Dadme un par de pivotes y moveré el mundo

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El Porriño ganó al Guardés en A Sangriña desde la línea de seis metros tanto en defensa como en ataque, con Prelchi liderando y Ferrarin frenando a un bloque local fallón

El 6.0 del Porriño, con capacidad para salir a Cacheda y Sancha cuando era preciso, fue su principal argumento en muchos momentos del partido.
El 6.0 del Porriño, con capacidad para salir a Cacheda y Sancha cuando era preciso, fue su principal argumento en muchos momentos del partido. | SPORTCOECO

Desde el corazón del juego, Carmen Prelchi -y Ekaterina Zukhova- llevó ayer al Porriño a las semifinales de División de Honor. Echando de menos a su pieza maestra en esa zona sobre los seis metros, María Palomo, se quedó el Guardés sin una de las tres competiciones en las que estaba inmerso.

Para quien disfruta del balonmano, la igualdad entre los dos rivales es un lujo. Cierto que embadurna el juego de pequeños detalles más o menos visibles. Pero también que lo adorna de una trascendencia en cada acción que exige al máximo a cada jugadora, a cada entrenador y, casi, a cada aficionado. El equipo que mejor conoce el Guardés es el Porriño. Y el equipo que mejor conoce el Porriño es el Guardés.

En ese equilibrio de conocimiento, y con un 25-25 de precedente, se sorprende poco y se juega mucho. Era esperado el 6.0 del Porriño, con Carmen Prelchi y Zukhova ejerciendo de espoleta de sus compañeras desde el centro. Y esa defensa marcó el arranque, pues tras los consabidos goles de tanteo para el 2-2, las ayer visitantes se fueron de hasta cuatro goles (2-6), con un parcial 0-5 incentivado desde el principio por el acierto de Isabela Ferrarín en portería y, al final, por la exclusión de Ania Ramos. En el reino de la igualdad, la gestión de las inferioridades es determinante.

Estaba cerca la mitad de la primera parte y la amenaza de que el duelo se rompiese era real. De hecho, Ana Seabra, entrenadora local, manejaba en sus manos la cartulina de solicitud de tiempo muerto. Pero se decidió por darle tiempo a su ataque, lo que se traduce en dar tiempo a Cecilia Cacheda. Apareció la dezana para romper la sequía local y para iniciar la remontada, ayudada por la primera exclusión visitante, muy protestada por el técnico porriñés, Isma Martínez. Y atrás, salió en portería Balzinc para beneficiarse de una defensa más activa de las guardesas, especialmente de las penúltimas. Así, del 2-6 se pasó al 7-7 en apenas 10 minutos.

Se llegó al equilibrio perfecto. Con exclusiones en los dos equipos y topándose con las maderas los dos. Y también los dos banquillos lucían riqueza táctica. El Guardés, en defensa. El Porriño, apuntando ya lo que en la segunda parte fue norma: el juego con dos pivotes, tanto con siete como con seis. Nada extraño en el libreto porriñés, pero perfeccionado casi hasta el milímetro.

Al descanso se fueron los dos con un 8-8. Pero el inicio de la segunda parte acabó marcando el duelo. Porque el Porriño mantuvo su gran inercia defensiva, coronada con una excelsa Ferrarin en portería, y le sumó una enorme capacidad resolutiva de sus pivotes en ataque, especialmente de una Carmen Prelchi en estado de gracia, dirigiendo la defensa y decidiendo sobre la línea del otro área, con Zukhova de inteligente lugarteniente. Se pasó el Guardés un cuarto de hora sin marcar (de 8-8 a 8-14) porque la habitual lucidez de Cacheda no aparecía. Y cuando había que terminar las acciones, la portera porriñesa se agigantaba. Para entonces, Ana Seabra ya había gastado un tiempo muerto y aún tuvo que tirar de otro (10-17, m.46). Entonces, la defensa 5.1 detuvo a las porriñesas y asomó una leve posibilidad de remontada. Emulando y mejorando la lograda por el propio Porriño el pasado miércoles en su pista.

El último intento

Había espíritu en la grada y del 10-17 se pasó a un 15-18 a falta de seis minutos que hacia que todo fuese posible aún. Fue entonces cuando Caro Bono, duda hasta el último momento en el Porriño y que hasta entonces se había centrado en la circulación y no en el disparo, anotó un gol que tranquilizó a las suyas. Espoleadas a continuación por la fiesta de una Ferrarín que acabó con todas las esperanzas del Guardés, ayer negado de cara a portería, como demuestran sus 15 goles finales. Del duelo de vecinos salió vencedor el del Louro, al que sólo le queda la liga y con el mérito de haberse sabido reinventar a mitad de curso; las del Baixo Miño tendrán que centrarse en la Copa de la Reina y en la final de la Copa Europea. Que no es poco.

Guardés-Porriño (15-20)

Mecalia Atlético Guardés (8+7):

Sabina Mínguez (p.), África Sempere (1), Jazmín Mendoza, Blakza Hauptman (1), Lorena Téllez (3), Cecilia Cacheda (3), María Palomo, Rosane Serrano, Elena Martínez (1), Cristina Cifuentes, Carme Castro, Nerea Gil, Ariana Portillo (3), María Sancha (2), Ania Ramos (1) y Amandine Balzinc (p.).

Balonmán Porriño (8+12):

Adriana Mallo (1), Ekaterina Zhukova (4), Carolina Bono (1), Juliana Nunes, Alicia Campo, Iria Augusto, Isabel Ferrarin (p.), Julia Figueira, Viktoria Zsembery (4), Bruna Dias (2), Ana Belén Palomino (p.), Aroa Fernández, Adriana Rial (2), Isis Moreno, Carmen Prelchi (6) y Ugazi Manterola.

Parciales:

2-2, 2-3, 3-6, 5-7, 7-8, 8-8 (descanso); 8-11, 8-12, 9-15, 12-18, 15-18, 15-20.

Árbitros:

Alberto Murillo y Pablo García. Amonestaron con tarjeta amarilla a la visitante Adriana Mallo y a la local Lorena Téllez y excluyeron con dos minutos a las locales Blakza Hauptman (2) y a las visitantes Bruna Dias (2), Ekaterina Zhukova y Adriana Mallo.

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