Vela | Memorial Cholo Armada
Los Tábara confirman el dominio coruñés
Fútbol | Segunda Federación
Cuando Antonio Vivaldi compusto en 1720 La primavera, cinco años más tarde incluida como primer movimiento de las celebérrimas Cuatro estaciones, pretendía evocar la renovación de la naturaleza y la alegría de la vida tras el invierno. A través de la música, el compositor italiano describió detalladamente un paisaje pastoral lleno de vida, incluyendo el canto de los pájaros, el murmullo de los arroyos, el susurro de la brisa, el ladrido de perros pastores y la danza festiva por la llegada del tiempo de las flores después de meses de oscuridad invernal. No pudo cumplir con estos preceptos el Coruxo ayer en O Vao. Al menos, no durante los 90 minutos que lo enfrentaron al Numancia en un duelo de candidatos al play-off de ascenso que terminó con un empate, con los dos fuera de la zona noble y con Javi Pereira y sus pupilos sin conocer la victoria durante un mes.
Quizás el enfoque de los futbolistas de verde era distinto al de Vivaldi. Puede que les guste más el clasicismo de Mozart o el romanticismo de Bethoveen. O tal vez, simplemente sucedió que, dejando de lado la música, el conjunto vigués vio la entrada de la nueva estación más desde el enfoque de la astenia primaveral que del renacimiento de la vida. Probablemente, como casi siempre, hubo un poco de todo. Porque es inequívoco que el colectivo de O Vao está pasando por un mal momento. Porque, si bien la hormiga trabajó duro en verano para tener víveres en invierno, al contrario que la cigarra, la escuadra coruxista lo hizo en invierno con una extraordinaria racha que lo catapultó desde la zona de descenso a la de play-off. Aunque, igual que en el ciclismo, todo esfuerzo se termina pagando. Salvo que seas Tadej Pogacar. Pero el Coruxo no es Tadej Pogacar. Solo existe un Tadej Pogacar.
Los problemas físicos han sido una constante en las últimas semanas. No solo para los futbolistas que son baja. También para los que juegan, que comienzan a notar la carga de minutos. Ayer, sin ir más lejos, Xavi Sola tuvo que entrar desde el banquillo por estar tocado de su rodilla derecha, tal como desvelaba el vendaje que lucía el máximo goleador del equipo verde en su articulación.
De esta forma, la escuadra que dirige Javi Pereira se vio superada de salida por la energía numantina. Tampoco como si fuera un vendaval que exige supervivencia. Pero sí lo suficiente como para que los de verde no encontrasen salidas. Para dar con su primer disparo hay que irse al minuto 43, cuando Añón lo probó con un derechazo cruzado. Para ese entonces, el Numancia había prolongado el invierno en O Vao pese a que en el cielo no había rastro de nube alguna. Buyla remató a la red un córner muy pasado, que el centrocampista visitante cabeceó en el segundo palo.
El paso por los vestuarios trajo la pequeña muestra de la primavera vivaldiana para los locales. Tras un susto inicial en forma de clara ocasión visitante, el Coruxo ajustó mucho mejor su presión sobre la salida de balón del Numancia. Esto deparó más recuperaciones, más posesión, en más ocasiones. La energía de Hugo Rodri y la finura de Guille Pinín fueron los violines eléctricos que el equipo vigués necesitaba. Desde ahí, la pieza avanzaba. Bien hacia el vértigo, con Gandarillas. Bien hacia la pausa, con Añón. De la mezcla de ambos factores surgió un equilibrio que hizo dominador al cuadro coruxista. Así hasta que, como una flor, brotó una jugada trenzada, bien llevada de derecha a izquierda y completada con un zurdazo de Xavi Cidre directo a la escuadra. Como el in crescendo de una sinfónica completado con el lucimiento del solista.
Quedaba tiempo de sobra y la orquesta viguesa estaba lanzada. El problema es que cuando no aprovechas los momentos de bonanza, puedes recordar lo que te pesan las piernes. El Coruxo tuvo un cabezazo arriba de Hugo Rodri, una cabalgada de Gandarillas hacia la portería cortada por Sanvi cuando el cántabro engatillaba y varios intentos de un Añón cada vez más agotado.
Era el momento de los cambios. Y aunque Xavi Sola lo intentó, se notaron sus limitaciones físicas en varias acciones. Más brío pudo dar Dani Rosas, pero sin llegar a concretar nada. La ola buena había pasado y todavía quedaban diez minutos largos para los vigueses. Muy largos. El Numancia se creció por la inercia del choque. Juancho, incombustible, dio muchos problemas a los centrales locales. Además, se inventó un tiro con el interior que pasó lamiento el palo de Ruiz Díaz. El portero argentino, no obstante, tuvo su cuota de protagonismo en ese mal momento final de su equipo. Blocó con seguridad varios tiros lejanos y estuvo providencial al cruzar su figura en la trayectoria del remate a bocajarro de Dani García. Fue la última acción del choque. Pudo ser mejor. Pudo ser peor. No llegó a ser astenia primaveral, pero tampoco el movimiento inicial de Las cuatro estaciones. Con todo, el Coruxo sigue con opciones de play-off y con mucha música que tocar todavía.
Coruxo: Ruiz Díaz; Nacho Fariña, Marchante, Álvaro Fernández (Juan Rodríguez, min. 74), Xavi Cidre; Carlos Alonso, Hugo Rodri (Pelayo, min. 85), Guille Pinín; Gandarillas (Dani Rosas, min. 80), Hugo Losada (Xavi Sola, min. 74) y Añón (Santos Fonterigo, min. 80).
Numancia: Iván; Marcos Sánchez, De Frutos, Sanvi, Fermín Ruiz; Moustapha, Cristian Delgado (Néstor Lucas, min. 64), Buyla (Peralta, min. 64); Álex Gil (Dani García, min. 72), Pablo Álvarez (Escardó, min. 72) y Juancho.
Goles: 0-1, min. 25: Buyla; 1-1, min. 53: Cidre.
Árbitro: Collado Fernández. Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores locales Álvaro Fernández y Santos Fonterigo y a los visitantes Escardó y Moustapha.
Incidencias: Partido disputado en el campo de O Vao.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Vela | Memorial Cholo Armada
Los Tábara confirman el dominio coruñés
Fútbol | Tercera Federación
El Alondras encaja su tercera derrota seguida
Fútbol | Tercera Federación
El Gran Peña iguala en A Illa con un hombre menos