Ana Alonso, una entrenadora viguesa a la orilla del Ganges

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Ejerce de seleccionadora de Bangladesh en el clasificatorio asiático tras llegar al país a inicios de septiembre y encontrarse un equipo amateur

La entrenadora viguesa comanda la concentración de la selección de Bangladesh y desde ayer disputa un torneo clasificatorio.
La entrenadora viguesa comanda la concentración de la selección de Bangladesh y desde ayer disputa un torneo clasificatorio. | Atlántico

Hay gente por todas partes", asegura Ana Alonso. No es para menos, se encuentra en el delta del río Ganges, en un país que es el más densamente poblado del mundo -exceptuando los microestados- y en una ciudad que “oficialmente, tiene 50 millones de personas, pero son 20 más porque esto es imposible de contabilizar”, añade la viguesa. Sí, se encuentra en Bangladesh y hasta allí llegó de la mano de su deporte de toda la vida: el balonmano. "Soy la seleccionadora del país. Pero hay que ponerlo en contexto porque el nivel balonmanístico aquí… Es más una experiencia vital que otra cosa", aclara.

La aventura tiene dos meses de vigencia y este pasado fin de semana comenzó en la parcela competitiva. El país monzónico, de crecidas y lluvias tropicales, "cambió el gobierno hace unos seis meses y quieren apostar por el deporte”. Así, llegó la búsqueda, con un margen de tres días, de una entrenadora europea. La opción llegó a Ana Alonso y levantó la mano a finales de agosto. "Tras decir que sí, tuve que hablar con mi club, el Carballal, y con la Federación Española, para la que también trabajo. Los dos me apoyaron y la Española me dijo que podía ir, pero regresar para el Europeo de diciembre”, explica la entrenadora.

De hecho, la propuesta era para hacerse cargo de la selección de Bangladesh desde el 1 de septiembre, pero tenía un ‘stage’ con la española y retrasó 11 días el viaje. Se encontró con un grupo de “35 jugadoras que están en una concentración permanente de tres meses” con el reto de preparar el torneo clasificatorio para el Campeonato de Asia, que se disputa desde ayer y hasta el jueves. ”Viajé sóla. Ellos ya tenían dos entrenadores. Las primeras sesiones las hicieron los de allí y pude comprobar el nivel de las jugadoras. A partir de ahí, realicé la planificación”, expresa la viguesa. Evidentemente, el nivel de las deportistas es "amateur. Hay que pensar que, en toda su vida, llevan las sesiones de entrenamiento que en España puede llevar un jugador alevín".

No obstante, el impacto deportivo apenas tiene comparación con la aventura personal y social. “En gran medida, me metí en esto porque sabía que iba a ser una experiencia de vida que, de otra forma, no podría experimentar”, describe Ana Alonso. De hecho, le preguntan mucho por si está bien pagado, pero indica que “creo que hubiera venido, incluso gratis. Lo hago por la aventura y tengo que decir que no negocié ni un euro de la propuesta inicial que me hicieron”. Las peticiones estuvieron en otra dirección y pasaron por "una habitación de hotel para mí sola y que me pagaran el seguro”. Antes de viajar, tocó ponerse la vacunas correspondientes y, una vez en Daca, llegó el impacto.

“Lo primero que hay que decir es que hay gente por todas partes. Es como estar en Navidad en el centro de Madrid, en Sol, pero en todos los rincones todo el tiempo”, relata Ana Alonso para ofrecer una visión de la cantidad de personas de la que está rodeada. Para moverse en el día a día, cuenta con un trabajador de la federación del país que “ejerce de seguridad y traductor”. Algo que es necesario porque vive una auténtica realidad inmersiva: "El pabellón se encuentra en la zona vieja de Daca y aquí no hay turismo. Los extranjeros están en la parte nueva, pero por donde me muevo, creo que no pasó ningún extranjero en años. Y claro, en medio de todos ellos, se nota que yo soy de fuera. Ir sola podía tener algo de riesgo”.

Pese a que se encuentra en una particular burbuja, la viguesa analiza el entorno en un país que “es muy pobre. Viví en Colombia, pero este es otro nivel de precariedad. Cada mañana voy a las seis en moto del hotel al pabellón. Tardamos tres minutos y te encuentras unas 1.000 personas viviendo en la calle”. Una realidad dura para un país en el que "como en otros muchos, la gente se trasladó del campo a la ciudad y está totalmente hacinada”.

