El Celta arruina su trabajo en el descuento
VALENCIA 2-0 CELTA
Cae en la prolongación (2-0) ante un Valencia sólo mejor cuando jugó en superioridad. La expulsión de Rubén, clave en la derrota. Aspas continúa siendo irremplazable.
Los partidos feos suelen castigar al Celta. Y no es una virtud. El equipo celeste perdió ayer en Mestalla ante un Valencia temeroso, un rival frágil al que apenas pusieron a prueba los celestes, empeñados en agrandar no sólo la mala estadística sin Iago Aspas en el campo, sino las pésimas sensaciones futbolísticas sin el moañés. Dos equipos imprecisos parieron un partido cobarde y aburrido que se acabó desnivelando por una expulsión vía vídeo arbitraje, de esas que convierten un leve contacto a cámara lenta en una acción punible. La realidad del bloque celeste sigue siendo el de la irregularidad en los resultados, dejando atrás la dinámica positiva de diciembre y la negativa de enero. Ahora, enhebra buenos y malos marcadores. Realismo puro y duro.
Eduardo Coudet es un entrenador que apuesta por cambiar lo menos posible. Le faltaban dos titulares como Iago Aspas y Brais Méndez y tiró de los dos jugadores que venían siendo sus dos primeras opciones desde el banquillo: los fichajes de enero Augusto Solari y Facundo Ferreyra. Así, apenas tenía que mover sus habituales líneas y podía mantener la tendencia futbolística.
Pero el partido amaneció receloso. Como una mañana sin ganas de salir de la cama por lo que pueda pasar durante la jornada. Celta y Valencia se dispusieron a un partido en el que se discutían los pequeños espacios interpersonales, más que los grandes espacios tácticos. Los árboles de las disputas individuales no dejaban ver el bosque de los planteamientos colectivos. Nadie estaba dispuesto a gustarse. La preferencia era evitar disgustos. El equipo vigués puede achacar el miedo a no ver a Aspas en el campo o a la amenaza de lesión de Tapia nada más empezar, con un tobillo revirado. El conjunto che tiene sobre sus hombros tantas miserias esta temporada que no necesita rebuscar justificaciones para no ser brillante.
El encuentro se reducía a un intercambio de posicionamientos: o en una mitad del campo o en la otra. Nadie presionaba alto, nadie realizaba transiciones, nadie daba algo de vida a un partido que amortajaba los minutos. Aquello del espectáculo quedaba muy lejos cuando los dos contendientes apostaban por dejar pasar el tiempo sabiendo que, al fondo, aparecía el premio de no perder. Lo de ganar, quizás, fuese demasiado.
Por no haber, no hubo ni ocasiones de gol. Ni de rebote. Lo único un tanto anulado al excéltico Daniel Wass por un fuera de juego que, repetido, resultaba claro. Ya lo había pitado el juez de línea y el vídeo arbitraje lo ratificó.
Los descansos son tramposos porque suelen generar esperanza. Uno viene adormecido de una primera mitad olvidable por indiregible, pero se espabila con la idea de que todo puede ir a mejor sobre el terreno de juego. La ilusión de no tener que merendar pan duro.
Y mostró cierta intención de meter más empuje el Celta de salida, aunque sólo se tradujese este leve ímpetu en un cabezazo, sin ímpetu, de Mina a centro de Solari. El Valencia se picó y, dentro del partido de vasos comunicantes en el que estaban inmersos los dos contendientes, se empeñó en tener un poco más el balón. Aparecía, como único jugador con destellos de luz, el sur coreano Kang In.
El único válido
De él surgió el pase en largo hacia la carrera del excéltico Maxi Gómez entre centrales. Rubén, meta celeste, vio claro que esta vez tenía que salir, pero llegó un poco tarde y permitió que el uruguayo tocase el balón. En su inercia, el mosense rozó con su pie uno de los de su excompañero. Fue un contacto tan leve que ni produjo la caída posterior del ariete ni, por supuesto, su dolor para quedarse en el suelo un buen rato. Pizarro Gómez no señaló nada de inicio, pero desde el VAR le aconsejaron que fuese a visionar la acción. A cámara lenta y con la imagen congelada, el contacto existe. Falta y tarjeta roja para el guardameta celeste.
Restaba media hora de partido y, en un día sin capacidad para hilar dos acciones buenas de ninguno de los dos equipos, el argumento se mostró aún más simple: el Celta defiende replegado en su área y el Valencia ataca. No sufría en exceso el equipo celeste y, tal vez por eso o por su tendencia natural, Eduardo Coudet no miró al banquillo hasta el minuto 80, cuando las piernas de Solari dijeron basta y salió Aidoo. Hubo, incluso, un par de llegadas celestes con amago de peligro pero el feo encuentro aún no había mostrado su peor cara a los célticos. Kang In, el único válido, filtró un gran balón para que Manu Vallejo marcase queriendo centrar. Un remate temeroso. Era el minuto 93. En el 96, Gameiro redondeó. Un resultado malo, fruto del feísmo.
Valencia:
Cillessen; Correia, Paulista, Guillamón, Gayà; Wass, Soler, Racic (Manu Vallejo, m.81), Álex Blanco (Gameiro, m.71); Kang In (Ferro, m.95) y Maxi.
Celta:
Rubén Blanco; Hugo Mallo, Néstor Araujo, Jeison Murillo, Aarón Martín; Renato Tapia; Augusto Solari (Joseph Aido'o, m.81), Denis Suárez, Manuel Agudo 'Nolito' (Fran Beltrán, m.91); Facundo Ferreyra (Iván Villar, m.66) y Santi Mina.
Gol:
1-0, m.93: Manu Vallejo; 2-0, m.97, Gameiro.
Árbitro:
Valentín Pizarro Gómez (C. Madrileño). Amonestó por el Valencia a Kang In y Gayà, y por el Celta a Nolito, Tapia y Santi Mina. Expulso al meta céltico Rubén Blanco con roja directa (m.60).
Incidencias:
Partido disputado en el estadio de Mestalla. Sin espectadores.
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