El latifundio es castellano
segunda división b
Quería espacio el Celta y lo encontró el Valladolid Promesas. Algo que acostumbra a suceder porque trasladarse a Balaídos conlleva esa ventaja y ese riesgo. Los metros aparecen para el toque y la profundidad célticos, pero también para el opontente que, en este caso, lo aprovechó mucho mejor. En gran medida porque tuvo las ideas más claras y, sobre todo, porque cuando se opta por una solución de riesgo de ese calibre, los centrales están más expuestos y el centro de la zaga viguesa no pasa, precisamente, por ser su mejor virtud. Especialmente llamativo es el hueco a la espalda de Lucas Cunha, una autopista.
Pero ya se llegará a este punto. Antes, cuando todavía faltaban muchos de los espectadores por llegar porque la entrada escalonada organizada por el Celta se prolongó hasta pasada la media hora de juego, el Valladolid se adelantó en el tanteador en su primera llegada clara. Markel erró de forma infantil en la salida del balón y quedó el ataque sencillo para la formación pucelana. Es lo que tiene jugar en un campo grande. Zalazar recogió el pase, entró en el área y batió de disparo cruzado a Sequeira.
Acusó el gol el conjunto de Onésimo Sánchez, que tardó algo más de diez minutos en comenzar a rondar la portería de Gaizka. Poco a poco, se sacudió el dominio visitante y pisó área contraria con peligro. Markel envió un remate sencillo fuera y también Bruninho remató hasta en tres ocasiones. Ninguna de ellas encontró portería y, cuando se falla siempre, el problema ya no es casual. Parecía más sencillo el empate, pero el excéltico Moha sacó el balón desde la posición de pivote con un pase en ventaja hacia el lateral Sergio López mientras Bruninho paseaba perdido por el campo. No hubo cobertura y el zurdo se presentó en tres cuartos para enviar el pase profundo al desmarque de Uche a la espalda de Luchas Cunha y el delantero superó a Sequeira.
Nuevo golpe para el filial céltico. Fue su oponente el que encontraba los espacios, el que aprovechaba el latifundio de Balaídos. Lo mejor en los instantes siguientes al segundo tanto visitante es que no llegó el tercero, porque se rondaba. Y así, volvió a aparecer el equipo de Onésimo en ataque. Para hacerlo, necesitó poco. Tener el balón y enviarlo con frecuencia a banda derecha, donde Carreira y Losada se esforzaban por crear peligro. Y lo hicieron de forma constante. Lo malo es que el rematador resultó casi siempre Bruninho y, en este caso, no resultó buena noticia. Un remate de cabeza suyo lo sacó Gaiz-ka a dos manos; después, Miguel Rubio tapó un disparo dentro del área de Manu Justo; el guardameta metió la manopla en un centro de Carreira para sacarle el balón a Josipovic, y de nuevo, Justo remató alto tras dos recortes y la dejada de Losada. Todas opciones claras, dentro o en las proximidades del área pequeña. Demasiados errores para ganar o intentar remontar.
El tercer gol, un factor clave
La película de la primera mitad tuvo unos minutos más. Los que tardó Onésimo en cambiar el partido desde el banquillo con los cambios. Unas sustituciones que pedía su equipo un poco antes ante un Valladolid Promesas menguante, que cada vez tenía menos el esférico. No obstante, el equipo pucelano tuvo tiempo para su tercera diana. Y, como en ocasiones anteriores, llegó a la carera tras sacarse la presión en banda izquierda, marcharse el lateral Sergio López hasta el área y poner el balón al segundo palo. En esta ocasión llegó Fran Álvarez para enviar a la red, siempre un paso por delante de Lucas Cunha.
Kevin Soni, Solís y Gabri Veiga saltaron al campo en el minuto 56 para intentar levantar un partido que estaba muerto para el filial céltico. No lo hicieron, pero la verdad es que estuvieron realmente cerca. No hubo que hacer grandes inventos. En la última media hora, el equipo vigués resultó infinitamente mejor que el visto anteriormente. Le faltó acertar en algún remate más para los puntos porque tuvo ocasiones, llegadas y, sobre todo, esperanza.
Optó por una defensa de tres por la lesión de Carlos Domínguez y Markel Lozano -muy deficiente en el pivote- pasó a la zaga junto a Lucas y Pampín. Carreira se situó como carrilero, aunque era extremo, y Holgrove de pivote en solitario. Curiosamente, el Celta recuperó más y más adelante. Tuvo muchos más balones para los atacantes. También es cierto que entre los futbolistas que saltaron al campo y Josipovic hay un mundo y, sobre Bruninho, tres planetas.
Y así, el enfrentamiento resultó un monopolio. Tuvo el balón de forma constante el Celta B en el campo contrario, puso centros y gozó de ocasiones. Kevin Soni anotó en su segunda opción tras centro de Carreira, Holsgrove puso un disparo en la escuadra que sacó Gaizka y Solís no acertó con la portería a centro de Carreira. El dibujo del Celta era desequilibrado, pero acertado. Y, sobre todo, ahora sí que aprovechaba los metros de Balaídos con jugadores de talento, que buscaban los espacios y los atacaban. Que obligablan a replegar al rival y sufrir atrás. Resultó tarde porque faltó el segundo tanto céltico o sobró el tercero pucelano. Y, en definitiva, el Celta B pierde el primer encuentro de la segunda fase porque, tras mover cielo y tierra para jugar en Balaídos, Onésimo planteó el encuentro como si fuera Barreiro. El latifundio siempre fue castellano.
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