María Mariño y un tocado de bronce
Esgrima
La selección española de florete se subió al tercer peldaño del cajón del Europeo tras superar a Polonia gracias a la victoria de la viguesa en el encuentro decisivo
Cuando María Mariño tocó por última vez a Hanna Lyczbinska, una explosión se desató en el Palacio de los Deportes de Génova. En unos pocos segundos, la viguesa se quitó la máscara, bramó su alegría al cielo y se dejó engullir por un apoteósico abrazo de Teresa Díaz, Ariadna Tucker y Andrea Breteau. Las cuatro, juntas, acababan de certificar su presencia en un podio continental. La selección española de florete acababa de ganar la medalla de bronce por equipos.
Fue la esgrimista de El Olivo la que tuvo el honor de cerrar el éxito. El tocado de la victoria culminaba un trabajo de meses, a menudo ingrato, que encontraba en el poder del colectivo la descomunal alegría que opacaba una competición individual sin tanto lustre. Mariño acababa de ceder con Lyczbinska por 6-5, pero España acababa de vencer a Polonia por 30-45. La viguesa supo mantener la ventaja obtenida por sus compañeras en los envites anteriores, incluidos los dos que ella misma disputó -con victoria 1-5 ante Karolina Zurawska y con empate 5-5 frente a Martyna Jelinska. La solidez la floretista olívica, combinada con el buen hacer de Tucker y Breteau y el brillante desempeño de Díaz sellaban una medalla histórica.
No pudo ser de otro metal porque la todopoderosa Italia se cruzó en semifinales. La selección transalpina, con las mejores del mundo en sus filas, superó a España con un claro 29-45. Por suerte, quedaba otra oportunidad, que Mariño y sus compañeras no desaprovecharon frente a las polacas, que habían perdido de manera mucho más ajustada ante Francia (45-41). Ya en la final, las galas firmaron su mejor enfrentamiento del campeonato y dieron mucha guerra a las locales, que apoyadas por su público se llevaron el triunfo por la mínima (38-37) para proclamarse campeonas de Europa en su casa.
Por su parte, Mariño, Díaz, Tucker y Breteau alcanzaron las instancias finales después de derrotar a Rusia en la primera ronda (45-30). Luego, en cuartos de final, la selección superó a Hungría, también con cierta holgura (45-33). La cita con la historia llegó tras tropezar ante Italia y una reactivación física y mental idónea, con la floretista viguesa brillando con ese último tocado, que bien vale un bronce continental.
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