encanta Lugo!”, proclama el triatleta olímpico con entusiasmo. “Está claro que el tiempo es Galicia. Y más Galicia que Vigo”, comenta para explicar el clima, más lluvioso y frío que el de su ciudad natal o el de Pontevedra, donde se preparaba antes. “Pero es muy tranquila para entrenar. También las carreteras para salir en bici”, resume, sin olvidar que viene a casa cuando puede. “Especialmente, entre competiciones y en alguna semana más calmada”, apostilla.

Y allí sigue Serrat, que ya ha empezado a entrenar tras superar su rotura muscular en el gemelo. “Ya en febrero o marzo buscaremos algún sitio de calor. Ya sea Canarias o un lugar en el sur de la península para hacer esos bloques fuertes con mejor tiempo”, augura Antonio, que también quiere aclimatarse a las temperaturas que se puede encontrar en Lanzarote, donde se celebrará una Copa del Mundo en el mentado mes de marzo.

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