El profesor en casa del novato

VIG-BAY

Javier Varela padre completó su vigésima Vig-Bay como guía de Javier Varela, su hijo, el más joven de la prueba

JORGE cASTRO. vigo
Publicado: 08 abr 2019 - 02:39
Javier Varela, padre e hijo, momentos antes de iniciar su participación en la Vig-Bay.
Javier Varela, padre e hijo, momentos antes de iniciar su participación en la Vig-Bay.

Javier Varela, uno Iglesias y otro Conde. Padre e hijo. Uno con pleno de la Vig-Bay media maratón y otro, de 17 años, debutante ayer en la prueba entre Vigo y Baiona. El mayor ejerció de guía y el pequeño disfrutó de una prueba que el progenitor ya corría un par de años antes de su nacimiento. Una carrera de vida y amor familiar.

Javier Varela Iglesias, de 51 años, explica que "disfrutamos mucho y, con 17 años, mi hijo se emocionó un poco. Entrenamos juntos para prepararla y también la hicimos al lado. La idea de hacerla era entrar juntos. No surgieron inconvenientes. No nos pusimos ningún tiempo y la idea era disfrutar una carrera en la que yo siempre estuve y él la vio siempre desde fuera. Algo en los genes le tuvo que venir porque fue él el que me dijo que quería hacerla ahora que cumplió la edad mínima".

Así lo confirmó el propio Javier Iglesias Conde porque "siempre veía a mi padre. Salía de casa y me ponía a animarlo. Este año me dijeron que podía competir y, de cabeza. No lo dudé". Aunque para poder completar los más de 21 kilómetros de la competición, el joven tuvo que entrenar y, bastante, porque "no corría nada. Nos ayudamos. Es que fue toda una experiencia porque antes no corría nada. Me ahogaba en nada, pero al entrenar con él, la mejora fue muy rápida porque lo hicimos bien, poco a poco, y mejoré rápido".

Tan rápido que el padre ya reconoce que, a nada que el menor trabaje, le costará seguir su ritmo. "Cuando empezó a entrenar, corría diez minutos y ya le daban puntos por cualquier lado. A los dos meses, ya me mete caña. Creo que ya tira más de mí que yo de él. A los 17 años no tienes los achaques de los 51", explica.

De esta forma, con el trabajo previo necesario, el dúo de los Javier Varela alcanzó la meta de Baiona. El veterano explica que "vivíamos en Nigrán y pasamos por allí corriendo y la verdad es que hacer una carrera como esta así es una gozada. Sin presión y disfrutando el paisaje. Al final hicimos 1 hora y 45 minutos, que está bien". Por participación y por arraigo, añade que "es una carrera que es como muy nuestra. Y para él también fue bueno hacerla con alguien que la conoce como yo. Además, pocas carreras pueden existir como esta por el recorrido y todo el entorno. Parte de la gracia es que une dos localidades y no se hace en un circuito de ida y vuelta".

Descubrir la Vig-Bay es toda una experiencia y algo que sólo se puede realizar en una ocasión. Un momento especial que Javier Varela Conde lo gozó con 17 años. "Un poco fue lo que esperaba, pero me sorprendió a mejor. Al final, cuando estás fuera, sólo ves un tramo, pero al hacerla entera, es completamente diferente porque ves a todo el público y además, la gente se da ánimos. Es diferente. Funciona como una automatización, si hay un rezagado, ayuda mucho. Es genial", asegura. Por todo ello, concluye que "ahora, a por la siguiente".

En ella, casi con seguridad, estará de nuevo su padre. Eso sí, con un año más, buscando la vigésimo primera Vig-Bay. "Para mí también ya es una cita obligada. Ahora ya no puedo negarme, porque si no me anoto, me llaman y, claro, cedes. Siempre digo que hay que dejarlo, pero tiene su gracia y lo pongo en mi modo de vida. Ahora también puedo decir que, al ir mi hijo, toma él la herencia y yo dejar de hacerla...", expresa a modo de broma Javier Varela Iglesias. Sabe que es un vicio, complicado que dejar y que, además, cambia de forma en una evolución paralela a la vida. "Al principio siempre quieres hacer marca y cada año mejor y llegas al punto de estar ahí, rápido, pero que vas en tu límite. Lo que pasa es que el año pasado ya fue la hija de un amigo mío, que era la más joven con 17 años, y la hice con ella. Este le tocó a mi hijo y creo que ahora ya pasé a otro plan. Ahora ayudo a los nuevos que vienen y casi la disfruto más ahora que antes. Además, es una satisfacción ver al lado a gente que la hace la primera vez, me voy a especializar", afirma el veterano a sus 51 años.

No obstante, un auténtico experto como él, analiza los motivos por los que la Vig-Bay tiene tanto arraigo y no llega a determinarlos del todo. Es una combinación de factores y, con los años, la cita está metida en el día a día de los vigueses. "Poder llegar a hacerla significa bastante. Forma parte del carácter de la gente de vigo, que somos un poco sufridores. Unos van al Cristo de la Victoria, otros a Balaídos y algunos nos da por correr la Vig-Bay", concluye.

Un nuevo cofrade en la particular procesión atlética ya lo tiene en casa en su hijo mayor e, igual en unos años, en el menor. El debutante confirma que "cuando pasé por casa me surgió un poco de nostalgia porque pasamos por delante y recordé los momentos en los que estaba quieto mirando la prueba. Fue algo muy guay". n

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