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Ainhoa Lameiro, palista salcedense séptima en el Europeo de slalom
Ainhoa Lameiro (Salceda de Caselas, 21 de septiembre de 2000) vive unos días de descanso tras una temporada de gran nivel, con el séptimo puesto en el Campeonato de Europa absoluto y la misma posición en la Copa del Mundo de La Seu D'Urgell en la modalidad olímpica de piragüismo slalom.
¿Cómo evalúa el año?
La verdad es que estoy muy contenta, no me lo esperaba. Esta temporada fue la primera que entrenaba con el equipo sénior y no pensaba que podían llegar estos resultados. Sabía que estaba muy bien, que había podido entrenar bien, pero nunca esperé llegar al primer evento absoluto y hacer la séptima plaza. Sólo con ese puesto, ya es buena mi temporada.
Se ganó la plaza de los eventos internacionales en el selectivo español, que al final es la competición más dura del año.
Sí, sí, para mí lo es. Seguro. Empecé un poco mal y fue el más duro, con mucha diferencia, porque sentía que podía estar en el equipo sénior. Por eso, a nivel mental, fue el que peor afronté, pero terminé sacando la plaza en el equipo sénior. La verdad es que me sorprendió el resultado. Eran cuatro pruebas y yo gané dos, no pensaba que pudiera hacerlo.
Esto le llevó a realizar el calendario sub-23 y el absoluto, ¿cómo lo gestionó?
Pensé que lo iba a llevar peor. La experiencia anterior que tuve fue en 2019 y resultó un año malo. Esa temporada, también entré en el equipo sénior y lo pasé mal. Ésta resultó diferente. Si tuviera que tomar la decisión de nuevo, repetiría.
¿Se encontró más competitiva?
De las primeras competiciones a las últimas, noté un cambio muy grande. En 2019 entré con el equipo absoluto, pero por una lesión apenas pude competir. Éste fui a probar y adquirir experiencia y resultó que podía estar ahí, delante. Entrar en la final del Campeonato de Europa me sentó de maravilla, lo único que me salían eran lágrimas. Al no ser esperado, finalizar última en la final ya hasta me daba igual. Estar ahí era lo que quería.
¿Le añadió presión el puesto en el Europeo?
Después de conseguir lo sí que pensaba: es que ahora soy séptima de Europa… Pero, ¿y qué? Tienes que seguir entrenando para volver a estar bien. No te puedes crecer mucho porque un día estás arriba y, al siguiente, abajo.
¿Piensa en la siguiente temporada, que es preolímpica?
Yo, no. Para mí, los Juegos de París están ahí, pero no pienso en ellos. Prefiero ir año a año. Lo primero son las pruebas de selección, en las que estamos cuatro mujeres muy fuertes. Este año pude pasarlas, pero quién me dice que el año que viene no las pase y ya quedo fuera. No puedo pensar en París si ni siquiera sé si voy a estar en el equipo sénior.
Cuatro canoístas fuertes con tres plazas. Un selectivo malo le marca toda la temporada.
Exactamente y la que sepa manejar mejor la presión es la que mejor lo va hacer.
¿Cómo le ayuda la psicóloga deportiva?
Yo, al principio, no quería ir. De hecho, en 2019, en el año más duro por la lesión en el hombro, apenas pude competir. Las pruebas sénior no las hice y las sub-23 estuve a punto de perdérmelas porque la fisio me decía que no, que no fuera. Ahí, el que era mi entrenador habló con mis padres y les explicó que era positivo para empezar a gestionar los nervios y formarme a nivel mental. No quería ir, pero ellos insistieron, insistieron, y es la mejor decisión que pude tomar. Se lo recomiendo a todo el mundo.
Creo que del grupo de piragüismo casi todos lo van utilizando. No lo sé, la verdad. Yo sí que lo uso y algunos más del equipo, también, pero no lo comentamos mucho. Lo vemos como algo necesario.
¿Cómo llegó al piragüismo slalom, que es un deporte minoritario?
Me dieron una charla en el colegio, con 12 años, fui para casa con un número de teléfono y ya le dije a mis padres: me vienen a buscar y me traen de vuelta, yo quiero ir y me tenéis que dejar. Así fue. Vivo en Salceda y el club está en Caldelas, a unos 20 minutos. Me quedaba relativamente lejos, pero sí que íbamos bastante al Tea a entrenar y siempre me vinieron a buscar a casa. Estuvo muy bien.
¿Cómo fue ese momento de cambiar Salceda por La Seu D'Urgell, en los Pirineos?
Me llamaron a mí. En bachillerato ya estaba en el Centro de Tecnificación Deportiva de Pontevedra y ya me dieron la opción de ir. Pero yo quería acabar allí antes de marcharme. Al finalizar segundo, ya sabía que podía irme para allí, pero no lo sabía al 100% hasta que me llamó el entrenador de forma extraoficial. Estaba en cama y salté de la felicidad. Corrí para contárselo a mis padres.
¿Y qué le dijeron?
No lo recuerdo ya porque fue hace cuatro años. Supongo que, a mi madre, le daría cosa.
¿Cómo se vive en La Seu?
Es por y para entrenar. No hay universidad, apenas se hace vida social, hace mucho frío… Es un pueblo de cuatro gatos. Lo llevo bien porque me acostumbré. El primer año ya me di cuenta de que es para entrenar y estudiar y ya. Lo he llevado bien y sigo así, pero llevo mal el frío. Entrenar se hace muy duro porque el agua está muy fría. Una vez pasado el invierno, se va mejor. Te levantas y ves las montañas nevadas, pero no da mucho gusto porque sabes que después tienes que meterte en el agua.
Es un lugar tan pequeño, que la vida social la tienen que hacer con sus compañeros.
Yo me fui con 19 años y, al hacerlo tras el bachillerato, sin amigos. Algunos que se van antes, sí que hacen amigos en el instituto, pero yo no. De hecho, empecé mi carrera a distancia y a distancia no haces amigos. Por lo tanto, los míos son la gente del piragüismo y sus conocidos. Nada más. Además, no haces mucha vida. Estudias y descansas. Hablar algo que no sea de piragüismo es complicado. Lo único es que estamos en una residencia en la que también hay esquiadores y, entonces, sí que hay esa relación entre nosotros.
¿Cómo es estudiar a distancia?
En la actualidad se me hace fácil y, ahora, en las vacaciones, echo de menos la rutina de estudiar y entrenar. El primer año costó mucho, hasta el punto de que suspendí casi todas las asignaturas que cogí. No sabía estudiar sola ni organizarme para hacerlo. Ahora, si no tengo la universidad, me aburro. Llevo bien los estudios. No sé el momento en el que cambié el chip, pero hubo ese instante de organizarme bien para hacerlo y ahora tengo buenas notas.
¿Ya piensa en la próxima temporada?
Quiero descansar bien para llegar a octubre en buenas condiciones. A partir de ahí, el objetivo es el selectivo. Entrar seguro en el equipo sub-23 y, si es posible, en el sénior. Y, tras ese punto, se vuelven a fijar los objetivos. Hasta esa prueba, es lo único que tengo en mente. Será en abril o mayo, por lo que hay mucho que entrenar antes.
¿Cómo aprovecha estos días en casa?
Me hacían mucha falta. El simple hecho de poder descansar, sin tener nada más que hacer, es una gozada. Mentalmente, lo necesitaba mucho. A nivel físico, no tanto, pero para la cabeza era necesario. Aquí no tengo nada del equipo, pero en Navidad sí que traeré algo para entrenar unos días porque no puedo estar tanto tiempo parada.
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