Adiós al único Pichichi del Celta

El vigués Manuel Fernández 'Pahíño', séptimo máximo goleador en la historia de la Liga, falleció ayer a los 89 años

El Celta perdió ayer al único Pichichi de su historia en Primera División. El vigués Manuel Fernández Fernández 'Pahíño' falleció a los 89 años de edad en Madrid, ciudad en la que residió el último cuarto de siglo de su vida. Se fue una leyenda del fútbol vigués, gallego y español. Séptimo máximo goleador de la historia de la Liga merced a los 210 tantos que celebró con las camisetas del Celta, el Real Madrid y el Deportivo. Un mito que luchó en el campo contra los defensas rivales y fuera de él contra la cruda realidad de la Posguerra española.

borja barreira. vigo
Publicado: 13 jun 2012 - 08:00 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:44
Pahíño, con las camisetas del Celta (i.), el Real Madrid (arriba dcha.) y la selección española (debajo dcha.). (Foto: RCCV)
Pahíño, con las camisetas del Celta (i.), el Real Madrid (arriba dcha.) y la selección española (debajo dcha.). (Foto: RCCV)

Manuel Fernández nació el 21 de enero de 1923 en la parroquia viguesa de San Paio de Navia y allí dio sus primeras patadas a un balón. En la calle, como cualquier niño de la época, en las playas de la ciudad que le vio crecer. El Navia CF fue su primer equipo, después de la Guerra Civil, y de ahí pasó al Arenas de Alcabre. Destacaba Pahíño, su apodo futbolístico, en los campos de Galicia y el Celta le echó el guante en 1943.

Debutó en Primera con 20 años y en su estreno saboreó la amargura del descenso. Pero no tardó en regresar, para quedarse, a la máxima categoría. Fue pieza básica del equipo que logró el ascenso en la campaña 1944/45. Jugó 22 encuentros y marcó 14 goles, el último en la promoción de ascenso a partido único que enfrentó al Celta y al Granada, con victoria final por 4-1 para los vigueses, que de esta forma recuperaron su lugar en la máxima categoría.

A partir de ahí, Pahíño inició una serie nunca igualada de once temporadas consecutivas marcando 14 goles o más en Primera División. Tres de ellas con la camiseta del Celta, que abandonó en 1948 después de haber jugado 104 partidos y marcado 70 goles.

En su última campaña ?1947/48?, el equipo vigués llegó a su primera final de Copa del Rey ?perdida 4-1 ante el Sevilla? y se clasificó en una histórica cuarta posición en Liga. Además, Pahíño conquistó, merced a sus 23 goles, su primer trofeo Pichichi y el único logrado jamás por un jugador del Celta en la máxima categoría. Entre sus excelsas actuaciones, cabe destacar los dos goles que firmó en la goleada del Celta en campo del Real Madrid (1-4). Y el Madrid fue, precisamente, su siguiente destino.

Llegó a Chamartín junto a su compañero en el Celta Miguel Muñoz, quien hoy en día es recordado como el mejor entrenador de la historia del conjunto blanco, y vistió de blanco durante cinco campañas en las que disputó 124 partidos y marcó 108 goles, conquistando su segundo Pichichi en la temporada 1951/52, en la que alcanzó su tope realizador con 28 dianas en Liga.

La llegada de un tal Alfredo di Stéfano y sus negociaciones fallidas con Santiago Bernabéu pusieron punto final a la etapa de Pahíño en el Real Madrid. Volvió a Galicia, pero no a Vigo, sino a Coruña para defender la zamarra del Deportivo durante tres temporadas. Allí mantuvo su idilio con el gol y el Celta lo sufrió en sus carnes. Cuatro goles recibió una tarde de su ex jugador. 'Me pusieron a caer de un burro. Pero era la profesión... y el cocido', diría años más tarde un Pahíño enamorado por igual de las zamarras celeste, merengue y blanquiazul.

