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Borja Iglesias o una solución sin emplear
Fútbol
El Coruxo jugará la fase de ascenso a Primera Federación. Lo hará tras una temporada de gran nivel coronada con una última jornada redonda, con el mejor partido y mejor triunfo del curso en O Vao ante la Gimnástica Segoviana y con el favor del Fabril en Ávila. Fiesta playera.
Partiendo desde atrás, tenía el Coruxo una ventaja sobre la poderosa Gimnástica Segoviana: que partía desde atrás. Y en tal tesitura, la ilusión puede mucho más que el miedo y, sobre todo, la gestión emocional es mucho más sencilla. Dentro del drama añadido de una última jornada, el conjunto vigués podía jugar con un punto de tranquilidad que su rival, exigido toda la temporada por unas expectativas de poderío que se llevaron por delante dos entrenadores, no encontraba.
Claro que todo se iría en salvas si el marcador no acompañaba. Y tras un intercambio de ocasiones de inicio, el conjunto verde acertó a hilar una gran combinación por banda derecha que acabó en los pies del escurridizo Guille Pinín. El faso centrocampista o falso delantero, se llevó el balón hacia dentro del área y tuvo la calidad de levantar la cabeza y apreciar la aparición en esa zona del lateral con alma de llegador Xavi Cidre, que empujó a gol como pudo. Antes de un cuarto de hora, los vigueses lograban un tanto que, además, se veía acompañado por el resto de resultados para situarlos de forma momentánea en la fase de ascenso.
La Segoviana sintió temor y dejó de llegar tanto al área de Ruiz Díaz. Y el Coruxo se aprestó a gestionar. Con balón o, muchas veces, sin él. Tratando de que su poblado centro del campo le sirviese para asentarse y aplicando el sacrificio defensivo de todos sus componentes, con Xavi Sola cerrando por la banda izquierda, Gandarillas por la derecha y Pinín exigiendo en el primer pase del rival.
Mientras, las noticias de los otros campos seguían siendo buenas, con el gol del Fabril en Ávila. El Numancia ganaba desde casi el comienzo, pero eso no impedía esa quinta plaza provisional. Claro que restaba lo más complicado: tras el descenso, el Coruxo ya no partía desde atrás. Ya defendía un puesto de privilegio ante una Segoviana que se quedaba fuera. Un nuevo planteamiento emocional que había que gestionar.
Y se hizo. Porque la sensación de partido controlado por parte de los vigueses nunca desapareció. De hecho, el mayor peligro, mientras los locales empezaban a animarse a tener ocasiones, es que no había peligro. Y un empate de la Segoviana cambiaría todo. No hubo problema; hubo confianza. Que se consolidó cuando Xavi Sola hizo su décimo cuarto tanto de la temporada al rematar un centro del ubicuo Xavi Cidre -entre tocayos- nada más volver al campo tras recuperarse de un golpe cabeza con cabeza con Llorente.
El margen era de dos goles en O Vao y de otros tantos en Ávila, donde el Fabril aún marcaría dos dianas más. Era cuestión de dejar pasar los minutos. Que tuvieron lo suyo, con otro gol de Sola, un tanto de penalti de la Segoviana y 9 minutos de descuento. Pero pasaron. Y hubo fiesta en la playa.
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