Cuando el alto nivel es más pasión que profesión

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Un grupo de nueve deportistas del área de Vigo entre 23 y 29 años practican deporte de exigencia y lo combinan con estudios y trabajo en otras actividades

El alto nivel es más pasión que profesión

El año 2000 olía a modernidad, a cambio de milenio, a variar muchas cosas. Pasado algo más de un cuarto de siglo, las deportistas que nacieron entorno a ese año están en el que debería ser el mejor momento físico, entre los 23 y los 30 años. Es lo que indica la lógica, pero la realidad es que la mujer en el deporte todavía tiene muchos obstáculos para encontrar una dedicación plena. Mejoró la situación en estas más de dos décadas, pero el amateurismo, salvo contadas excepciones, es la norma. Para mantenerse en el primer nivel, las mujeres hacen enormes esfuerzos personales, especialmente en la vida privada. Y es precisamente la actividad deportiva, su pasión, la que se convierta en actividad social, de disfrute.

La redondelana María Figueroa, de 23 años e integrante de As Celtas, sí que vive una realidad muy distinta a la existente en el 2000, cuando el fútbol practicado por mujeres en Vigo estaba lejos de ver un profesionalismo. “Houbo un troco moi grande nos últimos anos. Estase avanzando moito e cada día temos máis repercusión”, explica. Además, añade que “a chegada do Celta foi chave para nós. Estamos nun club profesional e quero dedicarme ó futbol todo o tempo que poida e chegar á maxima categoría posible”, asegura la jugadora. Eso sí, tiene claro que “teño que estudar e estou niso. Compaxino con dietética e nutrición e o curso é online. Así, o meu día é levantarme, estudar, ir ó ximnasio, volver a estudiar, comer e ir ó adestramento”.

La situación de las mujeres en el fútbol mejoró mucho. Quiero llegar lo más arriba posible” — María Figueroa - As Celtas (fútbol), 23 años
Hai distancias co masculino. É preciso que as rapazas sintan que xogar pode ser unha opción laboral” — Carmen Prelchi - Balonmán Porriño, 26 años

Una situación similar a la de Carmen Prelchi, que tuvo la opción de ser profesional a lo largo de su carrera y, a los 26 años, compagina el balonmano con los cuidados a familiares, una de las obligaciones que muchas veces tienen que asumir las mujeres desde hace siglos y que se mantiene. “Os meus avós son dependentes. Levántome e vou tomarlles as constantes, ver como pasaron a noite e asealos”, explica la jugadora del Balonmán Porriño de División de Honor. A partir de ahí, “se teño adestramento, vou á sesión e, se non, continuo coas tarefas e levo a miña avoa ó centro de día”. Tras la hora de comer, comienza su faceta profesional más próxima al deporte porque “como fisioterapeuta, levo a readaptación das xogadoras do club lesionadas e, ó rematar, chega a miña sesión con vídeo ou ximnasio e o adestramento de pista de unha hora e media ou dúas”. Un presente estresante para la viguesa. Con su experiecia y sus vivencias, expresa que “aínda hai distancia entre o balonmán masculino e feminino. No número de licenzas haina sustancial. É preciso que as rapazas continúen xogando ó balonmán despois da adolescencia. Nese chanzo nótase moito e, a partir de aí, que poida ser unha opción laboral de futuro para que as mulleres sintan que poden dedicarse ó balonmán. Tamén sinto que hai diferenzas en todo o existente ó redor do equipo. Dende o número de integrantes dos corpos técnicos á profesionalización dos mesmos. Moitos o compaxinan con outros empregos e, para ser unha liga competitiva, necesitamos que os adestradores poidan ter unhas boas condicións”. Y, ya en el ámbito particular, admite que, a nivel social, todavía la gente “sorpréndese cando explicas que eres profesional do balonmán. Non sabe que pode existir esa opción”.

Estamos en un deporte minoritario y es difícil que las chicas se animen a venir hasta Vigo” — Oara Bautista - Traviesas Hóckey, 29 años
"Trabajo y, al salir, voy a entrenar. En los ratos libres, intento avanzar con el máster" — Olaia Becerril - Atletismo (longitud), 24 años

Ejemplos aislados con un grado de profesionalismo porque lo habitual es no serlo en la mayor parte de deportes, especialmente en los minoritarios o en los individuales. Dos casos son los de las atletas Olaia Becerril, de 24 años, y Uxía Paz, de 25. Ambas trabajan y, al terminar sus estudios, acuden a las pistas de Balaídos. “No hay mucha más opción porque tiene los horarios que tiene”, explica la especialista en longitud Becerril. En su caso, pudo cursar los estudios universitarios en Estados Unidos con una beca deportiva y ahora “trabajo en Bimba y Lola, entreno por la tarde y, cuando puedo, estudio el máster". Su compañera Uxía Paz tiene más desplazamientos porque “trabajo en O Porriño y me desplazo hasta allí. Después, vuelvo para entrenar". Una día a día estresante y admite que “en función del año o de la generación, puede haber más hombres que mujeres, pero el número es bastante equitativo. Para ser profesional es complicado, tienes que tener un nivel muy alto". Es decir, estar entre las diez mejores en un Campeonato de España no es suficiente. Al menos, Olaia Becerril indica que “siempre presumo que tengo un deporte bastante igualitario y, a diferencia de otras modalidades como el fútbol, nunca se dice atletismo femenino, como sí siempre lo de fútbol femenino. En términos económicos, un deportista de masculino y una femenina tienen el mismo premio dentro de un evento. También a nivel de patrocinios o de visibilidad, nunca sentí que hubiera diferencias”.