El ejercicio 1955/56 fue el último que jugó en la élite. En total, 278 partidos en Primera y 210 goles, que le sitúan, hoy en día, como el séptimo máximo realizador de la historia de la Liga. Por delante, figuras de su misma talla: Zarra (251), Hugo Sánchez (234), Raúl (228), Di Stéfano (227), César (226) y Quini (218).

No fue Coruña, sin embargo, su última parada futbolística. 'Ya me había retirado. Estaba en San Pelayo (de Navia) y vino un dirigente del Granada a por mí. Fue la temporada en la que gané más dinero: creo recordar que 350.000 pesetas, aparte sueldos y primas. Y eso que era Segunda. Ascendimos', recordaba el propio Pahíño en declaraciones a este diario a finales de 1998, con motivo de su 75 aniversario. No pudo disfrutar del citado ascenso en el campo. Era Pahíño un hombre con una fuerte personalidad y una 'caricia' a un defensa rival le costó una fuerte sanción de 'una cuadrilla de Madrid'. Doce partidos, nada menos.

Celta, Real Madrid, Deportivo y Granada. Cuatro camisetas a las que hay que unir una quinta, la de la selección española, que defendió sólo en tres ocasiones por razones que nada tienen que ver con sus indudables méritos balompédicos. Tenía Pahíño una costumbre poco habitual entre los futbolistas de ayer y de hoy, la lectura. Entre sus escritores de cabecera destacaban, entre otros, Dostoievski y Tolstoi, sobrada razón para ser mal visto y tachado de 'rojo' en aquellos años suyos de futbolista en los que el fascismo teñía de gris España. Hasta tal punto que una agresión del merengue Pahíño al barcelonista Biosca dio pie a un cronista de 'Arriba', el diario por aquel entonces más influyente, para escribir lo siguiente: '¿Qué se puede esperar de un individuo que lee a Tolstoi y Dostoievski?'.

A todo esto hay que unir lo acaecido en su debut, ante Suiza en 1948. El general Zamalloa, que tenía un cargo en la Federación Española de Fútbol, arengó a los internacionales antes del encuentro. 'Y ya sabéis: cojones y españolía', espetó en un momento dado el militar fascista. Pahíño no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa que Zamalloa no perdonó. Marcó el delantero vigués en su estreno internacional ?que acabó 3-3? y disputó 20 minutos poco después ante Bélgica. No volvió a defender la camiseta de España hasta 1955, cuando marcó los dos tantos de La Roja en un partido ante Irlanda (2-2) en Dublín. Más allá de su complicada relación con la selección y, sobre todo, los dirigentes federativos de la época, Pahíño dejó, a base de goles, una profunda huella en el mundo del fútbol.

Desde su retirada, en 1957, pasó prácticamente 30 años viviendo en San Sebastián, donde fue armador de barcos junto a su suegro. Y los últimos 25 de su vida los pasó en Madrid, residiendo muy cerca del Santiago Bernabéu. Nunca quiso entrenar, pese a que recibió propuestas para ello. Prefirió seguir el fútbol como mero aficionado y, a ser posible, desde el salón de su casa. 'No me gustan las multitudes. Disfruto más sentado, solo, delante de la tele. Veo una media de seis partidos semanales', apuntaba a Atlántico años atrás.

Nunca olvidó Vigo. Aquí venía todos los veranos. Entonces, volvía a pisar la arena de las playas en las que, de niño, tantas veces pateó el balón. Tampoco Vigo le olvidó a él. Nunca lo hará. Desde 2010, el nuevo barrio de Navia tiene un campo de fútbol que lleva su nombre: Manuel Fernández 'Pahíño'. Él mismo vino a inaugurarlo, él dio el saque de honor previo a un encuentro entre los veteranos del Celta y el Deportivo de A Coruña, los dos principales equipos gallegos, ambos orgullosos de contar con este fenomenal goleador en los anales de su historia.

Hoy, será incinerado en Madrid. Sus amigos y familiares darán un último adiós a una leyenda del fútbol, a un goleador de izquierdas que nunca olvidó que, fuera del terreno de juego, había otro mundo mucho más complejo que aquel en el que se ganó la vida desde 1943, cuando el Celta lo fichó del Arenas de Alcabre, hasta 1957, cuando marcó los últimos goles de muchos con la camiseta del Granada.

