La medular se quedó en el vestuario

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JORGE CASTRO. vigo deportesad@atlantico.net
Publicado: 11 sep 2016 - 03:32 Actualizado: 12 sep 2016 - 11:17
Pablo Hernández trata de realizar un pase en el partido de ayer ante el Atlético en Balaídos.
Pablo Hernández trata de realizar un pase en el partido de ayer ante el Atlético en Balaídos.

Añora el Celta a Nolito, también lo hizo ayer al lesionado Orellana. Muchos pondrán la mirada en la zona de ataque, en el que se fue y el que no pudo jugar. Sin embargo, ayer el Celta comenzó a perder el partido cuando el trío formado por Radoja, Wass y Pablo Hernández se mostró inferior al centro del campo Atético comandado por Gabi y Koki y con ayudas de Saúl y Carrasco. Antes del descanso, el Celta dominó la parcela de tránsito y fue mejor. Tras el descanso, desapareció y fue infinitamente inferior a su rival.

Posesión y ataque largo

La primera mitad de la formación viguesa fue buena ante un equipo que, de caracterizarse por algo, lo hace por su notable seriedad defensiva. Sin futbolistas que rindieran a un gran nivel, el conjunto de Eduardo Berizzo tuvo más el balón, llegó más al área contraria que su rival y, sobre todo, dispuso de dos claras ocasiones que desperdició. Falló Señé el mano a mano tras sorprender en una diagonal desde la banda y también lo hizo Bongonda tras superar por velocidad a Juanfran y rematar cruzado, desmasiado.

Bongonda y su lastre

Precisamente, el futbolista belga será objeto de análisis y comparación continua con Nolito durante toda la temporada. Es una batalla que, de antemano, tiene perdida, pero lo cierto es que ayer fue un jugador que generó peligro en las acciones en las que intentó desbordar por su banda. Hasta en tres ocasiones superó a Juanfran, pero eligió mal el final de la jugada.

El descanso, otro mundo

El partido cambió en el intermedio. El Atlético no generó peligro antes del descanso y se vio superado por un Celta que limitó los peligros atléticos con posesión de balón, ataques largos y sin pérdidas en la medular. Todo esto cambió en el segundo acto porque los vigueses perdieron la claridad en su ataque y, sobre todo, perdieron el ritmo del partido y el mando en el centro del campo.

Berizzo, mal cambio

El Celta había comenzado mal el segundo acto porque dejó de tener fluidez con el balón y aparecieron las pérdidas continúas. El Atlético recuperaba antes y atacaba con más claridad y Eduardo Berizzo intentó modificarlo con un cambio ofensivo que terminó de romper el equilibrio que había sostenido al Celta. Cuando encajó el primer gol pasó de jugar con tres mediocentros (Radoja, Wass y Pablo Hernández) a hacerlo con el serbio y el de Tucumán. La consecuencia es que, lejos de mejorar en el ataque, la formación viguesa perdió fluidez en la salida del balón, también perdió capacidad de reacción y, fruto de un mayor número de errores, el equipo se hizo más largo y la efectividad defensiva era menor. Es decir, intentando mejorar en ataque, el Celta bajó el rendimiento en este aspecto y también en la parcela defensiva. Mal cambio, que después rectificó el ténico con la salida al campo de Pape, era tarde.

Efectividad atlética, un clásico

El Atlético de Madrid se adelantó en la segunda mitad en la primera ocasión clara que tuvo en todo el encuentro. Fue en una jugada en la que Griezzman recoge un balón en la banda, pone el centro y lo remata Koke llegando sólo desde atrás. Había más defensores célticos que atacantes, pero ganaron la acción los madrileños. Mala gestión de los espacios y la presión.

Los fichajes, otra historia

Bajas de Guidetti y Orellana. El Celta salió al campo con once futbolistas que ya estaban el pasado curso. Los fichajes, ¿no dan el nivel?.n

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