Oara Bautista, Marta Ureña, Carmen Prelchi, Marina Groba, María Figueroa, Olaia Becerril, Uxía Paz, Laura Rúa y Andrea Amarilla, en la arena de Samil.
Oara Bautista, Marta Ureña, Carmen Prelchi, Marina Groba, María Figueroa, Olaia Becerril, Uxía Paz, Laura Rúa y Andrea Amarilla, en la arena de Samil. | Jorge Santomé

Oara Bautista y Marta Ureña, ambas de 29 años, juegan en el Hóckey Traviesas, que milita en la OK Plata Femenina. Ureña señala que “incluso las jugadoras de máxima categoría no son totalmente profesionales. Hay casos, pero no todas pueden hacerlo. Los hombres, algo más, pero no siempre pueden vivir de ello”. En ambos casos, tienen un día a día absolutamente amateur y Oara expresa que “trabajo todo el día y, después, voy a entrenar. También estoy con las oposiciones a bombera. En el deporte, noto que muchas jugadoras lo dejan porque, si quieres estar a un nivel alto, es complicado de compaginar con la vida personal y laboral”. Algo de lo que da fe su compañera Marta Ureña, que añora “tener más tiempo para estar con los amigos o la familia. O, simplemente, quedarte una tarde en casa a ver una película o una serie”.

Dedicó más tiempo al hóckey que a actividades como estar con los amigos o la familia” — Marta Ureña - Traviesas hóckey, 29 años
Sempre tiven claro que, polos estudos e a miña vida, non ía dedicarme de xeito profesional ó deporte" — Marina Groba - Bembrive fútbol sala, 23 años

La joven del grupo es Marina Groba, de 23 años, y es otro caso en el que realiza un auténtico encaje para poder mantenerse en el Bembrive de fútbol sala, que milita en la Segunda División de fútbol sala y el pasado curso acarició el ascenso. “Vivo en Santiago porque estudo Mediciña. Veño os días de adestramento a Vigo pola noite, durmo na casa dos meus pais e regreso a Santiago á primeira hora para ir ás clases. É un pouco estresante”, describe sobre su día a día. Un ritmo realmente ajetreado y, en su caso, sin la idea de ser profesional, debido a que “nunca pensei en ser profesional de fútbol sala porque polo que eu estudo, polo que quero ser e traballar, non é posible. Pero sei que é algo que cada vez está máis próximo. O homes levan a dianteira, pero tampouco hai tanta distancia como noutros deportes maioritarios. Eles tampouco teñen unhas condicións tan, tan boas”.

La mitad del día es para el trabajo como fisio y la otra mitad, en el pabellón como coordinadora" — Laura Rúa - Balonmano Carballal, 28 años
Salgo a las 6:00 de casa. Trabajo, entreno y a la noche hago la cena y la comida del día siguiente" — Andrea Amarilla - Balonmano Carballal, 27 años

Un ritmo de vida extenuante que también comparten las jugadoras del Carballal Laura Rúa (28 años) y Andrea Amarilla (27). Militan en la División de Honor Oro, segunda categoría en España. Un peldaño mayoritariamente amateur cuando, en el mismo nivel en hombres, la práctica totalidad de jugadores son profesionales. La primera de ellas no encontró el ámbito laboral como jugadora y, actualmente, “estoy a media jornada en la faceta profesional de fisioterapeuta en un centro para personas con discapacidad y otra media en el club porque coordino las distintas categorías y llevo los equipos cadete y juvenil. Así, encadeno un lugar con otro para salir a la noche tarde del pabellón tras completar mi sesión de entrenamiento". Por su parte, Andrea Amarilla pierde horas de sueño debido al balonmano: “Me levanto a las seis de la mañana. Trabajo, voy a casa, si me da tiempo meriendo algo y voy a entrenar. Regreso a casa y preparo la cena y la comida del día siguiente. Así es mi vida. Y el fin de semana, tengo entrenamientos míos y entreno al equipo cadete del club”. Un día a día de gran ritmo, pero que desea mantener la deportista “hasta que el cuerpo aguante”. En su caso, estuvo cerca del profesionalismo en su etapa en el Porriño. “No se dio, pero pude jugar en División de Honor y es algo que queda ahí en mi carrera. Es una satisfacción”. Se da la circunstancia de que la jugadora comenzó en el balonmano en Paraguay, su país natal, y continuó en él en Galicia. Se mudó de niña y en un núcleo familiar apasionado por este deporte porque sus dos hermanas también juegan.

El atletismo puede variar en función del año, pero se animan tanto las niñas como los niños” — Uxía Paz - Atleta (triple salto), 25 años

Es la realidad de la mujer en el deporte, incluso en el alto nivel y en los mejores años para sacar rendimiento a la actividad. El profesionalismo es una excepción, algo para muy pocas elegidas y en ciertas disciplinas. Otras muchas, entrenan diariamente con pasión entre estudios o trabajo para mantener el rendimiento y tratar de cumplir los objetivos personales y grupales que, muchas veces, son auténticos sueños de vida. La vida personal, los hobbies o la socialización va de la mano de los balones, las zapatillas de clavos o los sticks.

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