Manuel Fernández recordó en Atlántico, al cumplir 75 años, sus años de jugador y los desencuentros que le apartaron de la selección

'Fui polémico, iba con la verdad por delante'

En 1998, poco después de cumplir 75 años, Manuel Fernández 'Pahíño' dejó en Atlántico frases para el recuerdo. De su conversación con el periodista David Faro nacieron sentencias sinceras como las que, según él, marcaron su trayectoria vital. 'Fui polémico porque iba con la verdad por delante. Se las cantaba al lucero del alba', afirmó.

El fútbol disfrutaba del 'boom' económico a finales de los años noventa. 'Ah, qué pena no tener 24 años. ¡Con lo que ganan ahora...!, señalaba entonces un Pahíño, que recalcaba que en su época de corto las condiciones eran mucho menos favorables. 'Antes los jugadores eran esclavos y, si firmabas por un club, firmabas para toda la vida... para toda la vida siempre que a ese club le interesase, claro', apuntaba el delantero de Navia, quien no dudó en varias ocasiones a lo largo de su carrera en solicitar un aumento en sus emolumentos. Lo hizo en el Celta y también en el Real Madrid, que abandonó cuando Santiago Bernabéu no aceptó firmarle un contrato por varios años, norma para el recordado presidente merengue cuando los futbolistas de su club sobrepasaban la treintena.

Pero, seguramente, las polémicas más agrias de su carrera las vivió Pahíño en la selección nacional, que defendió en sólo tres ocasiones por razones casi siempre ajenas a sus méritos futbolísticos. Entre las anéctodas que recordaba Pahíño está la vivida en su segundo partido con La Roja, cuando supo que no sería titular y protestó a su manera durante un entrenamiento. 'Me puse a hacer el loco, y sin disimular lo más mínimo: cuando me llegaba la pelota, abría las piernas o levantaba la bota. Fue cuando supe que no iba a jugar ante Bélgica. El partido era en Barcelona y los catalanes empezaron a hacer presión para que jugara César y no yo. Ahora hablan mucho de Pujol, pero de aquella ya había concesiones a los catalanes. Había que calmarlos', relató.

Un año más tarde, Pahíño se quedó fuera de la convocatoria para el Mundial de 1950, en el que España firmó un histórico cuarto puesto, su mejor clasificación hasta Sudáfrica 2010, cuando La Roja se proclamó campeona. 'De arietes, íbamos a ir Zarra y yo. Pero me hicieron la cama en la Federación. El seleccionador, Benito Díaz, era de San Sebastián y barría para casa', aseguraba el atacante vigués, que nunca fue bien visto por los dirigentes federativos por su ideología abiertamente antifascista.

Su tercera y última experiencia internacional tampoco estuvo exenta de polémica. Fue citado, en 1955, para participar en un doble duelo en las islas británicas. Jugó el primer partido y marcó los dos goles de España ante Irlanda en Dublín (2-2), pero se negó a disputar el segundo, ante Inglaterra en Wembley, saliendo desde el banquillo. 'Cuando quisieron darme la camiseta, no la quise. Les dije que se la quedaran ellos', recordaba. 'Las camarillas...', añadió.

'La ambición por el gol'

Su fuerte personalidad, en cambio, era también una de las grandes virtudes de un delantero con fe ciega en sus posibilidades, en su capacidad para hacer gol prácticamente desde cualquier lugar, tal y como él mismo apuntaba. 'Mi secreto era estar siempre con los ojos abiertos. Siempre he tenido una ampbición particular ante el gol, aunque yo creo que no es una ambición, fuerzo el tiro desde cualquier ángulo y en la postura más difícil. Ésta siempre ha sido mi virtud', reconoció Pahíño en unas declaraciones al diario 'Marca' a principio de los años cincuenta, después de haber conquistado su segundo Trofeo Pichichi. 210 goles en Primera dan fe de su capacidad realizadora de un hombre único.

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