"Disfruto igual una final que un partido de alevines"

RAFAEL GARCÍA MOSQUERA. Árbitro vigués de Asobal

Hijo, hermano mayor y hermano menor de árbitros de balonmano, Rafael García Mosquera (Vigo, 1973) lleva 22 temporadas como colegiado de la Liga Asobal, las once últimas afincado en Sevilla, y forma pareja con el también vigués Alberto Rodríguez, que acaba de ser nombrado responsable del arbitraje del balonmano playa por la Federación Española de este deporte.

Publicado: 17 ene 2020 - 01:31 Actualizado: 18 ene 2020 - 02:40
Rafael García Mosquera (i), con su compañero Alberto Rodríguez.
Rafael García Mosquera (i), con su compañero Alberto Rodríguez.

¿Qué le parece el nombramiento de Alberto Rodríguez?

Me parece perfecto, es la persona idónea. Antes de que se produjese el boom del balonmano playa en España, nosotros organizamos ya el torneo Concello de Vigo, que empezó en 1996 y estuvimos diez o doce años, también con mi hermano. Era cuando Fran Teixeira estaba de director del IMD. Luego yo dejé el balonmano playa para seguir arbitrando en la Asobal, pero él continuó y es un referente en el balonmano playa.

Y siguen en la Liga Asobal.

Sí, sí. Desde el año pasado hemos vuelto a pitar juntos y estamos en la Asobal desde la 1998/99, es decir, veintidós temporadas.

¿En qué momento de su carrera se encuentra, se ve mejor árbitro?

En este momento estamos en el final de nuestra carrera porque nos quedan dos y tres temporadas, respectivamente, aunque supongo que lo dejaremos juntos, y estamos en ese momento de plenitud y de madurez, disfrutando de las designaciones, de las competiciones cerradas, de los partidos complicados. La experiencia, la madurez y todo lo que llevamos encima nos permiten pasarlo bien y tenemos un plus de respeto en la pista. Estamos en el mejor momento de nuestra carrera.

¿En qué cree que ha progresado más en todo este tiempo?

En la toma de decisiones. Tu cabeza es un disco duro que cuanta más información tiene, te hace decidir mejor en décimas de segundo. La experiencia, la madurez de los años, te hacen ser más frío y más técnico en la toma de decisiones, y todo eso te hace mejorar. Y el haber visto mucho balonmano te hace ser más sabio porque tienes más sitios en tu cabeza con información para comparar con lo que estás viendo. También aprendes que no es lo mismo arbitrar un partido por un título que uno por el descenso, en el que dieciocho deportistas se pueden jugar su futuro profesional. Psicológicamente, también tienes que entrenar mucho y saber en qué partido estás. En eso creo que he mejorado mucho.

Por el acento, parece que sigue afincando en Sevilla.

Sí. Bueno, cuando estoy en Vigo, que subo una vez cada mes o cada dos meses, me dicen que he perdido el acento y cuando estoy en Sevilla me dicen que no soy de aquí. Pero sí, llevo once años afincado ya en Sevilla. Me trajo aquí el trabajo y además eché raíces familiares, y también colaboro con el Comité de Árbitros de la Federación Andaluza para ayudar a la gente joven que empieza. Yo ahora estoy colegiado por Andalucía y Alberto sigue en Vigo, después de ocho años en Barcelona.

Desde la distancia, ¿cómo se ve el balonmano de Vigo y su área en estos momentos?

Creo que ha perdido alguno de los referentes históricos, como era el Octavio, lo que es una pena, y con el Novás como único representante en Plata, ha perdido un poco de fuelle. A ver si el proyecto del Balonmano Reconquista consigue apoyos para salir adelante y volver a poner a Vigo en lo más alto. Cuando nosotros ascendimos a Asobal, en el 98, había cuatro equipos de la máxima categoría en un radio de veinte kilómetros: Teucro, Cangas, Chapela y Octavio. Desde entonces se ha perdido mucho potencial y es una pena.

¿En esos más de veinte años que lleva arbitrando ha visto muchos cambios en la Liga Asobal?