En este capítulo social, Ana Alonso pudo visitar una de las fábricas textiles de un país "en el que se encuentran casi todas las multinacionales grandes. Estuve en una con 20.000 trabajadores… Es algo a lo que, de viajar como turista normal, no podría acceder”.

Por descontado, el contexto social es determinante en la selección que dirige. “Es un país de tradición musulmana y, por lo tanto, las mujeres tienen el papel de llevar la casa y criar los hijos”, expresa Ana Alonso. Por ello, disponer de más de una treintena de jugadoras concentradas durante un trimestre ya es algo fuera de lo habitual. “Las que están casadas tuvieron que convencer a sus maridos para que los hijos se quedaran con sus abuelas o suegras. Las que estudian tuvieron que obtener el visto bueno de la familia porque, en gran medida, el interés familiar está por encima del individual”. A ello se añade que las deportistas no entrenan habitualmente con su equipo. Se reúnen para jugar y poco más. "Al menos, de lo que sí me doy cuenta es de que las jugadoras están en la selección porque lo desean y pelearon por ello”, aclara la viguesa.

La realidad “La pobreza es extrema; camino al pabellón encuentro a 1.000 personas durmiendo en la calle”
La selección "Las jugadoras están en una concentración permanente de tres meses; con sus clubs apenas entrenan"
El viaje “Acepté porque es una experiencia vital; vivo en un hotel y no negocié ni un euro de su oferta inicial”

No es para menos, ya que experimentan un régimen de concentración absoluta en el que “entrenan seis días a la semana a doble sesión. Comen y duermen en el pabellón, que tiene instalaciones, y no salen a la calle. Para ellas también es duro”, explica la entrenadora viguesa, que afronta el torneo de esta semana con un grupo de unas veinte deportistas y ”con expectativas altas, de ganar bastantes partidos”.

Todo ello dentro de que la preparación resultó peculiar y lejos del trabajo habitual de Ana Alonso. En la selección española, ejerce de analista de vídeo, pero en su nueva realidad, “es imposible. Voy a ciegas”. Sus rivales son India, Afganistán, Maldivas y Nepal, pero su propio equipo lleva tres años sin competir. “Por lo tanto, ver un vídeo de hace tres años de Nepal… Me sirve de poco”, expresa la canterana del Carballal. Por supuesto, poder jugar un amistoso es toda una quimera pero la viguesa matiza que "la federación es ambiciosa, aunque también sabe que tiene mucho trabajo por delante. Vamos a intentar hacerlo lo mejor posible, pero si después nos encontramos una selección mejor, no se pueden hacer milagros”.

Preparar al grupo también resultó particular, con unas seis semanas de entrenamientos antes del torneo: “Me centré en la mejora individual, que es como más podían progresar”. En cierto modo, Ana Alonso tuvo que simplificar el catálogo táctico y ese balonmano "en el que la jugadora tiene que pensar y tomar decisiones, que es lo que proponemos en Europa. Por momentos, me desesperaba un poco". Eso sí, valora a sus deportistas, que "ponen toda la voluntad para aprender”.

Ana Alonso se encuentra a más de 10.000 kilómetros de Vigo, en un país pobre y socialmente diferente a Europa occidental. Dentro de ello, siempre hay alguna similitud con el origen: “Por lo que pude ver fuera de la ciudad, todo es muy verde, como Galicia”. E, incluso, “hice una visita a una zona rural del río y allí la gente se dedica a la pesca. Eso sí, en barcas pequeñas y tradicionales”, relata Ana Alonso. Un pequeño nexo de unión en una realidad absolutamente diferente a su día a día. “Tras el torneo, me quedo dos semanas más para hacer una formación con todos los entrenadores del país”, describe la viguesa y "aunque ya me ofrecieron seguir más adelante, no tengo la idea de continuar con la selección". La entrenadora pone fecha de finalización a su aventura en los dos meses establecidos, aunque quién sabe lo que deparará el futuro. A 27 de agosto, si alguien le hubiese dicho que iba a entrenar a Bangladesh… lo tomaría por loco.

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