Escribá no frena la caída del Celta
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El debut del entrenador se saldó con otra derrota ante el Betis (0-1) y el equipo ya está en descenso. No hubo reacción ni remate: tres partidos sin marcar un gol.
El mal que aqueja al Celta es grave. En una suerte de metástasis futbolística, aquella endeblez defensiva ha contagiado a un ataque otrora fructífero y ahora paupérrimo. El duelo ante el Betis, otro conjunto con mala relación con el gol, se decidió por un solo tanto pero por mucho juego. El que sí puso el bloque visitante y no puso el local, en el que la llegada de Fran Escribá al banquillo apenas se tradujo en orden defensivo. Una dertota más y el enfermo arde con la fiebre.
Hacer del campo propio un hogar. Conocer cada esquina, controlar cada espacio, reconocer cada bache como propio, cuidar hasta el detalle de cada brizna de hierba. Para quedarse a vivir, pero también para salir con la tranquilidad de que lo que dejas atrás queda seguro. El Celta de Fran Escribá comenzó ayer a construir su casa. Nada espectacular, pero sí eficiente. Una casa ecológica puede parecer fría por fuera y, sin embargo, guardar mucho calor dentro.
Escribá no busca la alegría futbolística sino el convencimiento. Porque de él puede venir esa felicidad más mascada. Así que un 4-4-2 sin balón con líneas juntas para hacer frente al Betis de Quique Setién, devorador de la posesión y con inmensa capacidad para combinar con precisión por dentro. Tanta que hasta prescinde de jugar con delantero centro. El Celta se plantó en campo propio pero con la defensa lo más lejos posible de su propia área. Algo que no siempre consiguió, con ráfagas en que las dos últimas líneas no se ajustaban lo suficiente y Canales, Lo Celso o Guardado aparecían para desequilibrar, bien buscando un balón por dentro, bien abriendo hacia los carrileros. Porque el equipo vigués prefirió apostar por ser estrecho y ahogar que por ser ancho y encimar a los hombres de banda béticos.
El planteamiento de ambos estaba claro y nadie protestó. Ni siquiera la grada, concienciada de que la situación es lo suficientemente dramática como para valorar antes la seguridad que el atrevimiento. Lo malo es que el Betis tuvos sus opciones. No de forma continuada, pero las tuvo. Rubén -el elegido en portería- estuvo donde tenía que estar y la línea de cuatro, Juncá incluido, respondió con acierto.
La limpieza del propio hogar llevó la mayor parte del tiempo. Sin apenas tiempo para salir. Pero sí dejó ver el equipo que saldría a presionar cuando el rival juegue el balón en banda propia o cuando Pau, portero bético, sacase de fondo. Así llegaron un par de ocasiones tras robo en las que Maxi, Brais, Boufal y Boudebouz -elegido en el once para formar arriba con el uruguayo y para ejercer de mediapunta en el teórico 4-2-3-1 con balón- no tuvieron la calma ni la precisión necesarias. Poca cosa pero es que el equipo de Escribá todavía no tenía la edad necesaria como para salir de casa con asiduidad. Con todo, la primera parte acabó con la sensación de que el equipo iba creciendo.
Amagó el Celta con salir algo más de casa al inicio de la segunda mitad. Aprovechando el impulso que dejó la primera parte, quiso tener algo más el balón y pisar el campo ajeno. Sin pegada pero con algo más de brío. Pero seguía temeroso y poco a poco tuvo que retornar a sus cuarteles de invierno. Sobre todo porque el Betis empezó a carburar y a hilar pases. El equipo vigués perseguía sombras y la entrada de Tello en el carrilero zurdo, tras la lesión de Francis, empezó a provocar serios dolores de cabeza a Balaídos, ya que puso de manifiesto el problema para tapar las subidas por banda con un equipo estrecho. Pudo marcar el canterano culé y poco después también la tuvo Jesé. La falta de gol de los béticos era lo único que separaba a los célticos de ir por debajo en el marcador.
El agobio fue exagerado, pero el equipo sobrevivió. Escribá quiso dar más vida arriba sentando al inane Boudebouz y poniendo en el campo a Pione Sisto, uno de los jugadores a recuperar en esta recta final de Liga. Pareció equilibrarse la contienda. Al menos ya no arreciaba el fútbol bético.
Era el momento en que se tenía que decidir todo. Las señales no eran buenas pero el marcador daba oportunidades. Hasta que, a falta de 10 minutos, otra llegada por banda de Tello significó el único tanto del partido. Apuró la línea y metió un pase atrás que remachó Jesé en boca de gol. El VAR le dio más dramatismo a la cuestión pero la sentencia cayó.
Sólo quedaba el recurso de poner en liza al delantero del filial Apeh. Pero lo máximo que se consiguió fue un disparo flojo desde el borde del área de Pione tras dejada del propio Apeh. Nada suficiente, con un Betis que de nuevo cogía el balón, esta vez para defenderse.
No hubo cambio de rumbo en el resultado con el cambio en el banquillo. De nuevo, el quipo quedaba en manos de sus rivales directos para conocer el tamaño de la herida. Pero, en cualquier caso, la hemorragia es interna. Quedan once partidos para evitar el drama.Y el próximo fin de semana espera el Bernabéu.
Celta:
Rubén Blanco; Hugo Mallo, Néstor Araújo, David Costas, David Juncá; Brais Méndez, Okay Yokuslu (Mathias Jensen, min. 88), Stanislav Lobotka, Sofiane Boufal (Emmanuel Apeh, min. 84); Ryad Boudebouz (Pione Sisto, min.63), Maxi Gómez.
Real Betis:
Pau López; Sidnei, Bartra, Mandi; Francis (Tello, min. 52), Guardado, Carvalho, Canales, Joaquín (Emerson, min. 91); Lo Celso (Javi García, min. 88), Jesé
Gol:
0-1, min.82: Jesé.
Árbitro:
Estrada Fernández (comité catalán). Amonestó con tarjeta amarilla a Okay, Maxi Gómez y Hugo Mallo por parte del Celta.
Incidencias:
Partido disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 18.005 espectadores.
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