Sí. Es como todo. Nosotros hemos pitado en la mejor liga del mundo y a los mejores jugadores de su época, a Talant (Dujshebaev), a (Jackson) Richardson, Enric Masip, Barrufet… Todos los extranjeros querían venir a la Asobal porque era la competición más fuerte, por encima de la Bundesliga. Pero quizás también hubo un poco de burbuja económica y, una vez que se desinfló, el balonmano español se dio cuenta de que no había una estructura sólida detrás. Sólo había dinero, se invertía mucho en derechos de imagen y cuando llegó la crisis del ladrillo, se vino abajo. De hecho, en los Hispanos es verdad que ahora hay más jugadores que no son sólo del Barcelona, pero nuestras estrellas están jugando fuera y es difícil que vuelvan. Por otro lado, la situación actual ha dado la oportunidad a la cantera española de trabajar y estar en primera línea de competición. Y los resultados de las categorías inferiores también han acompañado. Hay que verlo como una oportunidad porque es verdad que ha bajado el nivel, pero se puede trabajar para que vuelva. Luego, el balonmano femenino, que hace veinte años era residual, ha conseguido un subcampeonato mundial por una polémica arbitral. Entonces hay que ver lo que hemos perdido y también lo que hemos ganado.

El balonmano femenino quizás ha tomado el relevo en el sur de Pontevedra, con el Porriño y el Guardés.

Totalmente. El Porriño en un papel más discreto, pero el Guardés no olvidemos que es campeón de liga, que no es moco de pavo. Por eso no gusta ver esas noticias preocupantes de que las instituciones no apoyan como deberían, de que Mecalia también se cansa de no tener respaldo… Es una pena. Deberían apoyarlo y no por ser femenino, que parece que está de moda, sino porque es deporte de alta competición.

¿El arbitraje es más difícil hoy?

En Asobal quizás es más complicado porque los jugadores no son tan buenos y te hacen picar más. Te hacen intervenir más y cuanto más intervienes, más posibilidades de fallo tienes. Pero también es verdad que en respeto se ha mejorado mucho y no tiene nada que ver con otros deportes, ni mucho menos. Por otra parte, para nosotros resulta más fácil porque las tecnologías te hacen trabajar mucho más y mejor. En menos de 24 horas ya hemos visto el partido que hemos arbitrado y estamos encima de los errores, visionándolos para que no vuelvan a ocurrir. Cuando nosotros empezamos en Asobal, llevábamos una cinta VHS en la bolsa para dársela al club y que nos hiciera el favor de grabarnos el partido. Esto ha cambiado una barbaridad y los jóvenes pueden beneficiarse de ello.

Galicia sigue siendo la mayor cantera española de árbitros nacionales, ¿a qué cree que se debe?

Cuando nosotros ascendimos, teníamos un montón de referentes gallegos en Asobal: Rodrigo Costas, Pablo Permuy, que es el presidente del Comité Nacional de Árbitros, Cristina Fernández Piñeiro, Santiago Calvo, Domínguez Lino… Podría nombrar un montón que fueron referentes nuestros y siempre se ha mantenido esa cantera en Galicia. El árbitro gallego, por genética, lo conocen como un árbitro honesto y con buen talante. Hay buena cantera y Alberto, desde la Federación, sigue trabajando en sacar cantidad porque de ahí saldrá la calidad.

En los dos años de carrera que le restan, ¿qué le gustaría hacer que todavía no haya hecho; hay algún partido que quiera dirigir?

Hemos pitado finales, Supercopas, el Torneo Internacional de España, hemos tenido experiencias internacionales como invitados, porque no hemos llegado a ser árbitros EHF... Y la verdad es que en este momento el partido que me apetece pitar es el siguiente. Y, sobre todo, dejar esa sensación de que si me he equivocado ha sido un error humano y de que soy un árbitro honrado y se puede hablar conmigo. Sin más. Honestidad y que confíen en ti. Que cuando un jugador te mire y tú le digas que no lo has visto se lo crea y que se vaya al banquillo tranquilo sabiendo que si vuelve a pasar y tú lo ves, lo vas a sancionar. Es lo mejor que te puedes llevar del arbitraje, esa sensación. Luego, pitar más o menos finales es igual de agradecido que pitar un partido alevín y que los niños aprendan a no dar cuatro pasos. n

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