"La llegada de los Montes marca una línea de mayor intensidad"
Alberto Domínguez, portero del Coruxo
Cuando uno repara en el desempeño de Alberto Domínguez (Santiago de Compostela, 1988) en un terreno de juego, rápidamente se percata de que la serenidad le acompaña en todos los gestos. También es así cuando está fuera. Cuando habla. Cuando reflexiona. Cuando analiza. Ser padre recientemente le ha dado todavía más madurez. Supo tenerla cuando Gonza Fernández, anterior técnico del Coruxo, decidió quitarle del once titular y ha sabido mantenerla cuando los hermanos Montes, de vuelta al equipo, le hicieron regresar también a él al verde. Desde entonces, 7 puntos de 9 y tres porterías a cero. Y con la misma serenidad lo asume.
¿Unas Navidades tranquilas?
Después de estas tres semanas, es un éxito poder salir del descenso. Porque es verdad que, si tienes los mismos resultados, pero sigues en los puestos de la quema, habría sabido a menos. Ya no es que esté contento, sino aliviado. Atravesábamos una situación límite.
Pero más allá de la clasificación, está el buen rendimiento.
Es triste o injusto que haya habido un cambio de actitud, el primero, probablemente, por mi parte. Eso se ha visto en el rendimiento. Casualidad o no, he estado mejor en estos partidos que en los que me tocó jugar antes. Y como yo, otros compañeros. Es fastidiado porque ha tenido que ser después de que dos personas hayan tenido que dejar el equipo. Por esa parte, te sientes algo contrariado porque da pena no haber sacado este nivel antes.
¿Cuánto ha tenido que ver el cambio en el banquillo?
Cuando suceden estas cosas, hay una reactivación. El que no juega, aprieta para hacerlo. Y el que juega, que quizá estaba acomodado, aprieta para mantener el puesto. La llegada de Marcos y Jacobo ha marcado una línea de que hay que meterle mayor intensidad y tenemos que seguir así.
Desde fuera se percibe una subida del ritmo y una mejora de las transiciones, sobre todo la defensiva.
Sí, porque el caudal ofensivo siempre ha sido bueno. Es verdad que la diferencia puede estar en la transición, pero no solo en la defensiva. Porque antes intentábamos generar en juego posicional y ahora sí que transitamos más. El gol del día del Arenteiro es indicativo.
Otro cambio es la portería: de no jugar, a tres partidos imbatido.
Siempre te preparas para los dos escenarios. Es cierto que en el caso del portero es más drástico. Cuando jugaba, tranquilo no estaba porque la cosa no iba bien y en cualquier momento podía darse el cambio, como así fue. Y una vez que dejas de jugar, sabes que tiene que pasar un tiempo o una desgracia al compañero para volver. Es diferente al jugador de campo, que va sumando minutos y acaba tirando la puerta.
La crueldad del puesto.
Los porteros dependemos mucho más del resto del equipo. En estos tres partidos no he estado mal, pero los compañeros me han ayudado. Otros días ya puedes estar muy bien, que si te chutan 20 veces no las vas a parar todas.
¿Cómo se lleva lo de no jugar después de haber sumado tantos partidos?
El que lo lleve bien, que se lo haga mirar. El día que uno no se pique por no estar, creo que debería dejarlo. Intenté revertir la situación con buenos entrenamientos y con actitud positiva. Y no es lo mismo con veintipico años que ahora con 33. Mi objetivo ahora es jugar lo máximo posible pero, sobre todo, ayudar al equipo.
¿Se sintió señalado?
No me lo tomé como algo personal. Creo que venía de un partido contra el Pontevedra en el que no estuve mal, pero al final nos remontaron el partido. En la dinámica que íbamos, tenía claro que tarde o temprano podía suceder. Creo que el objetivo era buscar un cambio de dinámica. La portería era lo único que faltaba por tocarse.
Algo así resta confianza, que es la mejor arma del futbolista. ¿Qué le dijeron los Montes para tratar de restaurarla?
Esa primera semana evité tener cualquier contacto. No quería que pensasen que me acercaba a ellos para ver si había ese cambio, ni tampoco que los compañeros percibiesen algo de eso o pensaran mal. Y no supe que iba a jugar hasta el momento de hacerlo.
Entonces, ¿le ha quedado una conversación pendiente?
Tenía pensado decirles que, aparte de grandes profesionales, los considero unas buenas personas. Y, a pesar de que haya sido de esta manera, me alegro de que estén aquí.
Si todo va bien, el siguiente partido en casa será en O Vao. ¿Hay ganas de regresar?
Cuando estábamos en Pardellas, te lo habría dicho como futbolista en general y como portero en particular porque el bote complicaba cualquier balón. Esta sensación no la tengo en Fragoselo. La pinta de O Vao es espectacular y en cuanto a terreno de juego va a ser de los mejores del grupo si el césped enraiza bien, pero es que en ‘Frago’ no nos va nada mal.
La superstición del futbolista.
Si podemos ir para allí el día 23, perfecto. Y si no, no pasa nada mientras sigamos ganando.
¿Sigue vigente el objetivo de ascender que trasladó el club?
A ver si ahora por ganar dos partidos y medio vamos a retomar a la meta que se pusieron. Está la cosa muy encaminada para Adarve y Pontevedra. Incluso el Compostela anda por ahí. Nos sacan una cantidad de puntos estratosférica, que por muy bien que lo hagas es muy difícil. Queda un partido de la primera vuelta, que trataremos de ganar para escapar de la quema. A partir de ahí, intentar mejorar en la segunda. Una vez que estés fuera, sumar lo máximo posible. No descartaría llegar a estar cerca de los puestos de privilegio, pero hablar de ello ahora es algo muy hipotético.
Pero, ¿fue un acierto decirlo tan claramente?
A mí no me afecta. El rendimiento individual depende más de uno mismo que del objetivo que te marquen. Sí que es verdad que hay gente muy joven en el equipo y que pudo ser algo atrevido pensar en ser campeones compitiendo contra según qué equipos con el peso que tiene el escudo del Coruxo. Por plantilla, por presupuesto, por masa social, por estructura, no lo veía del todo real. ¿Que merecíamos estar en Primera Federación por los dos años del equipo? Puede ser. Pero una vez que no estás, ascender es algo muy difícil.
¿Cómo de duro está siendo su trabajo en esta pandemia?
Yo no soy mucho de salir por ahí y más ahora con el niño. En el fútbol se nota que hay menos ambiente y se anima menos. Nos ha tocado jugar en dos campos que no son el nuestro. En Fragoselo noto menos presencia que en O Vao porque, aunque sea Coruxo, es más difícil aparcar y no se puede ir andando. Incluso cuando viajas, no es lo mismo con los hoteles. Ciertas rutinas de diez años se han cambiado. Todos los trabajos se han tenido que adaptar, pero el fútbol tiene un componente social importante y el aficionado es lo más importante. Sin él, pierde. Ojalá que esto no dure mucho para volver a disfrutarlo en estado puro.
Dos deseos para 2022. En el fútbol y en la vida.
En el fútbol, disfrutar. Ya no individualmente, sino como equipo. Si lo hacemos, seguro que vamos a conseguir cosas buenas. Y en la vida, ver crecer bien a Manu (su hijo). Y de cara a la gente, que tengamos cuidado y salud. Ahora mismo, es lo más importante.
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